25.9.08


El Espíritu Santo, Cumbre de la Mística
Ficha Nº 05
Ponente: Elena Briceño



¿Qué es la Mística Cristiana?
“ Es la motivación y referencia explicita a Jesús, a su Evangelio y a la justicia de su Reino. (Es una respuesta amorosa al llamado de Dios)



¿Por qué la Mística Cristiana tiene un sentido más hondo que cualquier otra mística? Porque transforma y mejora cualitativamente el ideal y el compromiso por un “amor mayor”. Y al venir de Dios y su Palabra, la calidad de la entrega tiene una calidad “religiosa” absolutamente especial y radical, que llamamos “espiritualidad”. Esto es lo que llamamos: Una vida conducida por el Espíritu Santo.” (Segundo Galilea)  (Continúa donde dice: "Más información"...)


Desde el Carmelo, salen a la palestra dos grandes personajes cristianos, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, que dejan huellas profundas en la espiritualidad por representar el A B C del misticismo. Sus voces no tienen limite, en nuestro aquí y ahora seguimos sus enseñanzas para llegar al culmen de la vida de oración.


La mística carmelitana con sus carismas nos enseña el fundamento de la espiritualidad del Carmelo: Oración contemplativa: Vida de oración, oración de vida. El fruto de la oración es “el servicio”; vivir en donación a Dios. “A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición” (D59, San Juan de la Cruz)


“Para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced.”(4M1,7 Santa Teresa de Jesús)


La acción del Espíritu Santo domina el mundo. La verdadera historia de la Iglesia es la de Pentecostés, continuada en las almas.


Día y noche por encima de nuestras agitaciones humanas, la indivisible Trinidad esta inclinada sobre nuestras almas para divinizarlas. Esta es una obra de sabiduría, de poder y de amor, cuyo Artífice principal sigue siendo el Espíritu Santo. La Iglesia de Cristo es la humilde servidora de la Divina Trinidad. Animada por el Espíritu mismo, trabaja con su Maestro para “reunir en la unidad a todos los hijos de Dios que están dispersos".


En nuestra propia existencia, es preciso verlo todo en dimensión de Iglesia. Estamos vinculados en Cristo a todos como miembros vivos de un mismo cuerpo místico, no formando más que uno con El y en El, llamados a construir un solo pueblo de Dios. Un mismo Espíritu anima a la Trinidad y a la Iglesia: une al Padre y al Hijo en la unidad de una misma beatitud divina.


El soplo multiforme del Espíritu se adapta a todos los tiempos y a todos los lugares, a todos los estados de vida, a todos los grados de cultura y civilización. La infinita variedad de las obras divinas brota de un mismo espíritu de amor. Unidad dentro de la diversidad. Buscar puntos de encuentro y no de desencuentros…


Mística Cristiana: Recorrer el camino de perfección cristiana = CONVERSIÒN = MADUREZ. Es ir creciendo en el conocimiento de Dios y, su santa voluntad en nuestra vida. ¿Cuál es el propósito en mi vida? El hombre es un ser que se interroga, es un misterio por descubrir; desde la antropología cristiana surgen interrogantes que sólo a través de la fe pueden ser satisfechos. Dios es Misterio…


El Espíritu Santo en la vida espiritual
Es el Espíritu Santo la realidad más misteriosa de la Iglesia. La revelación del Espíritu aparece como la obra maestra de la pedagogía divina, porque abarca toda la dimensión humana y sobrenatural del ser… Solamente al final de una lenta explicación, los datos bíblicos primitivos acerca del “ruah” de Yahvé, (aliento de Dios) nos darán, por la venida del Verbo mismo, el secreto de la Personalidad divina del Espíritu Santo. “Dios es una fuerza transformadora, metida en las entrañas del hombre” (Sto. Tomas de Aquino)


El cambio es procesual…Hay procesos humanos, religiosos, psicológicos, culturales etc. Somos un todo, somos perfectibles por gracia del Espíritu de Dios, que nos capacita para evolucionar y llegar a la cima del Monte Carmelo donde se honra a Dios…Estos procesos hacen referencia directa a la psicología mística.


