17.5.09


Reflexiones en torno a la
Mística Cristiana
y a los, así designados,
fenómenos extraordinarios

Aniano Álvarez-Suárez
Presidente de la Pontificia Facultad Teológica Teresianum-Roma,
Doctor en Teología, Prof. ordinario de Antropología Cristiana.
Ficha Nº 10.
Primera Parte

0. Reflexiones preliminares

La presente reflexión sobre la mística cristiana, querría situarla en el ámbito del estudio de la santidad, en la que se manifiestan, frecuentemente, fenómenos y gracias sobrenaturales, que revelan una cierta experiencia mística, -una clara intervención de Dios-, aunque no siempre se trate de fenómenos sobrenaturales, que solemos llamar místicos. De aquí, la urgente y necesaria distinción inicial entre “mística” y “fenómenos místicos”. Intentaré, pues, presentar la presente reflexión dentro del ámbito de la experiencia cristiana, que propiamente llamamos mística, sobrenatural, caracterizada por una evidente acción de la gracia. Y el punto de vista específico de la reflexión será el del teólogo espiritual que habla sobre la “mística cristiana” y sobre los “fenómenos místicos”.

Hay otras especializaciones que están implicadas en la materia de los fenómenos místicos, como la medicina, la psicología, la psiquiatría, la ciencia del lenguaje, el simbolismo de las expresiones místicas e incluso la ciencia del diálogo interreligioso, por el parecido que algunas experiencias místicas tienen en el campo de la mística comparada. Trataré, pues, de ofrecer también algunos elementos no elaborados aún del todo, pero sin duda al servicio de las personas interesadas en este preciso campo específico.

Las fuentes de la presente reflexión serán, principalmente, además de las reflexiones personales, a partir del propio estudio y experiencia, la síntesis acerca de lo que hoy se encuentra escrito en los libros de mística
[1], teniendo, a la vez, siempre presentes las enseñanzas de los grandes maestros de la mística cristiana. Entre los manuales de Teología Espiritual que tratan el tema de la mística son particularmente interesantes las síntesis bien preparadas, amplias y equilibradas de D. G. Gozzelino SDB[2] y de F. Ruiz, OCD[3], así como recientes Diccionarios de Mística y colecciones de estudios místicos de reciente publicación. Para otras informaciones más completas es necesario, pues, remitir a los clásicos de la mística y a la voz “Mística” de los distintos Diccionarios de Espiritualidad[4].
Finalmente, el propósito que me mueve, con estas reflexiones, podría cifrarlo en la posibilidad de un encuentro gozoso con el vasto campo de la mística, a la luz de la Teología Espiritual y de la historia de la santidad cristiana, que invite a profundizar el tema y guíe en la comprensión de la perenne acción de Dios en la vida de sus siervos y siervas, en camino hacia la conquista de la vocación última: el encuentro, el diálogo y la comunión de vida con el Dios de la Vida y del Amor.


I. La Mística: El hecho, los contenidos, las modalidades, el discernimiento.

1. Algunas aclaraciones necesarias: ¿Qué es la mística?

La palabra mística, como sabemos, tiene diferentes significados, que convergen en un aspecto que podríamos llamar objetivo, mistérico, y en otro, que podríamos designar como subjetivo y experiencial.

La palabra mística proviene de «Myo» que significa cerrar los ojos o la boca; los ojos para no ver lo que es secreto; la boca para no revelar los secretos. Existe también la palabra mística como proveniente de «Myesis» o iniciación, y la palabra «mistagogo» y «mista» referida respectivamente al iniciador y al iniciado a los misterios o a las realidades escondidas. Podemos entonces hablar de mística remontándonos a « Myesis » o iniciación, y a «Mysterium »: el contenido del secreto al cual se es iniciados.

En este sentido, Mística, se refiere al misterio, al fondo imperceptible de la verdad, al que es necesario ser iniciados. En sentido cristiano se refiere al misterio escondido en Dios y ahora revelado en Jesucristo. Es una singular manifestación que Dios hace de sí mismo y de la plenitud de su vida que El mismo quiere comunicar. Se trata de una manifestación gratuita y benévola. En el ámbito cristiano, la mística está relacionada con la Revelación divina, comunicación a la vez de verdad y de gracia. Es la plenitud del misterio cristiano proclamado en la fe de la Iglesia a partir de la revelación, celebrado en la liturgia, especialmente en el ámbito de los sacramentos, vivido en la experiencia cristiana como vida en Cristo o vida en el Espíritu Santo, pero también posiblemente percibido de manera sobrenatural por una gracia carismática concedida por Dios. Tal experiencia mística se pone también bajo el discernimiento de la Revelación y del magisterio eclesial, justamente porque se vive este misterio cristiano en la Iglesia, en su verdad y en su vida, en su comunión y en su misión. (LG 12 y DV 8). Hoy se habla también de experiencia mística no cristiana para designar aquéllas experiencias altísimas de lo divino que se manifiestan algunas veces fuera del cristianismo.

Inspirándome en F. Ruiz, me permito afirmar que, entre las características sobresalientes de la mística cristiana respecto a otras místicas o formas de mística, H.U. Von Baltasar señala estas tres principales, resumidas brevemente por E. Ancilli:
[5] y que demuestra que la mística cristiana está fundada explicita y conscientemente en la gracia de Cristo, como participación de la vida trinitaria, que se hace consciente de esta realidad en la experiencia:

* La experiencia mística cristiana es y aparece como puro don de Dios. El místico no cristiano atribuye un grande valor a las varias técnicas de la meditación y de la ascesis, al esfuerzo humano para alcanzar los estados de unión. El hombre bíblico no tiene conciencia de tomar la iniciativa para alcanzar particulares experiencias religiosas o una inmersión mística en Dios, sino sabe que es Dios mismo el que tomando la iniciativa va en busca del hombre, exigiendo de él una rápida disponibilidad a la escucha y a la obediencia.

* En la mística cristiana no hay “diástasis” o separación entre espíritu y materia, porque en el designio de Dios, las dos esferas del cielo y del mundo no son extrañas. Las diferentes corrientes místicas no cristianas proponen a veces una liberación de la materia considerada esencialmente mala para convertirse en “pneumáticos” y alcanzar la unión con Dios sin la carga negativa de lo material y del mundo.

* La tercera diferencia se encuentra en esto: la mística no cristiana, generalmente parece que es individualista, finalizada únicamente a la relación con lo divino. La auténtica mística cristiana rechaza todo individualismo y tiende siempre a la comunión de amor que se manifiesta en un aspecto social, eclesial: el acto de la contemplación no se limita a la relación con Dios, sino a un profundo, escondido influjo sobre la Iglesia y la humanidad .

Hay que subrayar que mística es también no solo el don, sino también la iniciación a la comprensión escondida del don recibido, en la cual el elegido o mysta, recibe la myesis o iniciación, a través del iniciador o mystés o mistagogo. En este caso la iniciación al misterio de Dios, a su verdad y a su vida, al designio o proyecto de su voluntad, es necesaria para entender lo que Dios puede y quiere hacer en la vida de una persona. De aquí la necesidad de la guía y del discernimiento espiritual.

En el ámbito cristiano podemos decir que todo cristiano no solo vive en el misterio, sino que es iniciado y habilitado a la comunión con el misterio, a partir del conocimiento mismo de la verdad, por medio de la fe y la efectiva iniciación cristiana sacramental. Por esto el bautismo es llamado «photismos», iluminación y la celebración de los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía se llaman “iniciación cristiana”.
[6] Sin embargo, quien recibe la gracia sacramental, tiene que abrir su corazón y su mente a la acción poderosa de los misterios en su vida. De aquí la necesidad de la dirección espiritual y del discernimiento eclesial.

Mística significa también, entre otras cosas, la experiencia en cuanto gracia revelada y donada, y entonces en algún modo pasiva, provocada por Dios, gratuita; y supone una fruición, un gusto, una inteligencia del misterio y de la acción de Dios. Se manifiesta, entonces, de una manera más bien «misteriosa», o sea, que viene del misterio, de la revelación y comunicación gratuita de Dios, que depende solo y exclusivamente de la libertad de Dios en el revelarse y en el donarse, Se trata de un conocimiento y de una experiencia que no se alcanzan con nuestros méritos y con nuestras técnicas. Si así no fuera, Dios no sería libre de donarse a quien quiere, como quiere y cuando quiere, según la famosa expresión de santa Teresa de Jesús
[7]
. Conviene, pues, distinguir entre el misterio, la habilitación al misterio y el modo fenoménico de experimentarlo.

La mística, en las dos primeras acepciones, pertenece a la vocación cristiana ordinaria. Se puede hablar también de una mística ordinaria de la cotidianidad, en la liturgia y en la vida, según la vocación de cada uno. La mística, como experiencia fenoménica superior, es del orden de los carismas o gracias especiales, que son dadas para una percepción más intensa de la verdad, para una santificación más profunda, obra de Dios en Cristo, para algunas misiones especiales en la Iglesia o para ofrecer en ella el testimonio profético o sapiencial del misterio cristiano. Normalmente, en esta acepción se habla de formas extraordinarias de percepción de los contenidos de la verdad y de la vida del misterio cristiano, de su comprensión y comunicación, de la transformación de la persona mediante tales gracias, y de la efectiva trasmisión de esa misión recibida. Se trata entonces de los fenómenos místicos.

Puede haber una experiencia mística que podemos llamar “teológica” que consiste en el conocimiento superior de los misterios de Dios y de la humanidad, siempre a la luz de la revelación. Y hay una mística que se manifiesta también como “soteriológica”, es decir como experiencia de perdón, de salvación y transformación, de participación en el misterio pascual de Cristo y en la misión de la Iglesia como acción (mística apostólica de evangelización y acción carismática) o como sufrimiento (mística apostólica de “compasión” o de “expiación”, siempre en comunión con la pasión de Cristo)

Es necesario entonces puntualizar esta terminología. Un modo de acercarnos al tema es considerar la experiencia cristiana... mística. Se trata de la experiencia de la vivencia cristiana, calificada por su percepción mística, extraordinaria. O bien se trata de valorar la experiencia mística... cristiana, o sea la experiencia extraordinaria, pero caracterizada por sus contenidos explícitamente cristianos tanto objetivos ( la revelación de los misterios) como subjetivos ( la acción de Dios y la respuesta humana, con toda la libre acogida y toda la resonancia en la totalidad de la persona, incluida su propia sensibilidad corporal).

2. Colocación y valoración de la mística a la luz del reciente Magisterio de la Iglesia

a.- La Constitución Lumen Gentium

A pesar de que no se encuentre una doctrina clara y desarrollada sobre la mística en el ámbito del reciente Magisterio de la Iglesia, o en la doctrina del Vaticano II, podemos tomar como puntos de referencia algunos textos, con el fin de verificar la importancia de la mística también en al ámbito del misterio y de la santidad de la Iglesia.
La primera referencia necesaria la podemos encontrar en el ámbito de la dimensión carismática de la Iglesia y de la acción del Espíritu Santo en ella con sus carismas. El Espíritu Santo, afirma el Vaticano II, provee a la Iglesia de diferentes dones jerárquicos y carismáticos
[8]; el mismo Espíritu Santo dispensa también entre los fieles todo tipo de gracias especiales; son algunos carismas, extraordinarios o también más simples y más ampliamente difundidos; estos dones extraordinarios no se deben pedir temerariamente, ni se deben esperar con presunción de ellos los frutos de los trabajos apostólicos. El juicio o discernimiento sobre su autenticidad y sobre su ordenado ejercicio pertenece a los que presiden en la Iglesia[9].

b.- La Constitución dogmática Dei Verbum

En el ámbito de la tradición viviente de la Iglesia que crece bajo la guía del Espíritu Santo, en la Iglesia, como comunidad viva «que cree y que ora», la comprensión tanto de las cosas como de las palabras transmitidas se realiza, sea con la contemplación y el estudio de los creyentes que la meditan en sus corazones ( cf Lc 2, 19.51), sea con la íntima comprensión de las realidades que experimentan, sea con la predicación de aquéllos que con la sucesión apostólica han recibido el carisma cierto de la verdad
[10].

Los místicos se colocan en este ámbito. Son la presencia viva en medio del pueblo de Dios de un carisma eclesial particular, el de la “epignosis” (Fil. 1,9) o conocimiento superior del misterio de Dios, mediante el Espíritu; esos hombres y mujeres están al servicio de la Iglesia entera; son un testimonio del Dios viviente que conduce, también mediante su vida, a la plena comprensión de la verdad. Su conocimiento de Dios es también experiencia de amor, conocimiento connatural mediante la comunión en la fe y en la caridad, porque Dios se comunica a la mente y al corazón. Y por esto en la teología del Vaticano II la Constitución sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, ha puesto el acento sobre la « la experiencia sobrenatural de las palabras y de las realidades transmitidas », como una de los caminos que el Espíritu Santo mantiene siempre abiertos en la Iglesia «que cree y que ora» para una profundización y un crecimiento de la comprensión de la revelación, que no es otra cosa que la comunicación misma de Dios, verdad, vida y amor. Los místicos se colocan en esta profundización de la verdad, gracias a la experiencia particular suscitada por el Espíritu. Se reconoce en este texto la importancia del carisma de la experiencia sobrenatural de los místicos, junto a la del magisterio de los pastores y al estudio y reflexión de los teólogos o la del sentido profundo de la fe de quienes perciben el misterio con la oración la contemplación.

La Comisión Teológica Internacional ha puesto en evidencia el valor de la experiencia cristiana y ha afirmado que la penetración del misterio cristiano «está sugerida, sostenida y dirigida por la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia y en los corazones de los cristianos concretos. Tiene lugar a la luz de la fe; está impulsada por los carismas y por el testimonio de los santos que el Espíritu de Dios otorga a la Iglesia en un tiempo determinado. A este conjunto pertenecen también el testimonio profético de movimientos espirituales y el conocimiento interno, que procede de una experiencia espiritual de los laicos que están llenos del Espíritu de Dios»
[11] . La experiencia mística puede ser colocada también en este ámbito preciso y tiene una importancia particular allí en donde el fenómeno de la santidad calificado por la Iglesia es frecuentemente unido a carismas de conocimiento y de experiencia del misterio cristiano. Pablo VI en una audiencia de los miércoles, el 9 de septiembre de 1970, antes de proclamar a Santa Teresa de Jesús y a Santa Catalina de Siena, Doctoras de Iglesia, dedicó una hermosa reflexión al tema del conocimiento místico de Dios, como brilla en la escala que va desde la búsqueda racional a la experiencia mística[12].

c.- El Catecismo de la Iglesia Católica

El Catecismo de la Iglesia Católica ha dedicado un sugestivo número al concepto de mística cristiana. Es un sintético parágrafo que se encuentra en el ámbito de la tercera parte, dedicada a la moral cristiana, como vida en Cristo. El Catecismo ofrece, también, una especie de definición de la mística, que expresa bien las acepciones de la mística cristiana reportadas más arriba, cuando afirma en el ámbito de la exposición acerca de la santidad cristiana cuanto sigue: “El progreso espiritual tiende a la unión más íntima con Cristo. Esta unión se llama «mística», porque participa al misterio de Cristo mediante los sacramentos «los santos misterios» y en él al misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta íntima unión con él, aunque si solamente a algunos les son concedidas gracias especiales o signos extraordinarios de esta vida mística, con el fin de manifestar el don gratuito hecho a todos”
[13] (n. 2014). En este texto se subrayan varias cosas. Ante todo, la vocación universal a la mística como participación de la vida en Cristo: la mística, como participación al misterio de Cristo; la iniciación a tal misterio, mediante los sacramentos, como realidades abiertas a todos; el don reservado a algunos mediante gracias especiales o signos extraordinarios en el ámbito de los testimonios eclesiales.

Por otra parte se pone de relieve la dimensión carismática de tales dones, que es justamente el testimonio eclesial de los místicos: una experiencia mística eclesial en vista del testimonio de cuanto los otros viven en el ámbito ordinario de la fe y de la caridad.

d.- El Documento Orationis formas (15. X.1989) de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Este importante documento sobre algunos aspectos de la meditación cristiana contiene varios puntos de referencia y algunos criterios de discernimiento sobre la mística. Me limitaré a enumerar algunos puntos para leer con atención, con el reenvío a las notas explicativas de dicho documento
[14]
.
· n. 14.
Posibilidad y límites de la unión mística con Dios. El documento fija una posibilidad y un límite. El límite está precisamente en la imposibilidad de una mística, a la luz de la revelación cristiana, que sea una simple absorción de Dio en el hombre o del hombre en Dios. Sería ir contra la libertad y majestad de Dios y contra la misma libertad del hombre. La posibilidad es la que nace del mismo misterio trinitario en el que las personas de la Trinidad mantienen la comunión en la unidad y la distinción de las personas. A imagen de esa comunión trinitaria se da una posibilidad de unión mística, ya que somos llamados a ser imagen y semejanza de Dios en el Hijo y se nos ofrece esa comunión íntima a través de la Eucaristía.