La Mística como arte
Siguiendo a los maestros católicos, resaltare algunas cualidades de la mística, comparándola con las artes o ciencias humanas:
1-: Cualquier otra ciencia o arte primero se estudia y luego se ejerce. La mística, por el contrario, hay que vivirla y saborearla para luego entenderla. Nadie puede decir que conoce la vivencia mística, por mucho que haya leído si antes no la ha gustado.
2-: Las otras ciencias son explicadas por maestros y doctores. Pero la mística es enseñada por Dios.
3-: Las otras ciencias nos dejan vacíos y fríos. Sólo ésta sacia nuestra sed de amor y felicidad. Porque es el Espíritu Santo mismo quien establece su cátedra en nuestro corazón y nos revela tales maravillas que son mas para gustarlas que para decirlas.El paso decisivo a la contemplación consiste en acostumbrarnos a escuchar la voz de Dios. Esa voz no se escucha en la agitación del mundo, sino en el silencio y la paz de la oración prolongada.


Si estamos en “emergencias” siempre, no podemos ver lo esencial…
Martha y Maria.
Martha: En emergencia-dispersa. Maria: Sentada a los pies del Maestro-en lo esencial. Su casa “sosegada, “bodega interior”. Alcanzó la contemplación. Martha se afana por lo que necesita el cuerpo. Maria por lo que necesita el espíritu, ha elegido la mejor parte…Son hermanas y se complementan, debe existir un santo equilibrio. ¿Cuánto hay de Martha y de Maria dentro de mí?


Vocación a la Mística (Apertura al influjo y acción del Espíritu Santo)
Todo cristiano esta llamado a la mística. Esta es la gran enseñanza de San Juan de la Cruz y Santa Teresa y casi todos los grandes contemplativos. La vida mística debería ser como el culmen de la vida cristiana, la cumbre a la que todos deberíamos aspirar. Es el triunfo del amor de Dios. La vida cristiana, sin el influjo poderoso del Espíritu Santo, es lánguida y enfermiza. ¿Cuál es mi vocación y misión dentro de la Iglesia?


En una división logística y tradicional de la vida espiritual encontramos “tres vías.”
En la primera el alma sigue al Espíritu Santo. (Vía “purgativa” principiantes-meditación.
En la segunda el alma vive con el Espíritu Santo. (Vía “iluminativa” aprovechados-encuentro de amor)
En la tercera es ya el Espíritu Santo sólo quien vive como dueño del alma. (Vía “Unitiva”-unión plena, Matrimonio Espiritual, alta contemplación). Estado Beatífico-aspiración gloriosa.
La primera es propia del alma penitente.
La segunda, del alma devota.
La tercera, del alma enamorada de Dios.
Nadie esta excluido de este amor de Dios. A medida que vamos convirtiéndonos en orantes, y profundizando; avanzamos con la gracia de Dios hacia el conocimiento del Espíritu Santo elevándonos hasta el último grado de oración perfecta, propósito y fin de la espiritualidad y mística.


El Espíritu Santo es la fuente de la santidad. El Espíritu Santo al igual que el aire, sopla donde quiere y como quiere: “El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”. Juan 3, 8
“La oración es nuestro gran tesoro. Es el más grande de todos los bienes, el fin de todos los males y el fundamento y raíz de todas las virtudes.”.


Como dice Edith Stein: “Toda oración auténtica es oración de la Iglesia, y es la Iglesia misma la que ahí ora, porque es el Espíritu Santo el que vive en ella el que, en cada alma, “intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26) Precisamente esto es la oración “auténtica” pues “nadie puede decir Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo” (1Cor 12,3).