· n. 21. Posibilidad y límites de las gracias de iluminación. El cristiano mediante el santo bautismo es un “iluminado”, un iniciado a los misterios. El bautismo es fuente de la contemplación. Sin embargo la contemplación cristiana queda siempre en el ámbito de la fe y no puede superar el conocimiento de los misterios revelados. Es una contemplación al servicio de la revelación.

· n. 22. Posibilidad y límites de la mística. El bautismo-confirmación y la eucaristía son los misterios que objetivamente realizan la unión con Dios, la comunión trinitaria. Todas las formas de unión con Dios están fundadas y supeditadas a estos sacramentos o son una realización de la gracia sacramental de esa comunión en la vida de cada uno hasta las cimas de la experiencia mística.

· n. 23. Carácter de gratuidad de la mística. La mística cristiana se recibe como don de Dios. No hay técnicas que la puedan conseguir con las fuerzas humanas. Por eso hay que acoger con gratitud esos dones de los que la persona humana se siente indigna.

· n. 24. Gracias místicas de los fundadores. En la vida mística y carismática de la Iglesia hay gracias especiales místicas que con frecuencia son gracias de paternidad y maternidad espiritual que Dios concede, por ejemplo, a los fundadores y fundadoras cuya gracia tiene que difundirse en los que participan del carisma. Sin embargo hay gracias estrictamente personales de los Fundadores, a las que no siempre tienen acceso los seguidores espirituales del carisma.

· n. 25. Distinción. Gratuidad. Dimensión santificante. Discernimiento. El cristiano posee por el don normal de la gracia los dones del Espíritu Santo y el Espíritu Santo como don altísimo. A estos dones se pueden añadir en determinadas personas gracias carismáticas místicas, que llevan consigo una carga de santidad personal. Todos los carismas están sometidos al juicio y reconocimiento de la jerarquía eclesiástica para que puedan contribuir al bien común.

· n. 30-31: Algunos criterios de discernimiento. Puede haber experiencias místicas purificadoras que se viven en la noche oscura y en la prueba. Hay que saber distinguir bien estos estados místicos de lo que podría simplemente ser fruto de negligencia. También Jesús alcanza la plenitud de la vida mística en su humanidad en el abandono del Padre. La humildad de María en el “Magnificat” nos da la nota esencial de la actitud del místico cristiano.

3. Algunas anotaciones doctrinales a los textos del Magisterio

1ª.- Está claro, a la luz de estas enseñanzas, que todos los cristianos tenemos una vocación a la mística en cuanto todos estamos llamados al conocimiento y a la experiencia del misterio de Cristo en la comunión eclesial. A todos nosotros, iniciados en su misterio mediante el santo bautismo, la confirmación y la eucaristía, así como por medio de los otros sacramentos, Dios ha dado la posibilidad, mediante el don de la fe, del Espíritu y de sus actuaciones peculiares que son los llamados “dones del Espíritu Santo”, de entrar en un cierto conocimiento de su misterio. Dios se dona librementee a nosotros de manera objetiva, pero sólo nos hace percibir la profundidad de este don en manera subjetiva, hasta un cierto punto y medida dentro de la gracia común a todos los bautizados. Todos estamos dotados de órganos sobrenaturales que nos permiten estar en comunión con Dios, ya que la fe, la esperanza y la caridad son virtudes teologales que con las operaciones del Espíritu Santo y de sus dones nos unen directamente con Dios. Todo cristiano por el hecho de estar injertado en el misterio de Cristo, está llamado a la contemplación de los misterios mediante la iluminación bautismal, participa del misterio de Dios en la objetividad y en la plenitud de la vida sacramental. A pesar de que no podamos decir que es un místico en el sentido más profundo y técnico que le damos a esa palabra, si la referimos a la experiencia mística sobrenatural.

2ª.- En el sentido específico de la presente reflexión, quiero evidenciar algunas distinciones importantes. Místico es aquel que tiene una experiencia sobrenatural del misterio, como don del Espíritu; una experiencia sobrenatural que se funda sobre la revelación y que entra en el ámbito de la fe; una experiencia mística no va más allá de la fe misma, ni de la «fides quae» objetiva de lo que creemos, ni de la «fides qua», con la que creemos. Sin embargo, mediante la fe, iluminada por la caridad, con la acción del Espíritu Santo, el cristiano puede descubrir aspectos inéditos no del todo entendidos, revelados, profundizados; tal experiencia requiere una actuación gratuita por parte de Dios, y una pasividad por parte de la criatura, en el sentido del «pati divina», sufrir lo divino, recibir el don, ser llevados a conocer el misterio, acoger lo que Dios manifiesta y al Dios que se manifiesta.

3ª.- Emergen, por lo tanto, dos notas características: el don de Dios, fruto de la absoluta gratuidad de su acción, el rendirse delante de Dios, que toma la persona y la introduce en su mundo. En este sentido la mística es un don, o mejor es un carisma; el carisma del conocimiento experiencial superior, una “epígnosis” (Fil 1,9) del misterio: un don del Espíritu, en vista de un bien común, de la revelación y donación a la Iglesia. Este don hecho a un fiel en la Iglesia y para la Iglesia, miembro vivo en su comunión de vida, que es conocimiento y amor, es un don carismático, para el bien común. Y es necesario que además de la verdad objetiva la experiencia sobrenatural tenga algunas características: la fuerza de la verdad, la absoluta certeza, la vitalidad del don, la belleza de la expresión, la inmediatez de la percepción, la fuerza santificante. Todo acompañado por una profunda humildad y un deseo absoluto de ser confirmada tal experiencia por la Iglesia en la verdad percibida.

4ª.- Por esto, tratándose siempre de una experiencia humana, que nos llega y se percibe a través de nuestra psicología, la mística tiene la necesidad de un discernimiento adecuado. Esto lleva inmediatamente a la luz la necesidad de conocer de manera objetiva, ya sea el aspecto psicológico de la mística, ya sean las modalidades humanas de la percepción, como también el necesario discernimiento, no solo de la objetividad y verdad del misterio comunicado, sino también de la efectiva sobrenaturalidad de tal comunicación subjetiva, aún admitiendo que se trate siempre de una experiencia que acaece en lo humano. El organismo natural y sobrenatural de la persona humana está ya en algún modo habilitado para acoger y recibir estas comunicaciones de Dios. La vida de gracia, las virtudes y los dones son esta habilitación sobrenatural. Los frutos de santidad son sus manifestaciones evidentes de la acción de Dios en la persona. El modo con el cual Dios se comunica es un don sobrenatural, pero según nuestras posibilidades: espirituales, mentales, físicas, psíquicas, somáticas. De aquí viene la dificultad que existe en la evaluación de los fenómenos místicos, ya que se trata de evaluar el modo psicológico de la percepción. En efecto, mientras para todo lo que tiene que ver con el elemento objetivo, los contenidos de verdad y de gracia que pueden estar en conexión con la fenomenología, pueden ser válidos algunos criterios de ortodoxia y de ortopraxis (verdad de las cosas dichas, frutos de santidad), la cuestión del discernimiento psicológico es mucho más difícil, en vista de la complejidad de la psique humana y la posibilidad que ella misma tiene de acoger una experiencia sobrenatural ordinaria, en el ámbito del conocimiento y de la experiencia con posibilidades latentes en el organismo sobrenatural de la gracia.

5ª.- Por esto, una persona, incluso con toda su buena voluntad, podría correr el riesgo de elaborar por su cuenta intuiciones y experiencias, al menos hasta un cierto punto con la convicción de que se trata de cosas divinas, místicas, mientras que se trata de experiencias que entran en el ámbito de una experiencia ordinaria cristiana. Existe la posibilidad de proyectar como experiencias divinas lo que son solamente una elaboración subjetiva de sentimientos humanos y de fenómenos psicofísicos, posibles a nivel simplemente humano, sin que nada tenga que ver una experiencia sobrenatural que llamamos mística. Existe, en fin, la posibilidad de un cierto engaño que podría venir del influjo del mal y del maligno. Es necesario, pues, tener mucha delicadeza y atención en el juzgar si las cosas son de Dios o provienen de la psicología humana, con todas las posibilidades de la psique humana, o simplemente si son experiencias de la gracia en el ámbito de las posibilidades ofrecidas por la fe, sin sobrepasar las formas cualificadas de la mística.

Antes de su elección a la Sede de Pedro, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger había ya afrontado el tema de algunos aspectos de la mística en el caso de las revelaciones privadas. En ocasión de la ilustración de la tercera parte del llamado secreto de Fátima, hecha a finales del mes de junio del 2000, el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ofreció una serie de reflexiones muy interesantes sobre el tema, bajo el título “Comentario teológico”. Por la autoridad del autor y por la actualidad del tema, me permito remitir a este texto, ya retomado en algunas publicaciones, junto con toda la documentación restante sobre la tercera parte del secreto de Fátima[15].
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Notas:
[1] Cfr. al respecto, AA.VV., La Mistica. Fenomenologia e riflessione teologica, Città Nuova Editrice, 2 vol., Roma 1984; AA.VV., Mistica e misticismo oggi, Roma 1979; C. BECATTINI, Esperienza mistica e fenomeni mistici: Linee di interpretazione psicologica, in “La Mistica, II”, pp. 387-447; A. DE SUTTER, Mistica, in “Dizionario Enciclopedico di Spiritualità”, Città Nuova Editrice, Roma 1990, pp. 1625-1631; H. EGAN, I mistici e la mistica. Antologia della mistica cristiana, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1995; W. TRITSCH, Introduzione alla mistica. Fonti e documenti, Libreria Editrice Vaticana, Citt`del Vaticano, 1995.
[2] G. GOZZELINO, En la presencia de Dios. Elementos de Teología espiritual, Madrid 1944. Sobre todo el capítulo 6º del libro.
[3] F. RUÍZ SALVADOR, Mística y experiencia cristiana, in “Caminos del Espíritu. Compendio de teología espiritual”, EDE, Madrid 1998, pp. 435-501.
[4] En modo especial a algunas voces del Dizionario Enciclopedico di Spiritualità, (DES), Città Nuova Editrice, Roma, 1990, y al Diccionario de la Mística, Librería Editorial Vaticana, Roma 1998, además del clásico Dictionnaire de Spiritualitè ascètique et mystique, Beauchesne, Paris, ya completo con sus preciosos índices. Y una buena síntesis la encontramos también en el Diccionario de la Mística, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2000.
[5] Un buen resumen de todos los problemas inherentes a la mística en F- Ruiz, Caminos del Espíritu, Madrid. Ed. de Espiritualidad, 1998, pp. 435-501. Por lo que se refiere a las diferencias acerca de la mística cristiana y no cristiana conviene quizá profundizar el tema.
[6] Acerca de la relación entre mística y sacramentos de la iniciación remito a mi exposición: La mistica dei Sacramenti del’iniziazione cristiana, in Aa.Vv., La mistica. Fenomenologia riflessione teologica, Roma, Cittá Nuova 1984, pp. 77-111.
[7] Cfr. SANTA TERESA DE JESÚS,Castillo Interior, 4M 1,2
[8] Cfr. Lumen Gentium, 4.
[9] Cfr. Lumen Gentium, 12.
[10] Cfr. Dei Verbum, 8.
[11] La interpretación de los dogmas (1988) III, 2, en Comisión Teológica Internacional, Documentos (1969-1996), Madrid, Bac, 1998, p. 447-
[12] Texto original latino en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, Cittá del Vaticano 1971, pp. 852-856; versión castellana en “Ecclesia” n. 1509, 19 de septiembre 1970, pp. 5-7.
[13] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2014.
[14] El documento se encuentra en las colecciones de documentos de la Iglesia, cfr. “Ecclesia” n. 2459, 20 de enero de 1990, pp. 30-38.
[15] Documentación completa publicada en “Ecclesia” n. 3004, 8 de julio de 2000, pp. 28-38. En italiano existe el folleto Il segreto svelato. Il messaggio di Fatima, Bologna, Ed. Dehoniane, 2000, pp.33-48.

29.4.09

Teresianum. Counseling Spirituale.

28.4.09

27.4.09

Teresianum. Counseling Spirituale.

13.2.09



Ficha Nº 09:

“La ciencia del Amor”
Ponente: P. Iván Mora Pernía, ocd

Presentamos en esta breve oportunidad una pequeña, muy pequeña muestra del contenido espiritual y contemplativo de una gran mujer, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Mártir de nuestra Orden Carmelitana. Su memoria litúrgica se celebra el 9 de Agosto.

Edith Stein nació el día del Kippur, día festivo para los hebreos, y en Breslavia Alemania, el 12 de octubre de 1891, en el seno de una familia hebrea. Edith fue la última de once hijos. A los dos años de edad, muere su padre. Hizo sus primeros estudios y el Bachillerato en su ciudad natal con calificaciones siempre sobresalientes.

En la Universidad de Breslau estudia, de 1911 a 1913, Germanística, Historia, Psicología y Filosofía. En 1913 se traslada a Göttingen para seguir sus estudios de filosofía siendo discípula de Edmund Husserl, un hebreo y no creyente, genio filosófico de su tiempo, haciendo el exámen de Licenciatura con calificación sobresaliente en 1915. Durante este período, llega a un ateísmo casi total, pues abandonó la fe y las prácticas religiosas.

Estalla en 1914 la primera guerra mundial y Edith trabaja como enfermera voluntaria siendo enviada a un hospital del frente. Después de ese infatigable trabajo, hace el examen de doctorado en la Universidad de Freiburg, con la calificación Summa cum laude.

De 1916 a 1918 es ayudante del filósofo Husserl en Freiburg. Los dos años siguientes los dedica al trabajo científico privado y a partir de entonces busca acceder a una cátedra universitaria, lo que no consigue pues todavía permanecían cerradas a las mujeres, aún así, era políglota, dominaba 6 idiomas. Apasionada buscadora de la verdad, a los 30 años de edad (1921), mientras se encontraba de visita en casa de una amiga, logró hallarla con la lectura de la autobiografía de Santa Teresa de Jesús de Ávila. Se dice que en una sola noche Edith había leído y asimilado el texto teresiano. Cerró el libro y exclamó: "Aquí está la verdad" y decide convertirse al catolicismo. El 1 de enero de 1922, recibió el bautismo en la iglesia católica.

De 1923 a 1931 enseña en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena de Speyer. Además de las clases, escribe, traduce y da conferencias. De 1932 a 1933 es profesora en el Instituto Alemán de Pedagogía científica en Münster. Su fama de conferenciante traspasa las fronteras de Alemania y es invitada a hablar en Francia y Suiza. Cuando contaba con 32 años enseña en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena en Espira.

Desde su conversión deseó entrar en el Carmelo a pesar de la oposición de la familia, y su deseo se vio cumplido el 14 de octubre de 1933, a los 42 años, ingresando en el Carmelo de Colonia. Aquí cambia su nombre por el de Teresa Benedicta de la Cruz. Su familia hebrea, rompe con ella. El 21 de abril de 1935, domingo de Pascua de Resurrección, emite sus votos religiosos y tres años después, aquél mismo día, sus votos perpetuos. Su vida será ya una Cruz convertida en Pascua. Dentro del convento, por orden del Provincial, continúa sus estudios científicos. A medida que el nazismo se consolida en el poder su condición de judía es una amenaza para ella y para la comunidad.

El día 31 de diciembre de 1938 emigra a Holanda y se establece en el convento de Echt. Aquí la encomiendan, entre otros trabajos, un estudio sobre San Juan de la Cruz, y escribe La ciencia de la Cruz. El día 2 de agosto de 1942 es detenida por la Gestapo, junto con su hermana Rosa, también convertida al catolicismo, y llevada con otros religiosos y religiosas al campo de concentración de Amersfoort. Luego, en la noche entre el 3 y el 4 de agosto, los presos fueron trasladados al campo de Westerbork, situado en una zona completamente deshabitada al norte de Holanda.