¿Qué sería la oración de la Iglesia, si no fuera la entrega de los grandes amadores a Dios, que es el Amor? La ilimitada entrega de amor a Dios y la donación de Dios a nosotros, la unión completa y duradera, es la suprema elevación del corazón que nos es posible alcanzar, el supremo grado de oración”, con el auxilio del Espíritu Santo. “Sólo quien ha tocado los abismos más profundos, escala las alturas de la vida.”


Esta santa judía, convertida al catolicismo, fue la buscadora de la verdad a través de la oración, pasó de la filosofía a la fe de la mano del Espíritu Santo.


Comenzar el camino de oración es el “entrar” al castillo interior llevado de la mano del Rey de las Moradas (1M 1,4)


De la Oración a la acción, porque una fe sin obras es una fe muerta y, obras sin amor es vanidad de vanidades. El Señor quiere frutos y frutos en abundancia. “Obras, quiere el Señor”, decía Santa Teresa en 5 M 3,11.


La oración es lugar de encuentro con el Amado, no es hacer algo, es estar con Alguien, traerlo al corazón. “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama” (V 8,5 Santa Teresa)


Llegamos a la oración llenos de infidelidades, de miserias, de apatías, de presiones, deprimidos, agobiados, desesperanzados, y muchas cosas más que envuelven y tocan las realidades humanas desde la cotidianidad pero el amor del Espíritu Santo nos renueva, sana y libera en ese encuentro de la oración personal, del abandono en su influjo y acción. De acuerdo a nuestra apertura, El puede llegar hasta lo más profundo y secreto de nuestra alma, donde suceden las cosas más hermosas…e iluminar todo nuestro ser y actuar, conforme a su plan salvífico para nuestra existencia.


El alma es templo donde habita el Espíritu Santo: ¿busco a Dios y su voluntad dentro de mí? Orar es tratar de amistad con Dios, ¿Es Dios un amigo confidente que se hace presente mientras oro? ¿Quién habita mi castillo interior?


El día de la Ordenación de Juan Pablo II, él nos habló acerca de una idea que le infundía gran confianza: “El Espíritu Santo me iluminará, me fortalecerá, me consolará, me instruirá”. . . ¿Acaso no fue esta promesa de Cristo mismo a sus apóstoles?
La acción de la Trinidad es, sin duda indisociable: el Padre, el Verbo y el Espíritu obran en todo de una manera indivisible; pero puede atribuírsele más particularmente al Espíritu Santo, la acción de Dios en el universo, porque tal acción es obra de amor. De aquí las palabras del salmista atribuyendo el título de creador al Espíritu de Amor: “Envía tu Espíritu y será todo creado” (Salmo 103,30). “El Espíritu es el que da vida” (Jn 6,63) “Yo voy a hacer entrar en ustedes el Espíritu y vivirán” (Ezequiel 37,5).


La inhabitación de la Trinidad en el alma. Las tres Divinas personas son: indisociables, donde está el Padre y el Hijo está el Espíritu Santo. El amor atrae esa presencia. “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y, mi Padre le amará, y, vendremos a él y haremos morada.” (Juan 14,23) Es dejarse hacer por Dios, consustanciarse con Cristo enraizarse en el Espíritu Santo. Es decir, los tres tienen el mismo poder, los tres son eternos e inseparables como su misma esencia.
El anuncio del Espíritu


El “Espíritu de Yavé” debe “reposar” con absoluta plenitud sobre el Rey-Mesías. El le asistirá en el cumplimiento de su misión. He puesto mi Espíritu sobre él y él dará la Ley a las naciones” (Is 42, 1) Toda su obra mesiánica se desarrollará bajo el signo del Espíritu Santo. (Is 61, 1) Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el Espíritu del Señor…(Is. 11, 1-2)El “Espíritu de Dios” iluminará por sí mismo el interior de las almas (Jeremías 31,33) El Espíritu anunció a los patriarcas las divinas promesas; inspiró a los profetas; santificó a todos los justos del Antiguo Testamento. El animaba al Verbo encarnado, y a su Madre, la corredentora del mundo. El ayudó a los apóstoles de Jesús, como asiste a sus sucesores y a los fieles de todos los tiempos, para llevar a cabo, a través de los duros combates de la Iglesia militante, la obra salvadora de Cristo. La última de las profecías sobre el Espíritu es la de Joel 3,1-2 que proclama la universalidad del don del Espíritu, dejando entrever su catolicidad, cuyo cumplimiento reconocerá Pedro en el día de Pentecostés: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos y sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes verán visiones. Aun sobre sus siervos y siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.


Algunas de las últimas recomendaciones de Jesús
“Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes, en adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi nombre les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho”. (Jn 14, 25-26)


. . . “y hagan discípulos míos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).“Y yo rogaré al Padre y les dará otro Consolador, a saber: El Espíritu de Verdad” (Jn 14,16)


“Cuando venga el Espíritu de la Verdad que procede del Padre y que yo les enviaré, El dará testimonio de Mí” (Jn 15,26)


Jesús les dijo a sus discípulos que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido. “ya les hablé al respecto, les dijo: Juan bautizó con agua pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días”. (He 3,1-5). En estas últimas recomendaciones vemos como Jesús insiste en que les enviará el Espíritu Santo, el cual los llenará de fortaleza y les hará comprender muchas verdades y promesas enseñadas por El, que aún no comprendían porque no habían abierto su conciencia.


Tener las lámparas encendidas, con el aceite de la oración, para saber reconocer los signos de los tiempos, para abrir la conciencia y dejar entrar las enseñanzas del Espíritu para alcanzar la conciencia moral entre el bien y el mal. El posee la Teología de la economía de la salvación. ¿Somos dóciles, a las recomendaciones de Jesús?


PENTECOSTÉS
Revelación del Espíritu Santo

¿Cómo comprender a plenitud este acontecimiento místico que da el nacimiento a la Iglesia y, que inaugura un período nuevo de la historia religiosa de la humanidad: la era del Espíritu?Pentecostés, la efusión universal del Espíritu de la redención cumplida regio regalo de Cristo a su esposa la Iglesia, signo deslumbrante de su resurrección y de su exaltación a la gloria del Padre.

Nada iguala la sencillez del relato de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles (2,1-13) para comprender qué significa Pentecostés. En la mañana de Pentecostés, mientras los Apóstoles y los discípulos se mantenían recogidos en oración en torno a la Madre de Jesús. . . Después de este derramamiento bautismal sobre aquellos tímidos pescadores, que por miedo a los judíos, habían permanecido escondidos después de la muerte de Jesús, (principalmente Pedro que había temblado de miedo frente a la acusación de una mujer) se transforman en valientes testigos de fe, fortaleza, sabiduría, etc. porque han recibido la unción del Espíritu Santo para llevar la buena nueva por todos los confines de la tierra. (He 1,8)
¿Estamos escondidos, o somos valientes testigos del Evangelio? ¿Vives tu espiritualidad desde un clima de avivamiento?Lucas nos narra en su evangelio la Anunciación: María dijo al ángel: “¿Cómo puede ser eso si yo soy virgen?”, contestó el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti” (Lc 1,26-38).

Dones del Espíritu Santo
La vida mística es producida en nosotros por los dones del Espíritu Santo. El tratado de los Dones del Espíritu Santo constituye la clave de la teología mística.El Espíritu Santo actúa en nosotros y nos guía. Y para poder corresponder con fidelidad a su dirección necesitamos los Dones del Espíritu Santo, los cuales, están comprendidos en el “místico septenario” de Isaías 11,2-3.