El 9 de agosto de 1942, llegaba en el tren de la muerte al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Por su edad (51 años cumplidos), su baja estatura, sin signos externos de robustez, en la mentalidad nacista, no servía para trabajos forzados. La llevaron a la barraca 36, siendo marcada con el Nº 44.074 de deportación, para morir mártir de la fe cristiana a los 51 años de edad, en la casita blanca, víctima del Ciclón B: Ácido Cianhídrico; durante la persecución nazi, ofreciendo su holocausto por el pueblo de Israel. La ducha anunciada, en vez del agua deseada, emanó el tóxico ciclón B de la muerte casi instantánea. Su cuerpo sin vida fue calcinado con leña (todavía estábamos en agosto de 1942). No hay tumba. Las cenizas o huesos de la Hna. Edith se arrojaron en el campo adyacente. Hoy es un verde campo con cruces que plantan allí los grupos de peregrinos.

Mujer de singular inteligencia y cultura, ha dejado numerosos escritos de elevada doctrina y de honda espiritualidad. En 1962 se inició su proceso de beatificación. Teresa Benedicta de la Cruz dramática síntesis de nuestro tiempo, Mujer hija de Israel, Mártir por la fe en Cristo, y Víctima del exterminio judío, fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, el 1 de mayo de 1987. Su fiesta se celebra en el Carmelo Teresiano el 9 de agosto. El papa Juan Pablo II canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo, el 11 de Octubre de 1998 en la Basílica de San Pedro en Roma.

Del misterio de la Cruz a la libertad y de la libertad al amor… conversión para amar!!!

“Es el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, misterio de cruz y de esperanza, la ocasión casi definitiva que lleva a Edith a adentrarse, sin más miedos, en el camino de la fe, en la búsqueda decidida de Cristo. La situación fue proporcionada por una muerte: la de Adolf Reinach con quien se sentía estrechamente unida. Este hombre, filósofo sincero y buscador incansable, fue la antorcha que iluminó a Edith en el momento más profundo de su crisis…

En 1917 Edith Stein fue llamada por la viuda de Reinach para que le ayudase a preparar los manuscritos del difunto en vistas a una publicación. Ella, además de la tristeza, iba con el miedo de encontrarse con una viuda destrozada por el dolor. Sin embargo, la realidad fue bien distinta
[1].

Este encuentro produjo en ella una reacción de asombro. El encuentro con la cruz de Cristo hizo que todo su interior se tambalease, dominándola sin que ella pudiese controlarlo… en una de sus cartas a Roman Ingarden se delata su estado interior de sufrimiento y búsqueda de paz[2]. Pero ya antes de esta crisis se había lanzado a la lectura de las Confesiones de San Agustín… (y también,) se aventuró en la lectura del Nuevo Testamento, pues se había dado cuenta de que “había descubierto un mundo que se escapaba al estudio y a la investigación filosófica”…

Entendemos el enunciado tanto en clave vital como intelectual. El encuentro con la cruz de Cristo la conduce a profundizar el mensaje desde el punto de vista científico, y al mismo tiempo va a entablar una relación de amistad con Cristo que va a culminar en la conversión. La presencia del tema religioso en sus estudios científico-filosóficos es claramente constatable, si bien su objetivo no es meramente religioso.”
[3]

Por esos días dirá: “Yo puedo ansiar alcanzar la fe y por ello preocuparme con todas las fuerzas y no necesariamente serme concedida” (PK, p. 43) Y en su obra Psychische Kausalität (Causalidad Psíquica), “se delata, incluso, una experiencia profunda, casi mística, de la presencia de Dios en su vida… describiendo lo que seguramente fue su experiencia vivida a pesar de no ser aún cristiana
[4]:

“Existe un estado de quietud en Dios, de relajación de toda actividad intelectual, en que no se hacen planes, no se toman resoluciones, y no se actúa, si no que todo lo venidero se deja en manos de la voluntad divina, abandonándose a la Providencia. Esta suerte me fue deparada después de una experiencia, que sobrepasó mis fuerzas, que absorbió toda mi energía vital y que me privó de toda actividad. La quietud en Dios es algo totalmente nuevo y particular en contra de la negación de la actividad por falta de fuerza vital. En su lugar aparece el sentimiento de estar escondido, de estar liberado de todo problema, preocupación u obligación. Y mientras más me entrego a este sentimiento, me comienzo a llenar más y más de vida nueva, que me empuja a nuevas ocupaciones, sin que para ello actúe la voluntad. Esta energía vital aparece como flujo de una actividad y una fuerza que no son mías, y que sin ningún tipo de exigencias por mi parte, trabaja en mí”. (PK, p.76).

Ahora, Cristo nos ha traído la salvación para hacer de nosotros miembros de su Cuerpo Místico para darnos gratuitamente su amor en libertad. Somos de Cristo y su Iglesia por gracia de Dios y por voluntad libremente propia. No obstante, “el último fundamento sigue siendo… la vida interior; la formación del hombre va desde dentro hacia fuera. Cuanto más profundamente esté el alma unida a Dios, y cuanto más desinteresadamente se haya entregado a su gracia, tanto más fuerte será su influencia en la configuración de la Iglesia” (ESW XI, p. 145)

La ciencia del amor consiste entre otras cosas, en tomar conciencia del Amor que Dios nos tiene, conocernos a sí mismos en la libertad que Dios nos da, en saber recibir de Dios lo que nos quiera dar desde la esencia de nuestro propio ser (en la oración contemplativa o mística) y, saber transmitir, dar o compartir en libertad y amor a nuestros prójimos lo que gratuitamente recibimos de Dios. Esto es convertirnos al Amor.

Hombre interior = hombre libre para amar:

“Este enunciado descansa sobre el pensamiento steiniano, varias veces señalado, de que el centro del alma es el centro de la libertad (para el Amor). Libertad e interioridad son dos realidades que van estrechamente unidas en el ser espiritual del hombre, en su vida. El que quiere alcanzar la plenitud de su libertad (en y desde el Amor), debe necesariamente alcanzar su centro, es decir, debe interiorizarse. Entrar en sí es un acto del conocimiento personal, de la vida espiritual; es descubrir el interior para hacerse consciente de la propia realidad. Este conocimiento, este convertirse en hombre interior, es imprescindible para llegar a situarse en el centro de la propia libertad, puesto que el sentido último de la misma consiste en “seguir sin estorbos al Espíritu”, sabiendo que los obstáculos más grandes “yacen en nuestro propio interior” (Hochzeit des Lammes, en ESW XI, p. 131).

La libertad de la persona humana, aun siendo una realidad condicionada a su finitud, es algo específico de su personalidad y desempeña un papel constitutivo en el crecimiento del hombre, de tal modo que (negar el Amor) “negar la libertad es menguar posibilidad de ser, y de ser persona”[5] y “lo que ofrece por su libertad y para qué se entrega lo ofrecido, esto es lo que decide el destino de la persona” (OSP p.159). Por otro lado resulta lógico que la libertad sobre uno mismo se alcance sólo en la medida en que uno se va conociendo: “Pero el que vive recogido en la profundidad (diríamos, el que ama a sus hermanos desde la contemplación del Misterio del Amor) percibe igualmente las cosas pequeñas dentro de las grandes unidades; es el único que puede apreciar de una manera justa su importancia y ordenar su conducta de una manera adecuada. Sólo en él se orienta el alma hacia la información completa y hacia el perfeccionamiento de su ser” (EES p. 405 / SFSE p. 453).

Y es que sólo en la interioridad se capta “la esencia del alma” (EES p.402 / SFSE p. 451). El hombre interior en cuanto que vive en su centro alcanza la posibilidad del descubrimiento de Dios. Sólo desde aquí es posible un encuentro auténtico, fundamentalmente por dos razones. La primera –Edith se coloca en la tradición teresiana-, es porque Dios mora en el centro del alma. La segunda razón es que sólo desde su interioridad más profunda el hombre es más libre, y la unión con Dios en cuanto acto de amor exige la respuesta más libre que el hombre pueda dar. Y es en este acto donde se constituye la medida de la santidad del hombre que libremente otorga su voluntad a Dios. Como consecuencia Edith afirma que sólo aquí, en el centro de la libertad, es posible la unión mística de amor con Dios. Paralelamente situarse en el centro del alma conlleva un mayor conocimiento de sí y de Dios.

Este darse a Dios como realización de la “esencia más íntima del amor” es, en su sustancia, el acto más libre de que es capaz el hombre, “porque no dispone sólo de una emoción aislada, sino del conjunto del propio yo, de la propia persona” (EESp.417 / SFSE p. 467) y porque, en definitiva, “el amor es lo más libre que hay” (EES p. 409 / SFSE p. 459). “El don de sí a Dios es, al mismo tiempo, don al sí de Dios que es amado, y a la creación entera, es decir, a toda esencia espiritual unida a Dios” (EES p.420 / SFSE p. 470)”.
[6]

Algunas Siglas sobre Edith Stein utilizadas en este estudio:
EES
Endliches und ewiges Sein, ESW II
ESW Edith Stein Werke
OSP Die ontischeStruktur der Person, en ESW VI
PK Psychische Kausalität, Tübingen 1970
SFSE Ser finito y ser eterno, México 1994.

Textos Bíblicos para orar: Efesios 4,17-32; Lucas 14,25-35; Mateo 10, 17-42

Marcos 8, 34-38: Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino que a toda la gente, y les dijo: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo? Sepan que si alguno se averguenza de mí y de mis palabras en medio de esta gente adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre, rodeado de sus santos ángeles.”

Preguntas para reflexionar:
Desde mi encuentro de conversión con Dios ¿Cómo entiendo ahora aquella frase de “el amor es lo más libre que hay”?

¿Cómo respondo libremente a Dios en y por amor viviendo o experimentando mis cruces cotidianas?

¿Mis sequedades, desiertos, noches oscuras, enfermedades, muertes de seres queridos … cómo me están llevando a convertirme más a Dios con libertad, en fe, esperanza, amor y servicio a los demás?


Para meditar:
Lo permanente del vivir,
Es el camino del pensar.
Lo permanente del amar,
es el camino del ser.
Lo permanente del ser,
Es el camino del amor.


Iván Mora Pernía, Madrid, 14 de junio de 1992 (España)


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Notas:
[1] Así nos lo narra la hermana de Reinach, Pauline, presente en aquella ocasión: “A la muerte de mi hermano, muerto en Flandes en 1917, mi cuñada invitó a la Sierva de Dios a pasar por su casa para ayudarla con los manuscritos del difunto. Pude constatar cómo la Sierva de Dios fue trastornada (quedó sorprendida) al ver a mi cuñada aceptar la muerte de su marido con tanta fuerza y abandono. Entonces ella comprobó cuán grande y divino era el cristianismo. En esa época mi cuñada era aún protestante”, en Positio, pp.437-438.
[2] En primer lugar pedirte disculpas, porque últimamente he sufrido bajo la presión de los días tan duros que me han precedido y me siguen, de tal modo que no he tenido ni un momento de alegría. Sobre todo porque me resultaba imposible, ya que no tenía fuerzas, el contarte mi sufrimiento y de este modo llevar a tu vida más oscuridad en lugar de un poco de luz. Lo que ahora busco es tranquilidad y el restablecimiento de mi yo, que se encuentra totalmente destrozado” (Brief 24.12.17, en ESW XIV, p. 64).
[3] Cfr. Francisco Javier Sancho Fermín, “Edith Stein, Modelo y Maestra de Espiritualidad”, Monte Carmelo, Burgos 1997, pp. 137-139.
[4] Cfr. Ibidem, p.143.
[5] E.García Rojo, La constitución de la persona en Edith Stein, en RevEsp 50 (1991)343.
[6] Cfr. Francisco Javier Sancho Fermín, “Edith Stein, Modelo y Maestra de Espiritualidad”, Monte Carmelo, Burgos 1997, pp. 341-343.

15.1.09


Reinicio de actividades de la EMC -presencial-

Apreciados participantes de la Escuela de la Mística (presencial) les anunciamos el reinicio de las clases y actividades sobre el estudio de la Mística.

Lugar (como de costumbre): Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas de Los Chorros en Caracas.

Fecha: sábado 17 de enero de 2009

Hora: 8:30 am

Pueden iniciar este ciclo, nuevos participantes.

Recordamos que deben llevar, Muchos deseos de participar y querer ser orantes, cuaderno de notas, bolígrafo, Biblia (si tiene), y el aporte voluntario para las fotocopias y otros gastos que llamamos "diezmo místico"

Para más información por favor,
Contactar con secretaria EMC presencial: Carmen Herrera secretaria.mistica@gmail.com o por el teléfono: 0412-3637814

Gracias

Nota: Para los de la EMC cibernética, contactar con Fray Iván Mora Pernía, por escuelamc@gmail.com

19.10.08


26.9.08


El caminito para llegar al Dios contemplado
Ficha Nº 08
Ponente: Iván Mora Pernía, ocd

“Comprendí que el Amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y todos los lugares… en una palabra, !Que el Amor es eterno!... ¡Oh, Jesús, amor mío!... por fin, he hallado mi vocación. ¡Mi vocación es el Amor!” Santa Teresita de Lisieux (Ms B F.3vº)

Escala espiritual. Camino. Ascensión. Senda de perfección. Estados o grados:

“La vida del místico aparece en su transcurso general y en cada una de sus fases como una ascensión permanente o repetida desde un estado inicial hasta llegar a la cumbre de la experiencia espiritual. En la reflexión teológica sobre esta realidad observada, se intentará constantemente describir la ascensión y cada una de sus etapas en forma de escalas, en las que se distinguen grados diversos del amor o del conocimiento. El símbolo de todos los modelos de escalas espirituales es la escala del patriarca Jacob en Génesis 28,12.”
[1]
En la Ficha Nº 02 “Convirtiéndonos al misterio” recordábamos “que “mística” no será tanto el camino principal de adelantamiento espiritual que cada quien haga o busque sino más bien, la inefable unión de amor con Dios que cada uno(a) alcance. Ahora bien, en este camino de la contemplación y de la mística, los hijos de Dios convertidos a Él, son aquellos transformados y unidos con Dios y movidos por su Espíritu Santo. Y la puerta para enriquecer esta transformación y unión con Dios es la oración, el ejercicio o trato de amistad “con Aquel que sabemos nos ama”.
Con su Cántico Espiritual, San Juan de la Cruz nos regala un camino a descubrir y trabajar en orden al dinamismo de la vida espiritual por el que podría entrar aquel(a) que desee transitar bajo la acción del Espíritu Santo de Dios y convertirse al misterio de Dios, recibiendo gracia tras gracia.
Dinamismo de la Vida Espiritual o estados o vías de ejercicio espiritual
Vía purgativa -----= Principiantes ---= Búsqueda ansiosa
(meditación)
Vía iluminativa ----= Aprovechados ----= Encuentro de Amor
(contemplación)
Vía unitiva ---------= Perfectos ----------= Unión plena
(desposorio) (alta contemplación)
(matrimonio)
Estado beatífico ------= aspiración a gloria
a que aspira
Estas vías o estados de ejercicio espiritual para llegar a la alta contemplación son experimentadas de diverso modo por quienes toman la acertada determinación de convertirse al amor. Pero, para algunos, este camino se torna muy cuesta arriba porque no llegan a entender lo sabroso y medicinal de esta doctrina sanjuanista, se asustan con la exigencia radical. Se quedan tal vez, al lado del camino.

Santa Teresita del Niño Jesús, la carmelita francesa de Lisieux, proclamada el 19 de octubre de 1997 por Juan Pablo II, Doctora de la Iglesia, nos ilumina este recorrido del camino de la contemplación mística desde el amor (escalas espirituales), mostrándonos a su estilo, “un caminito”, y que no por parecernos “más sencillo” deja de ser desde el Evangelio, y desde su doctrina, radicalmente exigente. Es un “caminito” para llegar a la cumbre de la santidad, es decir, a la cumbre de la contemplación mística, en y desde el compromiso cristiano con los prójimos, en lo cotidiano.

El caminito: “La expresión “caminito” o “petite voie” aparece sólo dos veces en los escritos de Teresa (si bien ella la utilizase en la comunicación oral). Y esas dos veces, aparece precisamente cuando la Santa refiere en junio de 1897 (C 2v-3r) su gran descubrimiento (que había ocurrido en el otoño de 1894): encontrar “un caminito muy recto y muy corto, un pequeño camino totalmente nuevo” (“une petite voie bien droite, bien courte, une petite voie toute nouvelle”), distinto de la “dura escala de la perfección”, que ella, retenida por su “pequeñez” y sus “imperfecciones”, se halla demasiado pequeña para subir”. Esta nueva senda (“petite voie”) debe conducirla a la “cumbre de la santidad”, y consiste en hacerse conducir, como ·por un ascensor”, por “los brazos” de Jesús.