Los dones son herramientas espirituales que, nos convierten en canales del amor de Dios. Las virtudes son la barca y los dones las velas que juntos nos van llevando al puerto seguro de la santidad. Hay que meterse en el mundo de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Fomentar el dinamismo en la vida espiritual, abrir caminos de amor, paz, diálogo, perdón unión hasta convertirnos en verdaderos apóstoles para el Reino. Construir una sociedad feliz donde el Espíritu derrame su bálsamo sanador y liberador. Por los frutos nos reconocerán… Los Dones nos permiten sobrenaturalizar lo natural.

Don de Sabiduría: Comienza con el temor de Dios, se alimenta de la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos. Es por excelencia, el don de la experiencia mística.
Don de Inteligencia: Nos ilumina para penetrar los misterios de Dios y el hombre.
Don de Consejo: Nos capacita para orientar según la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza: Nos reviste de la fuerza de Dios y, capacita para actuar.
Don de Ciencia: Es cuando el E. S., nos ayuda a discernir entre el bien y el mal. (Salvación)
Don de Piedad: Nos da sentido filial y fraterno y, nos lleva a la virtud de la justicia.
Don de Temor de Dios: Nos mantiene conscientes de nuestra pequeñez ante Dios. (Moisés y los patriarcas A T. María N T.)

Estos Dones residen en Cristo como en su fuente, y al ser nosotros injertados en Cristo fluyen a nosotros, porque el espíritu es un manantial que no cesa, siempre corre y fluye.Los Dones cristalizan luego en los frutos del Espíritu Santo que son:

Caridad ---- Comprensión de los demás ---- Fidelidad ---- Alegría ---- Generosidad ---- Mansedumbre ---- Paz ---- Bondad ---- Dominio de sí mismo

Y los frutos culminan en las ocho Bienaventuranzas que constituyen la cumbre del Evangelio, y también de la vida mística. (Leer y meditar las Bienaventuranzas. ¿Desde dónde las vivo?)
¿Cómo ser luz y sal de la tierra, en un mundo secularizado que vive en conflicto, con miedo, desconfianza, pérdida de valores, con sed de justicia, con hambre de Dios, con crisis de fe, de amor, de esperanza de espiritualidad? Podemos reflexionar sobre los dones, carismas y talentos que, nos ha regalado el Espíritu Santo, para discernir cómo los usamos, para edificar la sociedad en la que estamos inmersos. Dios es gratuidad, ¿estamos respondiendo al llamamiento del amor, para ser sus instrumentos?

¿Cómo se nos dan los Dones?
Se nos dan como en germen juntamente con la gracia divina. Pero a nosotros nos toca cultivarlos y desarrollarlos para ponerlos a la altura del Espíritu. Para ser discípulos aventajados del Espíritu Santo necesitamos una esmerada preparación que nos capacite para comprender su misterioso lenguaje y sus enseñanzas divinas. (Jn 14, 26 y 16,13).

¿Cuál es la misión de los Dones?
Están destinados a asegurar la salvación de todos los cristianos, estos se les comunican a todos los hombres cuando estos son regenerados en Cristo por el bautismo. “Quien no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de los cielos”.

El Espíritu Santo actúa ininterrumpidamente en cada miembro del Cuerpo Místico con miras a la santificación individual y, a la edificación del Cristo total.San Pablo nos exhorta a pedir los dones, sobre todo los que edifiquen a la Iglesia. “Hay diferentes dones espirituales pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes obras pero es el mismo Dios quien obra en todo y en todos.

A uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabiduría; a otro palabra de conocimiento según el Espíritu; a otro, el don de la fe, por el Espíritu; a otro, el don de hacer curaciones, por el Espíritu; a otro, poder de hacer milagros, por el Espíritu; a otro profecía; a otro, reconocimiento de lo que viene del bueno o mal espíritu; a otro, hablar en lenguas; a otro, interpretar lo que se dice en lenguas”.( 1 Cor 12- 4,11) El amor: Antes que exigencia es don. “El mirar de Dios es amar y hacer mercedes” (C 19,6) Dios “imprime e infunde en ella su amor y gracia.” (C 32,4; 33,9) San Juan De la Cruz. Todo pasará menos el amor. (1Cor. 13)