Bajo esas múltiples imágenes, el dinamismo de esta pequeña senda brota de la confianza en la misericordia divina, en el amor salvador y santificante de Dios al que muy pronto Teresa se ofrecerá como víctima, el 9 de junio de 1895.
Ese descubrimiento del caminito estuvo precedido y preparado por una larga búsqueda de la santidad (“desde siempre he deseado…”) y por una prolongada experiencia de la propia impotencia, (“he constatado siempre…”: C 2v). Desde que Teresa, a sus nueve años, se propone llegar a ser “una gran santa”, vislumbra que su ideal se realizará por un caminito “escondido”, en el que “los hechos deslumbrantes” (a la manera de Juana de Arco) no serían necesarios (A 32r); esta manera de ver la orienta hacia la vida oculta del Carmelo. En el Carmelo, teresa se esfuerza por “escalar” generosamente la “montaña del Amor” (Ct 110), proponiéndose “conquistar la palma” (Ct 55), “conquistar la santidad a punta de espada” (Ct 89),queriendo “amar a Jesús más de cuanto jamás ha sido amado” (Ct 74).
Pero al experimentar su propia debilidad, en 1893 Teresa se abandona más y más a la secreta acción santificadora del Señor (Ct 142). De hecho, a partir de este verano de 1893, Teresa avanza por su “caminito” (sinónimo de “camino de la infancia espiritual”, expresión ésta introducida por la Madre Inés y que Teresa nunca ha utilizado, aun cuando le agradase tanto la imagen bíblica del niño). Pero Teresa camina por esa senda como en la oscuridad, sin comprender bien cómo se las arreglará Jesús para convertir sus esfuerzos en progreso de santidad (Ct 142).
Esa comprensión le vendrá gracias a su descubrimiento del caminito, en el otoño de 1894. Aceptando en humildad su propia pequeñez, Teresa se sentirá invitada por el Señor, precisamente por ser “pequeña” (Prov 9,4: en la traducción que ella lee), y osará desde ese momento confiar y entregarse incondicionalmente en los brazos de Dios, “brazos” del Verbo Encarnado, que la “llevarán” y la colmarán de gracia, de amor y de santidad, “como una madre acaricia a su hijo” . Teresa se apercibe que a partir de ese momento deberá “hacerse cada vez más pequeña” (C 3v), cada vez más confiada en el amor maternal de Dios.
Cuando en 1895 la joven carmelita escriba su vida, después de las primeras líneas releerá toda su existencia a la luz deslumbrante de la “Misericordia”, a la que se ofrece como víctima el 9 de junio de 1895. Este acto de “Ofrecimiento” ya no es sino la última consecuencia y la expresión orante del caminito recién descubierto. Los primeros párrafos de esta oración de “Ofrecimiento” (Or 6, cfr. Apéndice Nro 01) expresan netamente las líneas de fuerza de su concepción del caminito:
1) “Deseo” de la “santidad”.
2) Experiencia de la propia “impotencia”.
3) Abandono a la acción de Dios, que será “El mismo de su santidad”.
4) Fe y convicción de la legitimidad de sus “deseos inmensos” a la luz del Amor salvífico de Jesús, “puesto que Vos me habéis amado –dice ella al Padre- hasta darme a vuestro Hijo único para que sea mi Salvador y mi Esposo”.

Sobre ese pedestal de fe en el Amor Misericordioso de Dios, y por otro lado, de la humilde aceptación de los propios límites, Teresa construye el puente de la confianza, por el que Dios viene a buscarla y llevarla hacia la ribera de la santidad.
En Septiembre de 1896, ya en el manuscrito B –verdadera carta magna del caminito, llamado aquí “pequeña doctrina “-, Teresa explica más a fondo su idea de “confianza” y de “abandono”, su “locura de esperar” en la acción del “Verbo Divino”, el cual de mil modos “se lanza” a nuestro encuentro, dado que El “ha venido a llamar a los pecadores”.
Pero ese manuscrito B, testigo de un crecimiento espiritual que en Teresa jamás se estanca, sitúa mejor el caminito en su contexto eclesial (él es la senda para realizar la vocación del amor “en el corazón de la Iglesia”), y define su universalidad, a la que Teresa invita a “todas las almas pequeñas” (B 5v y 1v). Y a la vez esboza el programa de las “pequeñas cosas”, las “nadas”, cuyo “valor” provendrá del “toque” de la mano del Señor (B 4r-v)
En la dirección espiritual dada a sus novicias, e incluso a sus hermanos misioneros, especialmente a Mauricio Bellière (Cf UC 12.8.2), Teresa orienta su caminito más expresamente a los detalles de la vida; lo concretiza en otras imágenes; lo circunscribe con descripciones características y definiciones sencillas y amplias. Cuando ella misma presenta su misión póstuma, en el centro de la enseñanza sitúa el caminito, modo de “hacer amar al buen Dios como yo lo amo” (UC 17.7)
[2].
Camino Seguro: “(“Ma voie est sûre”).—Palabras de Teresa en sus últimos días a propósito de su doctrina espiritual. Las pronunció en diálogo íntimo con sor María de la Trinidad, a propósito del “camino de la infancia” (“ma petite voie de confiance et d´amour”: Proceso Informativo, 454). Teresa promete que, si al llegar al cielo después de su muerte, viene a descubrir que su doctrina sobre el “camino de la confianza y amor” está equivocada, “yo misma obtendré el permiso de Dios para venir inmediatamente a advertíroslo. Entre tanto, creedme, mi camino es seguro, seguidlo fielmente”(ib.)
[3].

Abandono (abandonarse) a la acción de Dios: Abandono viene del verbo “Abandonar”: Dejar solos (algo o a alguien) apartándose (de ellos) – (Dejar una actividad, un lugar).

“Abandono” es virtud familiar de los Martin. Teresa podía leer esa palabra-lema en la vela del bajel (buque de vela) que le regaló Celina el día de Navidad de 1887 (cf. A 67v). Sin embargo, el sustantivo “abandono” no aparece en los escritos personales de Teresa antes del 6 de julio de 1893 (Ct 142), fecha en que el abandono pasa a ser, para ella, un verdadero concepto existencial, un camino concreto de santidad, preludio del descubrimiento de su “caminito”. El motivo de esta ausencia se debe a la generosa actitud de “conquista” activa, adoptada por Teresa hasta ese momento en su proceso de búsqueda de la santidad y de la perfección del amor.

Tras haber experimentado largamente su propia debilidad insuperable, y la inmensidad del amor de Dios al que ella no logra corresponder como se lo reclama el propio corazón (cf Ct 169: “jamás nosotras podremos hacer por El las locuras que El ha hecho por nosotras”), por fin en 1893 Teresa se rinde a la realidad de su propia impotencia, a la vez que se rinde a Jesús. Es El quien deberá llevar a cabo en ella la tarea santificadora: “El mérito no consiste ni en hacer ni en dar mucho, sino en recibir y amar mucho… Jesús me enseña a jugar a la banca del amor, o más bien es El quien juega a favor de ella sin decir cómo se las arregla…; pero todo eso se hace en paz, en el abandono: es Jesús quien lo hace todo en mí, yo no hago nada” (Ct 142).

Tras el descubrimiento del “caminito”, con la nueva luz que ese hecho aporta, el abandono “audaz” e incluso “temerario” (B 5r) aparece frecuentemente como una actitud general de confianza y de amor frente a la acción de Dios. El término “abandono” pasa a englobar todo el “caminito”: “A Jesús le place mostrarme el único camino que conduce a esta divina hoguera (del amor), y ese camino es el abandono del niñito que sin temor se duerme en los brazos de su Padre” (B 1r). “Jesús no pide grandes acciones, sino solamente abandono y gratitud” (B 1v). “Tú deberás navegar por el mar tempestuoso del mundo con el abandono y el amor de un niño que sabe que su Padre lo ama y no lo dejará en el momento del peligro” (Ct 128).

Hay por tanto una diferencia notable entre el abandono de Teresa muchacha, y el de la carmelita ya consumada. Antes de su ingreso al Carmelo (1888), y en los primeros años que siguen a su entrada, el abandono tiene su punto de arranque en las dificultades concretas, está acompañado de tristeza, y recae únicamente sobre el terreno estrecho de las pruebas soportadas. Después del hallazgo del “caminito” (otoño de 1894), el abandono nace ya de la visión de la Misericordia divina, produce gozo, y se convierte en una actitud que abarca toda la vida.

Con frecuencia la noción de abandono apenas se distingue, en los escritos de Teresa, de la noción de confianza amorosa, universal y duradera. En esos casos, el abandono parece ser como la faz de la confianza a lo largo del tiempo de espera que precede a la realización de los deseos. Cuando el abandono se refiere a la conformidad con la voluntad de Dios, tal como ésta se manifiesta en el presente o de cara al porvenir, se acerca y se parece más al amor que a la esperanza. En este sentido, el abandono de Teresa es una actitud llena de decisión vigilante: “Me guía sólo el abandono” (A 33r). “Cómo quisiera yo aplicarme a hacer siempre y con el mayor abandono la voluntad de Dios” (A 84v).

Su poema “El abandono es el fruto delicioso del amor” (P 54, Cfr. Apéndice Nro 02) ilumina bien el clima de felicidad, de paz, de gozo y libertad producidos por el abandono” [4].

Testimonio deTeresa de Lisieux: “Un caminito totalmente nuevo”

"¡Por qué caminos tan diferentes, Madre (María de Gonzaga), lleva el Señor a las almas! En la vida de los santos, vemos que hay muchos que no han querido dejar nada de sí mismos después de su muerte: ni el menor recuerdo, ni el menor escrito; hay otros, en cambio, como nuestra Madre santa Teresa, que han enriquecido a la Iglesia con sus sublimes revelaciones, sin temor alguno a revelar los secretos del Rey, a fin de que sea más conocido y más amado de las almas.
¿Cuál de estos dos tipos de santo agrada más a Dios? Me parece, Madre, que ambos le agradan por igual, pues todos ellos han seguido las mociones del Espíritu Santo, y el Señor dijo: Decid al justo que todo está bien. Sí, cuando sólo se busca la voluntad de Jesús, todo está bien. Por eso, yo, pobre florecita, obedezco a Jesús tratando de complacer a mi Madre querida.

Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo.

Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente.

Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de Sabiduría eterna: El que sea pequeñito, que venga a mí (Prov 9,4). Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el que pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré (Is 66,12-13). Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más”. Santa Teresita de Lisieux (Ms C F.2vº- F.3rº Capítulo X. La prueba de la fe).


Los secretos de Jesús: “Hermana querida, tú querrías escuchar los secretos que Jesús confía a tu hijita

[5]. Yo sé que esos secretos te los confía también a ti, pues fuiste tú quien me enseñó a recoger las enseñanzas divinas. Sin embargo, trataré de balbucir algunas palabras, aunque siento que a la palabra humana le resulta imposible expresar ciertas cosas que el corazón del hombre apenas si puede vislumbrar...

No creas que estoy nadando entre consuelos [6]. No, mi consuelo es no tenerlo en la tierra. Sin mostrarse, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y en la sequedad): «Este es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor» [7].

¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía... (Cf. Cant 8,7) Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono.

Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina . Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre... «El que sea pequeñito, que venga a mí» (Prov 9,4), dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que «a los pequeños se les compadece y perdona» (Sab 6,7). Y, en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día «el Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho» (Is. 40,11). Y como si todas esas promesas no bastaran, el mismo profeta, cuya mirada inspirada se hundía ya en las profundidades de la eternidad, exclama en nombre del Señor: «Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré» (Is 66, 12-13).

Sí, madrina querida, ante un lenguaje como éste, sólo cabe callar y llorar de agradecimiento y de amor... Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud, como dijo en el salmo XLIX: «No aceptaré un becerro de tu casa ni un cabrito de tus rebaños, pues las fieras de la selva son mías y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo... Si tuviera hambre, no te lo diría, pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?... Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y de acción de gracias» (Sal 49, 9-14).

He aquí, pues, todo lo que Jesús exige de nosotros. No tiene necesidad de nuestras obras, sino sólo de nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara que no tiene necesidad de decirnos si tiene hambre, no vacila en mendigar un poco de agua a la Samaritana. Tenía sed... Pero al decir: «Dame de beber» (Jn 4,7), lo que estaba pidiendo el Creador del universo era el amor de su pobre criatura. Tenía sed de amor...

Sí, me doy cuenta, más que nunca, de que Jesús está sediento. Entre los discípulos del mundo, sólo encuentra ingratos e indiferentes, y entre sus propios discípulos ¡qué pocos corazones encuentra que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito!” Santa Teresita de Lisieux (Ms B F.1rº- F.1vº Capítulo IX Mi vocación: El Amor).

El camino del amor: El camino del amor y de la confianza parece muy fácil. Causa la impresión, por lo menos a primera vista, de que no exige esfuerzo, de que basta dejarse arrastrar. Así lo han interpretado no pocos. Teresa se dio cuenta de que “su caminito”, si no se presentaba y entendía bien, se podía prestar a interpretaciones erradas y desorientar y extraviar a los que intentaban tomarlo. Ya había ocurrido algo semejante con la teoría de san Pablo sobre la “justificación por la fe sin las obras de la ley” (Cfr Rom 3,8; 6,1-11).

Una de sus novicias tenía la intención de exponerla a sus familiares y amigos. La Santa le advirtió: “Tenga mucho cuidado al explicarles, pues el “caminito” mal comprendido puede interpretarse como quietismo e iluminismo. Me explicó estas doctrinas que yo ignoraba. Recuerdo que me citó a la señora Guyon como hereje. Y me añadió: no se crea que seguir el camino del amor es seguir un camino de descanso, lleno de dulzuras y consuelos. Es todo lo contrario. Ofrecerse como víctima al Amor es entregarse sin reservas al beneplácito divino, disponerse a compartir con Jesús sus humillaciones y su amargo cáliz” (PA p.480).

Es cierto que a Teresa le gustaba la libertad, pero sabía amar de veras y se daba cuenta de lo que esto significa y conlleva. Esta expresión de “amar” o el sistema que todo lo reduce a esta actividad o ejercicio, puede tomar un sentido banal o superficial, como ocurre con cierta frecuencia. Pensamos en un sentimentalismo que pasa rápidamente y no influye apenas en nuestra conducta. Pero el amor verdadero une al amante con la persona amada, hace que le busque por todos los medios y que trate de complacerle, de hacerle feliz.

Teresa comprendió muy bien que Dios la amaba. Ante este amor no podía permanecer insensible. Había que reaccionar. Encontró en san Juan de la Cruz, el Doctor del amor, unas frases muy adecuadas para contemplar lo que tenía que hacer. “El amor sólo se paga con amor” y “las heridas de amor sólo se curan con amor” (Cant. Esp. Est. 9 y 11). Ella, por su parte, crea una frase, que expresa perfectamente su programa o pretensiones: “Amarte como tú me amas” exclama (C 35r) [8].

Teresa de Lisieux y la caridad: “Este año, Madre querida, Dios me ha concedido la gracia de comprender lo que es la caridad. Es cierto que también antes la comprendía, pero de manera imperfecta. No había profundizado en estas palabras de Jesús: «El segundo mandamiento es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22,39).

Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios. Y amándolo, comprendí que mi amor no podía expresarse tan sólo en palabras, porque: «No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de Dios» (Mt 7,21). Y esta voluntad, Jesús la dio a conocer muchas veces, debería decir que casi en cada página de su Evangelio. Pero en la última cena, cuando sabía que el corazón de sus discípulos ardía con un amor más vivo hacia él, que acababa de entregarse a ellos en el inefable misterio de la Eucaristía, aquel dulce Salvador quiso darles un mandamiento nuevo. Y les dijo, con inefable ternura: os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, que os améis unos a otros igual que yo os he amado. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros (Juan 13, 34-35).

¿Y cómo amó Jesús a sus discípulos, y por qué los amó? No, no eran sus cualidades naturales las que podían atraerle. Entre ellos y él la distancia era infinita. El era la Ciencia, la Sabiduría eterna; ellos eran unos pobres pescadores, ignorantes y llenos de pensamientos terrenos. Sin embargo, Jesús los llama sus amigos, sus hermanos (Cf. Jn 15,15). Quiere verles reinar con él en el reino de su Padre, y, para abrirles las puertas de ese reino, quiere morir en una cruz, pues dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Jn 15,13).

Madre querida, meditando estas palabras de Jesús, comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que no las amaba como las ama Dios. Sí, ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón: Nadie, dijo Jesús, enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa (Mt 5,15).
Yo pienso que esa lámpara representa a la caridad, que debe alumbrar y alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie.

Cuando el Señor mandó a su pueblo amar al prójimo como a sí mismo (Cf. Lv 19,18), todavía no había venido a la tierra. Por eso, sabiendo bien hasta qué grado se ama uno a sí mismo, no podía pedir a sus criaturas un amor mayor al prójimo. Pero cuando Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo -su mandamiento (Jn 15,12), como lo llama más adelante-, ya no habla de amar al prójimo como a uno mismo, sino de amarle como él, Jesús, le amó y como le amará hasta la consumación de los siglos...

Yo sé, Señor, que tú no mandas nada imposible. Tú conoces mejor que yo mi debilidad, mi imperfección. Tú sabes bien que yo nunca podría amar a mis hermanas como tú las amas, si tú mismo, Jesús mío, no las amaras también en mí. Y porque querías concederme esta gracia, por eso diste un mandamiento nuevo...

¡Y cómo amo este mandamiento, pues me da la certeza de que tu voluntad es amar tú en mí a todos los que me mandas amar...!

Sí, lo se: cuando soy caritativa, es únicamente Jesús quien actúa en mí. Cuanto más unida estoy a él, más amo a todas mis hermanas. Cuando quiero hacer que crezca en mí ese amor, y sobre todo cuando el demonio intenta poner ante los ojos de mi alma los defectos de tal o cual hermana que me cae menos simpática, me apresuro a buscar sus virtudes y sus buenos deseos, pienso que si la he visto caer una vez, puede haber conseguido un gran número de victorias que oculta por humildad, y que incluso lo que a mí me parece una falta puede muy bien ser, debido a la recta intención, un acto de virtud”. Santa Teresita de Lisieux (Ms C F.11vº-F.13rº Capítulo X La prueba de la fe)

Recordemos para finalizar por ahora que, en aquel tiempo muchas personas se ofrecían como víctimas a la justicia de Dios, en cambio santa Teresita, hizo un acto de ofrenda al amor misericordioso. Nos dice ella: “Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas a la justicia de Dios a fin de desviar y atraer sobre sí los castigos reservados a los culpables. Esta ofrenda me parecía grande y generosa, pero estaba muy lejos de sentirme inclinada a hacerla” (Ms A F.84rº) Y en su oración escrita como Acto de ofrenda al amor misericordioso (Nº1) nos aclara: “A fin de vivir en un acto de perfecto amor, YO ME OFREZCO COMO VÍCTIMA DE HOLOCAUSTO A TU AMOR MISERICORDIOSO”.

Textos Bíblicos: Marcos 10, 13-16 Dejen que los niños vengan a mí. Lucas 12, 22-34 No se inquieten de cómo vivirán. Marcos 9,33-37 Si alguno quiere ser el primero. Marcos 8, 34-38 El que quiera seguirme, tome su cruz. Marcos 12, 28-34 El mandamiento más importante. Lucas 12, 13-21 No está la vida en poseer.

Preguntas para ayudar a la reflexión:

¿Qué camino, senda o escala real en mi vida de oración y contemplación estoy siguiendo sanamente para encontrarme con el Amor de Dios y en el Amor a Dios?
¿Cuáles son mis caminos equivocados que me hacen sufrir y no amar como Dios desea que yo ame?
¿Cuáles y/o cómo son mis abandonos existenciales, materiales y espirituales que me llevan a entregarme como ofrenda al amor misericordioso de Dios?


Apéndice Nro 01:

Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso

Santa Teresita del Niño Jesús

J. M. J. T.

Ofrenda de mí misma, como víctima de holocausto,

al amor misericordioso de Dios.


¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas que están en la tierra y librar a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y alcanzar el puesto de gloria que me habéis preparado en vuestro reino. En una palabra, deseo ser santa, pero comprendo mi impotencia y os pido, ¡oh, Dios mío!, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado, hasta darme a vuestro único Hijo como Salvador y como Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos; os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su Corazón ardiendo de Amor.

Os ofrezco también todos los méritos de los santos (los que están en el cielo y en la tierra), sus actos de amor y los de los Santos Ángeles; en fin, os ofrezco, ¡oh Trinidad Bienaventurada!, el amor y los méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; en sus manos pongo mi ofrenda, rogándola que os la presente. Su divino hijo, mi Amado esposo, en los días de su vida mortal, nos dijo: «Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os será concedido». Estoy, pues, segura que escucharéis mis deseos; lo sé, ¡oh, Dios mío!, cuanto más queréis dar, más hacéis desear. Siento en mi corazón deseos inmensos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. ¡Ah!, puedo recibir la sagrada comunión con tanta frecuencia como lo desee; pero, Señor, ¿no sois vos Todopoderoso?... Permaneced en mí, como en el sagrario, no os apartéis jamás de vuestra pequeña hostia...

Quisiera consolaros de la ingratitud de los malos y os suplico que me quitéis la libertad de ofenderos; si por debilidad, caigo alguna vez, que inmediatamente vuestra divina mirada purifique mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego, que transforma todas las cosas en si mismo...

Os doy gracias, ¡Dios mío!, por todos los favores que me habéis concedido, en particular por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. Os contemplaré con gozo el último día, cuando llevéis el cetro de la cruz. Y ya que os habéis dignado hacerme participar de esta preciosa cruz, espero parecerme a vos en el cielo y ver brillar sobre mi cuerpo glorificado las sagradas llagas de vuestra Pasión...

Después del exilio de la tierra, espero ir a gozar de vos en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el cielo, sólo quiero trabajar por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro Sagrado Corazón y salvar almas que os amen eternamente.

A la tarde de esta vida, me presentaré delante de vos con las manos vacías, pues no os pido, Señor, que tengáis en cuenta mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas ante vuestros ojos. Quiero, por tanto, revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir de vuestro amor la posesión eterna de vos mismo. No quiero otro trono y otra corona que a Vos, ¡oh Amado mío!

A vuestros ojos el tiempo no es nada, un solo día es como mil años; vos podéis, pues, prepararme en un instante, para presentarme ante vos...

Para vivir en un acto de perfecto amor, ME OFREZCO COMO VÍCTIMA DE HOLOCAUSTO A VUESTRO AMOR MISERICORDIOSO, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!

Que este martirio, después de prepararme para presentarme ante vos, me haga finalmente morir y que mi alma se lance sin tardanza en el abrazo eterno de vuestro amor misericordioso...

Quiero, ¡oh, Amado mío!, a cada latido de mi corazón, renovar esta ofrenda un número infinito de veces, hasta que las sombras se hayan desvanecido y pueda repetiros mi amor en un cara a cara eterno...

María, Francisca, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, reí. carm. md.

Fiesta de la Santísima Trinidad, 9 de junio del año de gracia de 1895


Apéndice Nro. 02

El Abandono

“El abandono es el fruto delicioso del amor” San Agustín

Compuesta a petición de sor Teresa de San Agustín.


Hay en la tierra un árbol, árbol maravilloso,cuya raíz se encuentra,¡oh misterio!, en el cielo.

Acogido a su sombra, nada ni nadie te podrá alcanzar;sin miedo a la tormenta, bajo él puedes descansar.

El árbol inefable lleva por nombre «amor».Su fruto deleitable se llama «el abandono».

Ya en esta misma vida este fruto me da felicidad,mi alma se recrea con su divino aroma.

Al tocarlo mi mano, me parece un tesoro.Al llevarlo a la boca, me parece más dulce todavía.

Un mar de paz me da ya en este mundo,un océano de paz,y en esta paz profunda descanso para siempre.

El abandono, sólo el abandonoa tus brazos me entrega, ¡oh Jesús mío!,y es el que me hace vivir con la vida de tus elegidos.

A ti, divino Esposo, me abandono, y no quieronada más en la vida que tu dulce mirada.

Quiero sonreír siempre, dormirme en tu regazoy repetirte en él que te amo, mi Señor.

Como la margarita de amarilla corola,yo, florecilla humilde, abro al sol mi capullo.

Mi dulce sol de vida, mi amadísimo Rey,es tu divina hostia pequeña como yo...

El rayo luminoso de tu celeste llamanacer hace en mi alma el perfecto abandono.

Todas las criaturas pueden abandonarme,lo aceptaré sin queja y viviré a tu lado.

Y si tú me dejases, ¡oh divino tesoro!,aun viéndome privada de tus dulces caricias,seguiré sonriendo.

En paz yo esperaría, Jesús, tu vuelta,no interrumpiendo nunca mis cánticos de amor.

Nada, nada me inquieta, nada puede turbarme,más alto que la alondra sabe volar mi alma.

Encima de las nubes el cielo es siempre azul,y se tocan las playas del reino de mi Dios.

Espero en paz la gloria de la celeste patria,pues hallo en el copón el suave fruto¡el dulcísimo fruto del amor!

31 de mayo de 1897. - Compuesta por Santa Teresita del Niño Jesús.

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Citas:

[1] Cfr. Ulrico Köpf, Tubinga, Escala espiritual, en Diccionario de la Mística, Monte Carmelo, pp. 342-345

[2] Conrad De Meester, “Caminito (“petite voie”)” en Diccionario de Santa Teresa de Lisieux, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1997, pp. 88-91

[3] Tomás Alvarez, “Camino seguro” en Diccionario de Santa Teresa de Lisieux, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1997, p. 91

[4] Conrad De Meester, “Abandono (abandonarse) a la acción de Dios” en Diccionario de Santa Teresa de Lisieux, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1997, pp. 15-17.

[5] Teresa responde a una petición escrita de sor María del Sagrado Corazón en la que deseaba que Teresita le dejara un recuerdo de su retiro espiritual La Madre María de Gonzaga, de nuevo en el cargo de priora, se lo permite.

[6] Teresita había comenzado la redacción del Manuscrito B el 8 de septiembre de 1896 (contaba 23 años), y desde el 05 de abril final de la cuaresma, había entrado repentinamente en la noche de la fe, prueba que durará hasta su muerte y además había caido gravemente enferma.

[7] Estas palabras de nuestro Señor a santa Margarita María se hallan en un libro de la época, conservado en el Carmelo de Lisieux: “Pequeño breviario del Sagrado Corazón de Jesús”.

[8] Cfr. Francisco Ibarmia, “Teresa de Lisieux. Temas Fundamentales”, Editorial Monte Carmelo. Colección Karmel. 33. Burgos 1997, pp. 139-154.

Ponente: Iván Mora Pernía, ocd

01 Octubre Fiesta Santa Teresa del Niño Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia, de nuestra Orden http://santosocd.blogspot.com/search/label/Teresita%20del%20Ni%C3%B1o%20Jes%C3%BAs

Otra pág. dedicada a Santa Teresita: www.therese.com.mx

25.9.08


El misterio de la fenomenología mística
Ficha Nº 07
Ponente: Iván Mora Pernía, ocd

La fenomenología (del griego φαινομαι, fainomai, "mostrarse" o "aparecer", y λογος, logos, "razón" o "explicación") es un método filosófico que procede a partir del análisis intuitivo de los objetos tal como son dados a la conciencia cognoscente, a partir de lo cual busca inferir los rasgos esenciales de la experiencia y lo experimentado. De allí que, el concepto “Fenomenología” [1], provenga del movimiento filosófico del siglo XX que describe las estructuras de la experiencia tal y como se presentan en la conciencia, sin recurrir a teoría, deducción o suposiciones procedentes de otras disciplinas tales como las ciencias naturales.
Y es con la ayuda de la fenomenología de la religión como disciplina independiente dentro de la ciencia general de las religiones, que llegamos a estudiar, al menos en teoría, las descripciones sintéticas de los fenómenos objetivamente afines que, desde el punto de vista formal e intencional, son tipológicamente comparables. Así, la fenomenología de la religión, estudia los numerosos fenómenos que constituyen el mundo manifestativo y conceptual de las religiones, entre los que se cuentan la fe en Dios, el mito, el sacrificio, el culto y la oración, la mística, el profetismo, la ética, así como los enunciados histórico-teológicos acerca del tiempo de los orígenes y del tiempo del fin[2]
Los fenómenos místicos, son hechos o experiencias vividas o formas supremas de la experiencia religiosa de la relación personal con Dios.
“En la apreciación normal, mucha gente piensa que la mística es algo muy singular, reducido a unos pocos y de carácter anómalo; se tiene la idea de que es un asunto inusual, quizá de personas extravagantes o que, en todo caso, son sujetos de una materia especial. Incluso, gran parte de los cristianos conciben que la mística no tiene vigencia ni utilidad. Una mayoría, en el pasado y en el presente, piensa que mística es todo un espacio lleno rarezas que, en relación con las prácticas religiosas, se pueden producir en el estrato psicosomático de ciertos individuos. Es una parcela del maravillosismo, fenó­meno, que tanto ha impresionado siempre, incluso en los aledaños del cristianismo, sobre todo, desde la Edad Media. Ese mundo de lo anormal se explica por inter­venciones excepcionales de energías suprahumanas y tras­cendentes: ángeles y demonios, santos o duendes, dioses o Dios. Ciertamente, en el momento en que lo extraño tiene lugar en el hombre, también se interpreta «milagrosamente».

La palabra mística significa hecho «misterioso», secreto, religioso; su aplicación y contenido es de uso cristiano, del que pasó al registro se­cular… En la significación de secreto, hace referencia a la exégesis espiritual de la S. Escritura; es el análisis que estudia y profundiza en la expresión literal para llegar y desvelar el mensaje de salvación que guarda latente; de ahí, proviene sentido místico, sentido pleno de la Hermenéutica. Es preciso hacer una sabia lectura, más allá de las líneas, de esos textos semíticos, a través de su sensible mentalidad y de los géneros literarios peculiares, a fin de extraer la historia de salvación. Para ello, ilumina el Espíritu Santo, que ha inspirado esos textos; así, todo bautizado, mediante la fe, recibe la iluminación y puede llegar a ese conocimiento místico de las enseñanzas de la S. E. (1Jn 2,20.27).
Todo el A. y el N. T. hablan de Cristo y convergen en Él (Lc 24,45); de ahí que, «ignorar las Escrituras es ignorar a Jesucristo» dice S. Jerónimo. Es la exégesis de los Santos Padres griegos y latinos, desde Orígenes; y, así mismo, la de S. Juan de la Cruz, el místico por antonomasia del cristianismo. «Si la mística de S. Juan de la Cruz no fuese una mística de exégesis espiritual, ¿qué sería su experiencia cristiana? El valor de la mística de S. Juan de la Cruz se apoya, al menos en gran parte, sobre la legitimidad de su exégesis; es más, en esa labor de exegeta es, donde verdaderamente se hace grande: su mística trinitaria re­posa toda entera sobre su exégesis» (D. Barsotti, Vie mystique et mystére liturgique, París 1954, 38). En verdad, es en la Biblia, donde S. Juan de la Cruz instala fundamentalmente su experiencia y su doctrina sobre la vida mística cristiana; pero, la S. E. no es sólo señal o símbolo del misterio; la Palabra de Dios es ya el mismo misterio propiciado como elemento vital para el hombre…

… En el hecho místico, se dan muchos conceptos falsos. Las ciencias psicológicas y las experimentales modernas han replanteado que gran parte del conjunto de fenómenos: visiones, locuciones, levitaciones, estig­mas, éxtasis... puede ser algo natural, morboso casi siempre. La natura­leza en ciertas condiciones especiales, extraordinarias, reac­ciona anormalmente, o por constitución predispositiva, o por enfermedad y desequilibrio funcional -el sistema ner­vioso juega aquí un papel importante-, o por una práctica gim­nástica, ascética, a la que puede coadyuvar por contagio el ámbito periférico. O bien, puede darse una causa preternatural: la acción de seres superiores, sin excluir al demonio; o puede ser totalmente sobrenatural, Dios. Sin entrar aquí en los criterios que se emplean para dis­cernir en este delicado y arduo asunto, sólo indicamos que todo ese conjunto se ha llamado mística. En especial, el éxtasis ha atraído el interés de los eruditos y ha sido, para la mayoría, el indicio de mística sin más…

… Los hechos místicos, para muchos psiquiatras y psicólogos, sólo son casos, que se reducen al submundo de las patologías. Para otros, «lo místico» viene inserto profunda­mente en el plano biológico, es la expresión prominente de un sentir religioso, que gusta la necesaria existencia y conforma la difusión vital de rebasar la finitud inquietante. Algunos, de la escuela de Freud, piensan lógicamente que, no es más que la exaltación piadosa del erotismo. Por su parte, la psicología de lo profundo no duda en justificar ampliamente to­dos los matices de la manifestación mística; defiende que su expresión no se debe a anomalías ni conmociones de variable intensidad del ejercicio espiritual; la considera simplemente capacidades eminentes de carácter religioso; es el resultado del dinamismo psíquico natural y potente; esa acción dinámica desarrollada por una entrega vocacional y enorme devoción, se va sumergiendo de modo imperceptible en las capas del subconsciente. Delacroix admite que, en los que llama «místicos mayores», puede producirse una intervención racional a lo largo del proceso sub­consciente, en el curso de la práctica religiosa.