“Dios es Suma verdad, y la humildad es andar en verdad” Decía Santa Teresa (6M 10,7). Hay que ser humilde de corazón y, no vanagloriarse por tener dones. No se trata de buscarse a si mismo, sino de morir al” yo” para que, la honra y gloria sean para el Espíritu Santo. Es buscar a través de nuestra frágil humanidad con la gracia divina, el rumbo hacia la cumbre de la mística. Lo nuclear de los dones es, suscitar en el ser una espiritualidad “misionera”. Que nos lance hacia el hermano necesitado. Inculturizarnos en su realidad y ser testigos del amor de Dios.

Los más grandes maestros espirituales, siempre han puesto de relieve el papel primordial del Espíritu de Dios en sus vidas, atestiguan que, le deben sus más altas luces e inspiraciones de amor. Ignorar la doctrina de los dones del Espíritu es, desconocer la acción más secreta de Dios en la Iglesia.

San Juan De la Cruz, gran maestro de la mística cristiana, compuso la obra: “Llama de Amor Viva” culmen de su repertorio literario. Llama es un poema, simboliza al Espíritu Santo. Además de poema es un himno religioso, y de contenido místico. Con la imagen del fuego, de la “Llama Viva,” evoca todo el itinerario espiritual: el camino y su término, la purificación del alma y su transformación en Dios. El Doctor místico no ve en las almas más que la acción inmediata, personal de Dios. Toda su ascesis, la práctica fiel de todas las virtudes, la orienta a disponer al alma para la acción purificadora y transformante del Espíritu de Dios. Presento la primera canción como ejemplo…

Canciones que hace el alma en la íntima unión con Dios.
( 1 ) ¡ Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

“Esta llama de amor viva es el Espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumida y transformada en suave amor, sino como fuego que, además de eso, arde en ella y echa llama, y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina. Y esta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que los actos que hace interiores es llamear, que son inflamaciones de amor en que unida la voluntad del alma, ama subidísimamente, hecha un amor con aquella llama. Y así, estos actos de amor del alma son preciosísimos; y merece más en uno y vale más que cuando había hecho en toda su vida sin esta transformación, por más que ello fuese. Y la diferencia que hay entre el hábito y el acto, hay entre la transformación en amor y la llama de amor, que es la que hay entre el madero inflamado y la llama de él: que la llama es efecto del fuego que allí está! "

Contemplación de Dios. Dios se deja contemplar.
“Mire que le mira”(V 13,22 Santa Teresa)

El seguimiento a Cristo exige radicalidad. “Dios no se da del todo hasta que no nos damos del todo.” Sta Teresa.

Elementos esenciales de la espiritualidad que trasciende:
* Seguimiento a Cristo-seguir su invitación desde el Evangelio.
* Vida en el Espíritu Santo.- Vivir según los criterios de Dios.
* Espiritualidad Eclesial.- Guía de la Iglesia y comunidad. (Revisión de vida comunitaria)
* Espiritualidad encarnada.-Buscar en la cotidianidad la gracia de Dios; en la sencillez aprender por donde pasa Dios y su propuesta=Reino.

El amor es ávido de presencia, busca la unión. Dos seres que se aman quisieran vivir juntos siempre. Vivir el uno cerca del otro: esta es la aspiración suprema del amor. Este “vivir juntos” entre el hombre y Dios se realiza por la contemplación. Dios “habita en una luz inaccesible” (1 Tim 6,16). Nosotros no podemos alcanzarle por medios corpóreos, sino avanzando a pasos espirituales, (“Dios camina al paso del hombre” San Juan de la Cruz) por actos de fe, de confianza y de amor. “Porque somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo”, nos dice San Pablo (Fil 3,20). Todo nos llama hacia esta ciudad de Dios en la que viviremos en sociedad con las Tres Personas divinas y en relación con los ángeles y los santos.