Lo cierto es, que la feno­menología externa no constituye la mística, es más, en el terreno de la recta teología católica de la gracia se admite que pueden tener lugar, en algunas ocasiones, no fantasías, sino gracias actuales de Dios, concedidas por su misteriosa voluntad; así mismo, es posible que se produzca una hondísima vida mística, sin que tengan que aparecer necesariamente experiencias fenomenológicas” [3].

Valoración teológica acerca de los fenómenos místicos:

Santa Teresa de Jesús se mantuvo y mostró siempre recelosa y cautelosa con sus propias experiencias, no quería ser o estar engañada; siempre se inclinó a la obediencia; y sentenció a sus monjas y hoy a nosotros: «Vuestro entender, si estáis aprovechadas, hijas, será en si entendiere cada una que es la más ruin de todas... y no en la que tiene más gustos en la oración y arrobamientos o visiones, o cosas de esta suerte, que hemos de aguardar al otro mundo para ver su valor. Estotro es moneda que se corre, es renta que no falta, son juros (títulos de la Corona) perpetuos y no censos (gravámenes) de alquitar» (Camino del Escorial 29,5). En la vida espiritual ese valor es el que tienen las virtudes sólidas como el de la humildad. Por el contrario, la vida mística (gustos, arrobamientos, visiones, etc.) tiene un valor relativo, ambiguo, temporal y coyuntural como los “censos” o gravámenes de “al quitar”. Lo que verdaderamente cuenta es el ejercicio de las virtudes.

San Juan de la Cruz en el libro segundo de Subida, cap. 21, declarará cómo, aunque Dios responde a lo que se le pide algunas veces, no gusta de que usen de tal término. Y prueba cómo aunque condesciende y responde, muchas veces se enoja; enfáticamente nos dice: «Tentar a Dios es querer tratarle por vías extraordinarias, cuales son las sobrenaturales» (2 Subida 21,1); “… porque no hay necesidad de nada de eso, pues hay razón natural y ley y doctrina evangélica, por donde muy bastantemente se pueden regir” (ib., 21,4).

Decimos además con esto que, la teología admite que el fenómeno místico extraordinario es un hecho histórico cierto, pero a su vez, insiste en su carácter accidental y secundario para el camino de santidad, de igual modo, valora y estudia la gran diversidad de dificultades fenomenológicas que obstaculizan la formulación de juicios de su sobrenaturalidad. Particularmente en nuestros tiempos la Iglesia suele actuar con cauteloso y esperado paso entre la superstición popular y la hipercrítica radical. De allí que, lo que se investiga en los procesos de beatificación por ejemplo, sean las virtudes heróicas. Todo lo fenomenológico se escudriña con fino espíritu crítico y no con espíritu de valoración. El beato o el santo se hace y se crece por y en sus virtudes.

Sin pretender agotar el tema (tan extenso en manifestaciones diversas y complejo mistéricamente), daré a manera de esquema, la descripción de estos fenómenos que plantea el P. Jesús Castellanos
[4] , para finalmente describir conceptualmente hablando, algunos de estos fenómenos místicos, al menos los más destacados.

Formas superiores del diálogo con Dios

"La contemplación.
a) Las formas superiores del diálogo con Dios pertenecen a ciertas expresiones superiores y singulares de vida cristiana que llamamos mística. Se caracterizan por la prevalencia de la acción de Dios por medio de su Espíritu. Son gracias interiores que Dios concede a las almas en función de su carisma eclesial; nadie puede conseguirlas por sus propias fuerzas.

b) Muchas de estas formas de oración suelen designarse con el nombre de contemplación; esta palabra no indica, como podría sugerirlo su procedencia griega, una prevalencia del entendimiento, sino más bien un acto vital unitario del entendimiento y de la voluntad que está más cerca del concepto bíblico de “conocer”.

c) La forma más sencilla de la contemplación es la oración de quietud o recogimiento infuso; esto quiere decir que la concentración de los sentidos y potencias es más fruto de la acción de Dios que del esfuerzo humano. El Señor infunde en el alma su luz y su amor hasta hacer vibrar toda la persona. Es el “agua viva” de la contemplación (cf. C30 ss; IV M 3).

Los fenómenos místicos.
a) A estas alturas de la vida de oración pueden surgir en las almas contemplativas, según la experiencia y la doctrina teresianas, algunos fenómenos extraordinarios. Su forma y su intensidad dependen en parte de la “aventura” espiritual de cada alma que los recibe y de su carisma personal en la Iglesia.

b) Damos aquí unas notas breves y esquemáticas sobre estos fenómenos tal como los describe Santa Teresa, para orientar en su significado y en su interpretación.

c) Todos estos fenómenos no constituyen la santidad, ya que ésta, según la Santa, consiste en la perfección del amor y en servicio eclesial. Sin embargo, pueden ser útiles para la persona que los recibe por su función purificativa e iluminativa y por el testimonio personal que puede dar a los demás, como es el caso de Santa Teresa, de la existencia de lo sobrenatural en su vida.

Formas y elementos de las gracias místicas:

En cada fenómeno místico podemos distinguir tres elementos principales:
- una gracia interior;
- una repercusión psicológica;
- un efecto moral.

a) La gracia interior:
Es el elemento más importante: la acción de Dios en el alma, enraizada en la condición bautismal, de cada cristiano.
Esta gracia puede ser:
- de iluminación: el Señor le hace penetrar interiormente la verdad; la instruye;
- de purificación: reforma y purifica desde lo más hondo del ser los sentimientos y actitudes;
- de fortaleza: la prepara interiormente para las grandes pruebas y empresas que ha de realizar para su gloria.

Todas estas gracias pueden revestir diversas formas:
- iluminación: por medio de fenómenos visivos o auditivos extraordinarios; o por una enseñanza infusa, serena y tranquila que infunde Dios;
- purificación: por medio de sentimientos con repercusiones somáticas (ímpetus, anhelos, éxtasis, heridas de amor) o por medios ordinarios (enfermedades, contradicciones, sufrimientos);
- comunicación de amor: a través de fenómenos extraordinarios (heridas de amor, transverberación) o por una infusión serena y profunda de paz, amor, fortaleza.
b) La repercusión psicológica. Pueden darse diversos fenómenos tal como los indica Santa Teresa:
- fenómenos visivos (cf. VI M 8-9):
- visión corporal;
- visión imaginaria;
- visión intelectual;
- locuciones (audiciones) (VI M 3)
- formadas (con palabras oídas); “hablas”: unas parece vienen de fuera, otras de lo muy interior del alma, otras de lo superior del alma, otras tan en lo exterior que se oyen con los oídos (parece voz formada), otras podrían ser “antojo” y con éstas últimas se debe tener mucha atención para no caer en errores de discernimiento.
- no formadas (con palabras no oídas, pero entendidas);

- fenómenos corporales (VI M 4-6; 10-11):
- éxtasis: el alma sale fuera de sí, con o sin el cuerpo;
- heridas de amor: infusión purificadora con sufrimiento físico o interior;
- ímpetus de muerte.
Todo esto designa alguna fase específica del proceso místico, como ensanchamiento, dilación, engrandecimiento del alma…
c) El efecto moral. Cada gracia es transformante; infunde en el alma las virtudes o las corrobora; prepara a grandes empresas. Los efectos principales de las gracias místicas son:
- fortaleza para sufrir y trabajar por Dios;
- caridad desbordante para servir a la Iglesia;
- humildad para conocer a Dios y conocerse interiormente.

Criterios de interpretación y valoración.
a) Lo principal de los fenómenos místicos son la gracia interior y sus efectos; los efectos de paz, humildad, amor, son los signos ciertos de que la gracia viene de Dios.

b) Anteriormente se daba mayor importancia a los fenómenos místicos en su aspecto externo; se catalogaban sus grados y formas; actualmente no es la cosa más importante; conservan su valor porque testimonian la radicación de la gracia en la existencia y experiencia humanas; pero se aprecia más el contenido eliminativo y transformante.
Cimas de vida mística.
a) Las formas más altas de la vida mística en la doctrina teresiana son esos estados que, según la terminología tradicional, inspirada en la Biblia y los Santos Padres, se llama matrimonio espiritual.
b) El desposorio espiritual representa una etapa previa y está caracterizada por esta afluencia de fenómenos místicos de que hemos hablado anteriormente (V M 4,3; VI M 1,1).
c) El matrimonio espiritual es la etapa final de este proceso. Es una gracia interior que sella la transformación progresiva del alma y la comunión con Dios y sus intereses. El don mutuo es perfecto e irrevocable. El alma se hace fecunda en frutos para la Iglesia (VII M) [5] .
Distinciones y conceptos fenomenológicos de la mística:
Carismas: (dones de la gracia). Los carismas son fenómenos y energías sobrenaturales atestiguados en todos los místicos, hombres y mujeres, y que, en caso de ser reconocidos por la Iglesia, se consideran como señales de santidad obradas por Dios, es decir, como milagros [6] .
Pero, “no resulta fácil definir el sentido preciso de carisma, ya que este término goza de una situación compleja. Del griego al castellano “carisma” viene de “un sustantivo derivado del verbo “jarízomai”, que significa mostrarse amable y generoso, regalar algo. El sufijo “-ma” indica el producto de la acción. Así pues, “járisma” significa “don generoso”, “regalo”… El rasgo principal del sentido específico es la diversidad de esos carismas: “Hay diversidad de dones” (1Cor 12,4); “tenemos carismas diferentes” (Rom 12,6). Esta diversidad debe entenderse en el sentido de que no todos tienen tal o cual carisma (cf. 1Cor 12,29-30). Así pues, los carismas no forman parte de las gracias fundamentales, necesarias a todo cristiano. Son dones particulares, distribuidos según el beneplácito de Dios para el bien de cada uno y la utilidad de todos.” [7]
EL DESPOSORIO ESPIRITUAL es descrito así por Santa Teresa de Jesús: “Estando el alma -aunque no sea en oración- tocada con alguna palabra que se acordó u oye de Dios, parece que Su Majestad desde lo interior del alma hace crecer la centella que dijimos y... que abrasada toda ella como un ave Fénix, queda renovada y -piadosamente se puede creer- perdonadas sus culpas... y así limpia, la junta consigo sin entender aún aquí nadie sino ellos dos... Lo que yo entiendo en este caso es que el alma nunca estuvo tan despierta para las cosas de Dios ni con tan gran luz y conocimiento de Su Majestad” 6 M 4, 3.
Juan de la Cruz dice que es: “un alto estado y unión de amor en que después de mucho ejercicio espiritual suele Dios poner al alma..., con el Verbo, Hijo de Dios”. Donde “comunica Dios al alma grandes cosas de sí, hermoseándola de grandeza y majestad, y arreándola de dones y virtudes, y vistiéndola de conocimiento y honra de Dios”. Cántico 14,2.
El Desposorio va acompañado, además, de otras muchas gracias extraordinarias entre las que se enumera:
(ARROBAMIENTO, O ARREBATAMIENTO, O RAPTO, O LEVANTAMIENTO, O ELEVAMIENTO, O ÉXTASIS): En Vida 20,1 Santa Teresa de Jesús dirá que éstos diferentes nombres todo es una cosa y también se llama éxtasis: Es cuando Dios suspende (saca de los sentidos) al alma en la oración. Dice Teresa, “porque si, estando en ellos (en los sentidos), se viese tan cerca de esta gran Majestad, no era (no sería) posible por ventura quedar con vida.
· Parece no anima (que no está) el alma en el cuerpo.
· Siente faltarle el calor natural, se va enfriando con suavidad y deleite.
· No hay remedio o manera de resistir.
· Sucede sin que el pensamiento esté prevenido, ni con ninguna ayuda.
· Viene un ímpetu tan acelerado y fuerte que uno se ve y se siente levantarse “esta águila caudalosa”
· Y no se sabe hacia donde.
· Algunas veces en público y muchas veces en secreto.
· La cabeza no se puede sostener y a veces también el cuerpo.
· Parece que por los pies le levantan fuerzas grandes.
· La persona queda agotada (Cfr., Vida 20).
· Es parecido o muy semejante al vuelo de Espíritu.
EL VUELO DE ESPÍRITU durante el cual el alma siente de tal manera la presencia de Jesucristo como si lo viese intelectualmente, no viéndole en realidad ni con los ojos del cuerpo ni con la imaginación: 6 M 5, 1. “Otra manera de arrobamientos hay o vuelo de espíritu le llamo yo -que, aunque todo es uno en la sustancia, en el interior se siente muy diferente- porque muy de presto algunas veces se siente un movimiento tan acelerado del alma que parece es arrebatado el espíritu con una velocidad que pone arto temor, en especial a los principios...¿Pensáis que es poca turbación estar una persona muy en su sentido y verse arrebatar el alma, y aún algunos hemos leído que el cuerpo con ella, sin saber adónde va, qué o quién la lleva, o cómo?, que al principio de este momentáneo movimiento no hay tanta certidumbre de que es Dios” 6 M 5, 1.
VISIÓN IMAGINARIA: (Más conforme a nuestro natural). Hablando de los arrebatamiéntos de espíritu (del vuelo de espíritu en este caso), explicará lo que es ésta visión imaginaria: “Parécele que toda junta ha estado en otra región muy diferente de en ésta que vivimos, adonde se le muestra otra luz tan diferente de la de acá que, si toda su vida ella la estuviera fabricando junto con otras cosas, fuera imposible alcanzarlas. Y acaece que, en un instante, le enseñan tantas cosas juntas que en muchos años que trabajara en ordenarlas con su imaginación y pensamiento no pudiera de mil partes la una. Esto no es visión intelectual sino imaginaria que se ve con los ojos del alma muy mejor que acá vemos con los del cuerpo, y sin palabras, se le da a entender algunas cosas; digo como, si ve algunos santos, los conoce como si los hubiera mucho tratado” 6 M 5, 7-8. Nuestro Señor le muestra claramente su sacratísima Humanidad de la manera que quiere. Queda esculpido en la imaginación. “Pasa presto” 6 M 8,3. Como un relámpago 6M 9,3.
HERIDA DE AMOR: “...esto parece un fuego que está humeando y puédese sufrir, aunque con pena..., andándose así esta alma abrasándose en sí misma, acaece muchas veces por un pensamiento muy ligero o por una palabra que oye de que se tarda el morir, venir de otra parte, no se entiende de dónde ni cómo, un golpe o como si viniese una saeta de fuego; no digo que es saeta mas cualquier cosa que sea, se ve claro que no podía proceder de nuestro natural. Tampoco es golpe, aunque digo golpe; mas agudamente hiere, y no es adonde se sienten acá las penas, a mi parecer, sino en lo muy hondo e íntimo del alma, adonde este rayo, que de presto pasa todo cuanto halla de esta tierra de nuestro natural y lo deja hecho polvos, que por el tiempo que dura es imposible tener memoria de cosa de nuestro ser; porque en un punto ata las potencias de manera que no quedan con ninguna libertad para cosa sino para las que le han de hacer acrecentar este dolor” 6 M 11,2. También 6 Moradas 2,1.
VISIÓN INTELECTUAL: “Acaece, estando el alma descuidada de que se le ha de hacer esta merced ni haber jamás pensado merecerla, que siente cabe sí (dentro de sí) a Jesucristo nuestro Señor, aunque no le ve ni con los ojos del cuerpo ni del alma… no podía entender qué cosa era, pues no la veía; y entendía tan cierto ser Jesucristo nuestro Señor el que se los mostraba de aquella suerte que no lo podía dudar… aunque entendía las palabras” 6 Moradas 8,2. Teresa de Jesús dice que esa gracia, dura muchos días, y aun más que un año alguna vez.Así como el desposorio se realiza durante un arrobamiento,
EL MATRIMONIO ESPIRITUAL ACONTECE durante una visión imaginaria (intelectual) de Cristo, dice Santa Teresa de Jesús: “La primera vez que Dios hace esta merced, quiere Su Majestad mostrarse a el alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que lo entienda bien y no esté ignorante de que recibe tan soberano don” 7 M 2, 1. San Juan de la Cruz dice que: “Es mucho más... que el desposorio espiritual, porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divina y Dios por participación, cuanto se puede en esta vida. Y así pienso que este estado nunca acaece sin que esté el alma en él confirmada en gracia, porque se confirma la fe de ambas partes, confirmándose aquí la de Dios en el alma. De donde éste es el más alto estado a que en esta vida se puede llegar”. (Cántico B 22,3)

Agregará Santa Teresa de Jesús: “En el matrimonio espiritual pasa (sucede en) esta secreta unión en el centro muy interior del alma... Aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual” 7 M 2, 3. “Quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual” 7 M 2, 3. “Y metida en aquella morada por visión intelectual, por cierta manera de representación de la verdad, se le muestra la Santísima Trinidad, todas tres Personas, con una inflamación que primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad... entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios... Notoriamente ve que están en lo interior de su alma, en lo muy interior; en una cosa muy honda -que no sabe decir cómo es, porque no tiene letras- siente en sí esta divina compañía” 7 M 1, 7-8. “Entonces representóseme por visión imaginaria, como otras veces, muy en lo interior, y diome su mano derecha y díjome: Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy; hasta ahora no lo habías merecido; de aquí adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía; mi honra es tuya y la tuya, mía” (Cuentas de Conciencia 25).
“La decoración externa de los fenómenos místicos no es necesaria para la santificación personal, y ni siquiera es indicativa. Santa Teresa nunca midió su santidad ni la de nadie con esos fenómenos místicos descritos y vividos por ella. el punto eje para discernir en estos casos está puesto en el ejercicio de las virtudes. “El místico que goza del matrimonio espiritual es un ser humano normal, que come, bebe, duerme, se divierte, etc. (cfr., 7 M 3,3). Las gracias místicas son... motivo y causa de un compromiso mayor y más eficiente” (Daniel de Pablo Maroto).
Teresa de Jesús dice: “De una cosa os aviso, que no penséis, aunque sean de Dios, seréis por eso mejores” 6 M 3,4. “Y que no piense que por tener una hermana cosas semejantes es mejor que las otras... sino mirar a las virtudes, y a quien con más mortificación y humildad y limpieza de conciencia sirviere a nuestro Señor, que ésa será la más santa” 6 M 8, 10.
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Citas:
[1] El fundador de la fenomenología, el filósofo alemán Edmund Husserl, introdujo este término en su libro Ideas. Introducción general a la fenomenología pura (1913).
[2] Cf., G. Lanczkowski, “Fenomenología de la religión”, en Diccionario de la Mística, Monte Carmelo, Burgos 200, pp.386-388.
[4] Cf., Jesús Castellano Cervera, Guiones de Doctrina Teresiana, Centro de Espiritualidad Santa Teresa, Desierto de las Palmas, Castellón, España,1981, pp. 33-44.
[5] Cf., Jesús Castellano Cervera, Idem supra.
[6] Cfr., Dinzelbacher, “Carismas”, en Diccionario de la Mística, Monte Carmelo, Burgos 2000, pp.197-198.
[7] Cfr., VANHOYE Albert, “Carisma”, en Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Paulinas, Madrid 1990. pp.282-288.

Ponente: Iván Mora Pernía, ocd.

Ser contemplativos desde lo
cotidianamente adverso o natural
Ficha Nº 06
Ponente: Iván Mora Pernía, ocd.

Como preparación al 89º Capítulo General OCD, en Avila, del 28 abril al 18 mayo 2003, el P. José Vicente Rodríguez, ocd, escribió una reflexión titulada “Las grandes líneas de la Espiritualidad Sanjuanista”. La tomamos en seguida, casi en su totalidad porque expresa vivamente con el contenido de forma y de fondo, el tema que nos ocupa: “Ser contemplativos desde lo cotidianamente adverso o natural”, entendiendo que esas “líneas maestras de la espiritualidad sanjuanista” nos ayudarán a asumir o a rechazar sanamente (dependiendo del caso) lo cotidianamente adverso o natural (1). El P. José Vicente escribe:

“En las Constituciones de la Orden se nos dice: "Dios preparó a la santa Madre con una vida y experiencia espiritual, que la iban a convertir en maestra y egregio modelo de nuestra vida. Pero hemos de ver la imagen viva del auténtico carmelita en nuestro padre san Juan de la Cruz, quien puede repetirnos aquella invitación del apóstol:'Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo' (1Cor 4, 16; 11, 1), ya que en su vida, actividades y doctrina se manifiesta esplendorosa la vocación del Carmelo renovado"(CC n.11).

Desde este dato fundamental de ser él imagen viva, icono y nuestro modelo de identificación, podemos discernir las líneas maestras de su espiritualidad (y mística), y desde esas líneas bien diseñadas podemos volver a repetir la invitación que él nos hace para imitarle o, dicho de otra manera, para parecernos a él como se deben parecer los hijos a los padres. Parecernos, no copiarle miméticamente, que esto es otra cosa.

I. Líneas maestras de la espiritualidad sanjuanista
Las líneas maestras de su espiritualidad (y que son líneas que también nos sirven para ser contemplativos desde lo cotidianamente adverso o natural) se descubren escrutando su vida y recorriendo su magisterio oral y escrito. Desde los datos o acontecimientos de su vida, se ilumina su doctrina, lo mismo que desde su doctrina se ilumina su vida y nos es dado conocer también por ese camino más y mejor su íntima biografía.

La vida de Juan de la Cruz no fue muy larga: 49 años. Vida con poca geografía , aunque recorriera dentro de la península ibérica unos 27.000 kilómetros. Los kilómetros de entonces tenían los mismos metros que los de ahora pero resultaban más largos y pesados por el estado de los caminos y los medios de trasporte. Con poca geografía, pero con mucha historia y doctrina, de las que se está beneficiando ahora mismo la Orden y pienso que se beneficiará cada vez más en el futuro.

¿Con qué criterio hay que mirar la vida de Juan de la Cruz?
Personalmente me gusta mirar la vida del santo desde un gran principio que formuló la santa Madre Teresa. En una de sus cartas dice a su destinataria María de San José, la famosa Priora de Sevilla y de Lisboa: "Ya debe estar hecha persona con los trabajos" =sufrimientos que ha pasado (Carta 1 de febrero de 1580, n.5).

Este juicio de valor acerca del sufrimiento, de las pruebas, de los trabajos en la construcción de la personalidad alcanzó en el caso y en la persona de Juan de la Cruz su mayor altura y aplicación a los ojos de la propia santa cuando su primer descalzo tuvo que afrontar la cárcel de Toledo, desde diciembre de 1577 a agosto de 1578. (no llegó a conocer la última persecución al santo, si no, no sé que hubiera dicho).

De hecho ella misma, que se había preocupado tanto porque fuera localizado y liberado de la prisión, cuando, ya libre, se entera de lo mucho que ha tenido que sufrir, llega a decir:"No merezco tanto como fray Juan para padecer tanto" (Carta a Roque de Huerta , fines de octubre de 1578).

La cárcel fue un punto cumbre, pero el aprendizaje para hacerse esa gran persona que conocemos, lo tuvo que emprender desde su más tierna infancia y lo siguió practicando hasta su muerte. Por lo que se refiere a sufrimientos a lo largo de su vida hay que señalar:

- su orfandad prematura, al morir su padre;

- la pobreza, cuasi miseria de la familia;

- la itinerancia con su madre por diversas tierras en busca de un medio de subsistencia digna.

- ya acogido al colegio de "los Doctrinos" en Medina del Campo, y después de enfermero en el Hospital medinense de las bubas, hospital de sifilíticos y otras enfermedades terminales, además del trabajo de los estudios y de la asistencia a los enfermos, le toca otra prueba especial: ir pidiendo limosna por las calles a feriantes y ciudadanos corrientes primero para el colegio y después para los enfermos. Este menester de pedir, de pordiosear (o sea, de pedir por amor de Dios) es siempre desagradable y expuesto a desprecios y desplantes, por más justa que sea la causa.

- Siendo ya carmelita descalzo, es cuando llueven más trabajos sobre él y en esa medida se va haciendo más y más persona, más rica en experiencia y santidad. Todos conocemos el episodio de la cárcel, al que ya he aludido. Nueve meses de encierro con todo lo que acompañó aquella soledad tan sola. Y recordad su última enfermedad y la infame persecución de Diego Evangelista en 1591. Vivió constantemente la ciencia de la cruz, que se fue convirtiendo en él en la teología, en la sabiduría, en la mística de la cruz, como lo ha visto con tanta perspicacia Edith Stein que ya en el prólogo de su obra La ciencia de la cruz, deja claro que el mensaje de la cruz es la clave para "comprender a San Juan de la Cruz en la unidad de su ser tal como se manifiesta en su vida y en sus escritos, y esto desde un punto de vista que permita captar plenamente", esa unidad y esa su personalidad.

El aspecto más positivo de esta su situación existencial de pruebas y cruces se ilumina magníficamente desde la canción 36 de su Cántico. Al comentar el verso: entremos más adentro en la espesura, señala que esa espesura es la vida de Dios tan llena de riquezas incomprensibles, en las que hay sabiduría y ciencia de Dios inmensa y profunda (n.10). También por esa espesura en que desea entrar se entiende muy propiamente "la espesura y multitud de los trabajos y tribulaciones en que desea esta alma entrar , por cuanto le es sabrosísimo y provechosísimo el padecer; porque el padecer le es medio para entrar más adentro en la espesura de la deleitable sabiduría de Dios" (n.12).

Juan de la Cruz fue entrando en la espesura de la sabiduría divina al mismo tiempo que entraba en la espesura de la cruz porque, como él mismo dirá, "el más puro padecer trae más íntimo y puro entender"(CB 36, 13). Desde esas dos espesuras experimentadas pudo legarnos el patrimonio de su doctrina espiritual riquísima.

¿Cuáles son, pues, las líneas maestras de esa espiritualidad sanjuanista?
No es tan difícil hacer una lista o un elenco de esas líneas más significativas y más presentes en los libros sanjuanistas y que sustentan, cada una a su modo, la doctrina, la exposición de las mismas y el mensaje que trasmiten.Enumero las siguientes:
1.- Espiritualidad del amor y de lo teologal
2.- Espiritualidad eclesial
3.- Espiritualidad cristologal
4.- Espiritualidad nupcial
5.- Espiritualidad bíblica
6.- Espiritualidad antropológica
7.- Espiritualidad humanística
8.- Espiritualidad apostólica
9.- Espiritualidad de liberación y libertad
10.- Espiritualidad de trascendencia e inmanencia
11.- Espiritualidad de lo cotidiano

Es claro que no os voy a fatigar exponiendo todos estos puntos. Voy a escoger sólo algunos, aunque quiero ya desde ahora decir que se da entre todos estos aspectos algo así como lo que sucede en los vasos comunicantes, de modo que las enseñanzas que se recaban de cada una de estas líneas terminan por fundirse en un solo mensaje e impulso.

1. Espiritualidad del amor y de lo teologal. Juan de la Cruz conocía muy bien la dispersión psicológica y moral existente en la persona humana. Con sus enseñanzas quiere aunar todas las energías puestas por Dios en la naturaleza humana. Sabe que la fuerza integradora más grande con que cuenta el hombre es el amor. Y no duda en orientar todo su magisterio a la conquista, a la posesión del amor. Por eso, tratando de simplificar el camino espiritual hacia Dios se centra como maestro y como guía práctico en el amor.

Así, cuando comienza a hablar de la noche activa de la voluntad nos sorprende con este planteamiento: todo lo que yo puedo enseñar y todo lo que el hombre espiritual tiene que hacer y vivir se encuentra escrito en el Deuteronomio cap.6, v.5:"Amarás a tu Señor Dios de todo tu corazón, y de toda tu ánima, y de toda tu fortaleza"(3S 16, 1). Lo mismo aquí que en otras ocasiones en que cita este texto del precepto del amor, asocia inmediatamente el paso bíblico del salmo 58, 10, que leía así en la Vulgata:"Fortitudinem meam ad te custodiam", que traduce:'mi fortaleza guardaré para ti". Y lo alega para subrayar con toda energía , (aunque el sentido bíblico no es ese de la fortaleza del alma sino de que Dios es su fortaleza) que puesto que "la fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo cual es gobernado por la voluntad", cuando la voluntad endereza a Dios todo este potencial humano y lo desvía de todo lo que no es Dios, "entonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y así viene a amar a Dios de toda su fortaleza"(Ibid., 2).

Si al hablar de la noche activa de la voluntad lo reduce todo a la caridad, al amor, no es menos explícito en esa reducción cuando habla de la noche pasiva del espíritu. Esa noche pasiva del espíritu, en la que se realiza en plenitud la noción de noche oscura, la manda el Señor para que centrándose y concentrándose el alma en Dios con amor total y absoluto "emplee sus fuerzas y virtud en este amor, y así venga a cumplir de veras con el primer precepto, que, no desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor, dice:"amarás a Dios de todo corazón, y de toda tu mente, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas (Deut 6,5)".

Este es uno de los textos más ricos de Juan de la Cruz, en los que enaltece mayormente la dignidad del ser humano. De hecho lo que enfatiza es que la unión con Dios se logra no desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor; es decir se trata no de desestimar, no de desechar, no de excluir nada del hombre, sino de asumirlo todo por entero. Queda excluido y desechado únicamente de esta asunción o sublimación lo que no es humano , lo que con una palabra llamamos el pecado. El pecado que no entra ni a constituir al hombre ni a definirlo en su ser, por más que haya cometido y cometa tantos pecados, errores y equivocaciones (Cfr. Florecillas de San Juan de la Cruz, p.183).

Para dar a esta línea de la espiritualidad del amor toda su fuerza (en la cotidianidad de nuestra existencia) y entender la dinámica que ha de tener el amor a Dios en el itinerario espiritual diseñado por Juan de la Cruz (y ser contemplativos allí en lo adverso o natural) hay que añadirle ese algo, ese no sé qué que le confiere el fenómeno o la realidad de lo que designamos con el nombre de el enamoramiento, o de estar, como él dice, en amores inflamada el alma, la persona humana. En esta clave hay que leer no sólo el Cántico Espiritual sino toda la doctrina sanjuanista. En la Subida del Monte Carmelo: 1, 14,1 lo deja él clarísimamente dicho:"...no solamente era menester...tener amor de su Esposo sino estar [el alma] inflamada de amor"; inflamada de amor significa: enamorada. Era menester, añadirá, "otra inflamación mayor de otro amor mejor, que es el de su Esposo".

En este epígrafe he añadido y de lo teologal , queriendo indicar que el itinerario del amor está hecho no sólo de la caridad sino también de la fe y la esperanza, como puede verse en la síntesis que ofrece desde estas tres virtudes en 2S cap. 6 y en 2N cap. 21, y conforme a lo que dice del modo más categórico:"estas tres virtudes teologales andan en uno"(2S 24, 8; cfr. 2S 29,6), es decir, funcionan al unísono en la vida espiritual y, donde hay esa vida, un acto de fe es al mismo tiempo acto de esperanza y de caridad; y un acto de esperanza es al mismo tiempo acto de fe y de caridad; y un acto de caridad es al mismo tiempo acto de fe y de esperanza. Es impresionante el programa teologal que lanza en una de sus cartas impulsando "a ir por el camino llano de la ley de Dios y de la Iglesia, y sólo vivir en fe oscura y verdadera, y esperanza cierta, y caridad entera, y esperar allá nuestros bienes, viviendo acá como peregrinos, pobres, desterrados, huérfanos, secos, sin camino y sin nada, esperándolo allá todo"(Carta del 12 de octubre de 1589 a doña Juana de Pedraza).

Por si alguien no tiene claro que no sólo se refiere Juan de la Cruz al precepto del amor a Dios sino del amor al prójimo, se puede leer la canción 13 del Cántico B, donde habla del desposorio espiritual y ya al final de la canción plantea cómo se podrá llegar a esa perfección en el amor. La respuesta es :"Y para seguir", es decir, conseguir esta caridad tan grande "hase (se ha) de ejercitar lo que de ella dice el apóstol: 'la caridad es paciente, es benigna...', etc. y alega todo el texto del himno a la caridad de 1Cor 13, 4-7). Así habla de la caridad, del amor fraterno con que tenemos que amarnos unos a otros y con ese mismo amor fraterno hay que amar a Cristo, nuestro hermano.