Nuestra vida teologal, desde aquí abajo nos hace entrar en comunión, por la fe y el amor, con toda esta Familia divina, en la esperanza de una felicidad perfecta. Es el Espíritu Santo quien nos hace amigos fuertes de Dios, nos convierte en contemplativos, en seres cuya mirada permanece inmutable fija en Dios por el amor. Siendo el Espíritu Santo el “don preciado” que habita como dulce huésped en nuestra alma, podríamos preguntarnos hoy: ¿Estoy dispuesto a seguir el ideal que El me ofrece invitándome a alcanzar la santidad? Pidamos en oración al Espíritu Santo para que todos los días podamos vivir bajo su acción y, ser iluminados con la Llama Viva que enciende nuestros corazones en el fuego de su amor hasta hacernos llamear.

Ponente: Elena Briceño
Bibliografía:
Biblia Latinoamericana
M. M. Philipon, Los Dones del Espíritu Santo.
Tomás Alvarez, Comentario de la Llama de Amor Viva
Francisco Javier Sancho. Las páginas más bellas de Edith Stein, Editorial Monte Carmelo, 1998.

3 comentarios:

Mónica dijo...

Me resuena profundamente en el corazón la expresión "Mística Cristiana", porque me devuelve el eje de mi propia existencia: convertirme en otro Cristo, dejar que el Padre por medio de la acción del Espíritu Santo plasme en mí la imagen de su Hijo que soñó para mí desde toda la eternidad. Podríamos hablar de la "acción crística", que nos va espejando en Jesús gracias al cincel amoroso del Espíritu Santo.
Y he aquí mi tarea: "Dejarlo hacer". Abrirle las puertas de mi corazón para que obre en mí. Clamar por su accionar en mi vida, entregarme a los designios de su Voluntad sin oponer resistencia y venciendo los obstáculos que se interponen en el río de mi vida...

Mónica dijo...

Esta Mística Cristiana tiene características particulares. No estamos convocados "solos", sino que somos Iglesia... ¡Y cuánto nos cuesta ello a veces! ¡Qué difícil se nos hace convivir con el hermano y aceptarlo tal como es!
Pero qué mejor que el día de hoy en que conmemoramos a todos los Santos, para dejar que nuestro corazón rumie suavemente la fuerza de pertenecer al Cuerpo de Cristo; de estar llamados a ser "uno" en Él. De dejarnos guiar por su Santo Espíritu para ello y de ser dóciles a su soplo sobre nuestras vidas...
Cada uno poniendo en juego sus carismas; cada uno animado por la comprensión, la tolerancia, el respeto y el objetivo de la integración, no de la disociación.
Cada uno sabiéndose vaso comunicante de la presencia de Cristo entre nosotros, y del Evangelio que Él nos ha invitado a vivir y a compartir...

Mónica dijo...

Siempre me ha costado el "encuentro" con el Espíritu Santo, incluso más aun que con la persona del Padre en la Santísima Trinidad. Seguramente por la formación religiosa que he recibido a lo largo de mi vida. Mi espiritualidad ha sido cristocéntrica; Jesús ha ocupado el lugar central en mi vida religiosa. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que poco a poco el Espíritu Santo me permitiera ser conciente de su presencia en mí. Me ha ocurrido en diversas circunstancias: clamando por su ayuda en la oración, para serenarme cuando he atravesado momentos de inquietud, al pedir ayuda para el discernimiento de determinadas cuestiones...
Y he aprendido también a pedir de manera especial algún Don del Espíritu Santo en particular, cuando las circunstancias de la vida así me lo indicaban. Permanentemente necesitamos de los dones del Espíritu Santo, pero algunos son más necesarios en determinados momentos que otros... y es así como he aprendido a invocarlo, a "respirarlo", a rogarle que me enseñe a orar y que me permita encontrarme con la Santísima Trinidad en la oración.

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