Esta línea del amor y de lo teologal es la primera y más principal y las demás vienen a ser variaciones o modulaciones diversas de esta melodía… aquí está lo más esencial no sólo para la vida de cualquier cristiano, sino también de cualquier religioso, y de cualquier carmelita descalzo.

2. Espiritualidad eclesial. El objetivo primordial y total de todo el magisterio sanjuanista es la unión con Dios. Ya en las primeras líneas de la Subida del Monte Carmelo, seleccionando o escogiendo su lenguaje cambia la palabra perfección por la unión del alma con Dios (Subida, argumento del libro), queriendo que el lector entienda que unión con Dios es mucho más personal e interrelacional que no la palabra perfección. Así quedan ya desde el principio identificados los protagonistas de toda su doctrina, como lo son de toda la vida espiritual, Dios y el hombre: los dos amantes, aunque dirá bien claro : el principal amante es DIOS (CB 31, 2).

Al ir desentrañando esta realidad relacional, se ha encontrado con lo más profundo de la Iglesia de Dios. Pablo VI subrayó con gran fuerza que "la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jerárquica, en la sagrada liturgia, en los sacramentos, en la articulación de sus instituciones; sino que su esencia íntima, la fuente original de la eficacia con que santifica a los hombres, radica en su mística unión con Cristo"(Pablo VI, sesión de clausura de la tercera etapa conciliar: 21-XI-1964:AAS., 56 (1964) 1014).

Al ser la unión perfecta con Dios, por una parte, el núcleo central y la esencia íntima de la Iglesia y, por otra, la aspiración más alta de la vida espiritual, es claro que cuando Juan de la Cruz trata de esa unión con Dios está, equivalentemente, hablando de la Iglesia. De esa Iglesia que, según el Concilio, "es en Cristo como (veluti) sacramento, es decir, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1); constituida por Dios "para que sea para todos y cada uno sacramento de esta unidad salvífica de los hombres en Cristo"; "La Iglesia sacramento universal de salvación"(LG 48), "que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre"(GS 45).

De la eficacia eclesial que nace de ese amor, es decir, de esa sustancia o esencia o razón de ser de la Iglesia, habla extraordinariamente bien Juan de la Cruz en la famosa canción 29 de su Cántico B: pues ya si en el ejido (2) ..., donde proclama "lo mucho que aprovecha e importa a la Iglesia un poquito de ese amor "(CB 29, 2) puro y perfecto. Y, aunque no se haya llegado a esas alturas pronostica que cuanto más brotare la actividad apostólica del encuentro con Dios y de su vida de oración tanto más provecho harán a la Iglesia los distribuidores de la palabra y de los misterios de Dios (Ibid., 3). Para vislumbrar las riquezas mentales que contienen los escritos sanjuanistas y las aplicaciones prácticas que se derivan de ese su magisterio, nada mejor que fijarse en la identificación señalada: unión del alma con Dios tema principal sanjuanista y mística unión con Cristo, esencia íntima de la Iglesia.

Pongo un ejemplo clarificador: cuando Juan de la Cruz denuncia los desastres que causan en la vida espiritual de las personas, es decir, en su vida de unión con Dios, los directores ineptos, no se queda en ese simple daño a esta o a la otra persona sino que, se trata de un daño o perjuicio eclesial, de perjuicio a toda la sociedad eclesial. Hay quien sigue pensando que la doctrina de Juan de la Cruz es demasiado individualista o personalista. Nada más falso. Del modo más amplio dice todo lo contrario, y lo hace cuando comenta el verso de su canción 30 haremos las guirnaldas (3) y explica:"este versillo se entiende harto propiamente de la Iglesia y de Cristo, en el cual la Iglesia, Esposa suya, habla con él, diciendo: haremos las guirnaldas; entendiendo por guirnaldas todas las almas santas engendradas por Cristo en la Iglesia"(CB 30, 7). Así reconvierte todo su lenguaje del alma esposa a la Iglesia Esposa, situando su doctrina en la dimensión eclesial más pura, de modo que las alegrías de las almas son alegrías eclesiales y los daños de las almas desastres y daños eclesiales. Y pintando el gozo de Cristo: "este amoroso Pastor y Esposo del alma, es admirable cosa de ver el placer que tiene y gozo de ver al alma ya así ganada y perfeccionada, puesta en sus hombros y asida con sus manos en esta deseada junta y unión". Este Buen Pastor no se guarda para sí esta alegría sino que convoca a la Iglesia entera , haciendo "partícipes a los ángeles y almas santas de su alegría" (CB 22, 1). Desde estos planteamientos se entiende perfectamente que todo nuestro apostolado, todas nuestras atenciones espirituales a cualquier alma son de tipo y de alcance eclesial; y por eso habrá que cuidarlas al máximo.

Cerrando ya este apartado quiero subrayar algo bien importante: Si la doctrina de Juan de la Cruz "acerca de la unión con Dios es tan excelente, su magisterio eclesial lo es en igual medida y por la misma razón. La eclesiología más honda que ha de nacer de las enseñanzas del Concilio Vaticano II estaba ya escrita ante litteram por el doctor místico que, además de expositor de esa realidad eclesial más vital y sustancial, es testigo experiencial. Pablo VI dejó dicho de una vez para siempre el 2 de octubre de 1974: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros es porque son testigos". Así hay que escuchar a Juan de la Cruz: maestro porque testigo" (Cfr. José Vicente, Rev. de Espiritualidad 49 (1990), 495).

3. Espiritualidad cristologal:
Uso la palabra cristologal, no cristológica: cristológica suena a algo abstracto, cristologal a algo vital y concreto, lo mismo que teologal es más concreto que teológico y más personal. Esto lo digo, sin ignorar que hay lenguas en las que no se da acaso esta diferencia de matices en los vocablos.

Para configurar este tipo de espiritualidad, aparte lo ya encerrado en la espiritualidad eclesial, en la que Cristo es el Esposo de la Iglesia y la Iglesia y las almas las esposas, hay que atender a los varios capítulos sanjuanistas sobre la misión de Cristo en la vida del mundo, de los hombres, de la Iglesia. La doctrina vertida en esos lugares sobre el misterio de Cristo y sus dimensiones (cfr. CB 36, 10-13; CB 37, 3-5) es de un espectro tan amplio que hace que todo lo que se refiere a Él quede constituido en clave de interpretación total o de todo su magisterio. Y además hay está la piedra de toque para las aplicaciones y vivencias prácticas que tienen que configurar la vida espiritual del cristiano (Y para lo que nos ocupa como tema, esa misión de Cristo y sus dimensiones en la vida del mundo, es lo que debe nutrir nuestra misión de ser contemplativos desde lo cotidianamente adverso o natural).

Todos conocemos el vigor con que está escrito el cap.22 del libro 2º de la Subida, cuando interpretando el inicio de la Carta a los Hebreos:' multifariam multisque modis olim Deus loquens....etc., (Y es como si dijera: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos mudos y de muchas maneras, ahora a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. Heb 1,1-2), y comenta rápido:"En lo cual da a entender el apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su Hijo"(2S 22, 4). Desde ahí combate las pretensiones de quienes quieren preguntar a Dios, de quienes quieren pedirle más revelación como si no tuviéramos lo necesario y suficiente en la persona de Cristo. Hacer esto implica un doble agravio: al Padre Eterno y a Cristo Jesús al mismo tiempo. La fuerza expresiva de esas páginas es enorme como cuando tratando de exponer más y mejor su pensamiento dice que "en darnos [el Padre Celestial] como nos dio, a su Hijo, que es una(=la única) Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar" (2S 22, 3). Más adelante, a pesar de haber dicho que el Padre Celestial se ha quedado como mudo le hace hablar largamente y hasta cita el Padre Celestial a San Pablo. En esa especie de reprimenda del Padre a quien busca algo fuera de Cristo (4) dice entre otras cosas:"Lo cual [es decir todo] os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dandóosle por Hermano, Compañero, y Maestro, Precio y Premio" (ibid., 5). Este capítulo con algunas de sus cláusulas fue citado en el Concilio Vaticano II, en la sesión 92 del 1 de octubre de 1964, por 67 padres Conciliares africanos, encabezados por el entonces arzobispo y más tarde Cardenal Zoungrana, para corregir y enriquecer el esquema de la Constitución DEI VERBUM.

4. Espiritualidad bíblica:
La Biblia es una de las fuentes de sus escritos, como el mismo Juan de la Cruz lo señala al comienzo de sus grandes libros (Subida, prólogo 2; CB, prólogo 4; CA, prólogo, 4; Ll B, prólogo, 1; Ll A, prólogo 1). Era su libro de cabecera; era su viático para los largos caminos que tuvo que recorrer. Cuando en 1585 en Lisboa los capitulares se van a ver a la famosa monja de las llagas, él, desconfiando abiertamente de aquellos prodigios y tachándolos de fraudes, se iba a la orilla del mar con la Biblia y allí leía y meditaba la Palabra de Dios. En sus escritos la presencia de la Sagrada Escritura /no usa nunca la palabra Biblia/ es tan abundante que no sólo le sirve para cimentar sus grandes ideas sino para sacar de ella ejemplos y figuras con que enriquecer su exposición. Su Cántico Espiritual es como el Cántico Espiritual de un místico. Hay estrofas tan adheridas a la letra del Cantar de los Cantares que no lo pueden estar más. Así, por ejemplo, de la canción 23: Debajo del manzano/ allí conmigo fuiste desposada/, etc., dice:"Lo que en esta canción se contiene, a la letra dice el mismo Esposo a la Esposa en los Cantares" (CB 23, 5).

Más que de la letra, aunque hay tanta letra bíblica en sus escritos, lo que triunfa en el magisterio sanjuanista es el espíritu de la palabra inspirada. Si nos fijamos en el uso que hacía Juan de la Cruz en sus comunidades, animando la vida de las mismas con la palabra de Dios, entonces comprendemos mejor la importancia que tiene esa misma palabra bíblica en sus escritos. Escuchamos el testimonio de fray Juan Evangelista, compañero, amigo y confesor del santo. Dice así:"...y en esto de hablar de Dios y exponer lugares de la Escritura asombraba, porque no le pidieran lugar que no lo dijera con muchas explicaciones; y en las recreaciones algunas veces se gastaba la hora. y mucho más, en exponer lugares que le preguntaban. Sería nunca acabar tratar de esto" (BMC 10, 341).

Y Fernando de la Madre de Dios que vivió con el Santo en varios conventos y que era Suprior en Ubeda cuando allí murió fray Juan, certifica:"tenía don particular del cielo y grande eminencia para declarar cualesquier dificultades que se ofrecían de la Sagrada Escritura"(BMC 14, 144). Ese mismo declara sobre el arte de fray Juan en explicar "cualquier salmo o pasos de la Semana Santa" (BMC 14, 325). Lo que estos y otros testigos llaman "don particular", "arte" exegético nosotros lo llamaríamos, lo llamamos carisma (5).

5. Espiritualidad de lo cotidiano.
Aquí entraría lo que Juan de la Cruz pretende:
* al escribir las Cautelas y enseñar a vivir las virtudes teologales en la vida comunitaria, la fe, fundamento de la obediencia, la esperanza, vida de la pobreza, la caridad, ideal de la castidad. Entra también en este tema de lo cotidiano:

* su estilo de hacer comunidad * educando en la sencillez evangélica,

* en el trabajo,

* en la alegría, ahuyentando la melancolía, la antepasada de las actuales depresiones,

* en la atención exquisita a los enfermos de la comunidad contándoles chistes, poniéndoles música y otras mil invenciones de su amor fraterno, practicando lo que se llamaría geloterapia: curación provocando la risa y meloterapia: curación por medio de la música.

* en cómo enseñaba a leer y estudiar la Biblia como escuela y vehículo de enamoramiento de Dios, encontrado en ella "edificación, exhortación y consolación"(1Cor 14, 3).

* en su arte de reprender evangélicamente,

* en el acompañamiento a sus religiosos en el ejercicio de la oración, aclarando a cada uno las dificultades que pudiera tener en esa vía y vida de oración;

* en enseñarles a leer la presencia de Dios en la naturaleza, etc., etc.,

* en las exhortaciones que les hacía, particularmente a última hora de la jornada, no omitiendo nunca algún buen consejo, alguna buena consideración. A esto daba tal importancia que a veces había pasado todo el día en cama por sentirse mal; cuando estaba para terminar la cena o colación se presentaba en el refectorio y tenía la exhortación correspondiente. Era algo así como las buenas noches que introdujo don Bosco en su congregación salesiana.

Aparte los errores que Juan de la Cruz pudiera cometer, y de los que era bien consciente, hay que atender a su secreto pedagógico del más claro estilo teresiano, conforme al consejo que la Santa daba a las Prioras de sus monasterios:"Procure ser amada para que sea obedecida" (Constituciones 1567-1568, n.34). De hecho , "fue tan amado de sus súbditos como si fuera su padre de cada uno"(BMC 14, pp. 12-13: declara Martín de San José). Así habla uno de sus religiosos, y otro declara:"con los religiosos trataba como hermano, con mucha llaneza" y cuando mandaba alguna cosa a los religiosos de la comunidad él era el primero en hacerla (BMC 14, p.64: declara Inocencio de San Andrés).

Nos podríamos extender en otros aspectos de la vida comunitaria, de la vida de cada día, tal como el santo la entendía y tal como la implantó, fijándonos, por ejemplo, en el mundo litúrgico-oracional, del que era muy cuidadoso; en la ley del trabajo; en las dos horas de recreación de cada día, en las recreaciones extraordinarias; en el estilo de vida en que le estuvo informando la Santa cuando se lo llevó medio secuestrado a la fundación del monasterio de Valladolid y allí lo tuvo instruyéndolo como a dócil novicio, entre otras cosas "en el estilo de hermandad y recreación que tenemos juntas"(Fundaciones 13, 5)

Todo lo que pudiéramos decir aquí de lo mucho que enseña Juan de la Cruz acerca de lo más cotidiano con palabras y obras, me hace pensar en el caso de la Santa Madre Teresa. Ella, después de escribir tan altamente en los primeros capítulos de las Séptimas Moradas acerca del matrimonio espiritual, en el capítulo cuarto y último aterriza en lo que es tarea de cada día y de cada momento, las virtudes intracomunitarias: caridad, humildad, oración de unas por otras, ejemplaridad mutua, apostolado recíproco, etc., Así hacía Juan de la Cruz, enseñando a tener los pies bien plantados en el suelo, aunque el corazón anduviese por el cielo. En esta línea de lo cotidiano vivido con amor, con fidelidad, con espíritu tienen que encontrarse todas las aportaciones de las otras líneas de la espiritualidad sanjuanista, vivificando esta fidelidad y dejándose vivificar por ella. Aquí como en la cosa litúrgica, lo externo ha de ser expresión de lo interior y al mismo tiempo camino y lugar para aumentar esas mismas riquezas interiores.

II. Modelo de identificación carmelitana
(Aquí veremos a Cristo Encarnado como el máximo y gran modelo a seguir. Juan de la Cruz nos muestra el verdadero seguimiento a Cristo en sus actitudes de vida y en lo que cotidianamente vive. Nos lleva a Cristo con el ejemplo de su vida) Para que las líneas principales de su espiritualidad incidan claramente en la vida práctica personal y de nuestras comunidades habría que considerar a Juan de la Cruz como modelo de identificación en tantos aspectos. Basta enumerar los siguientes:

1.- modelo de identificación en su amor a la palabra de Dios, a la Biblia. Aparte lo ya dicho, basta pensarlo por los caminos recitando, el capítulo 17 de San Juan. Era su oración preferida por los caminos la oración sacerdotal de Cristo. En la Regla carmelitana encontraba ya tantos textos bíblicos explícitos y tantos otros implícitos, que comentaba a los religiosos conforme a lo que se ordenaba al prior local en las Constituciones: "Los priores de los conventos están obligados a amonestar y corregir a sus súbditos y hacer leer cada viernes la Regla y declararla o hacerla declarar a otros"(Pars IIª, cap. 5 al principio). Explicando, además, a los religiosos textos bíblicos durante horas, en la recreación y saltándose los horarios. No es extraño que dijesen que sacaban más fruto de las recreaciones así pasadas con el padre fray Juan que de las horas de oración mental. Además de hablar y explicar la Biblia en las recreaciones, lo hacía en el refectorio y en el capítulo conventual.

2.- modelo de identificación en su amor al trabajo, en la laboriosidad tan recomendada en la Regla carmelitana, trabajo intelectual, apostólico, manual el suyo. Ejemplar en el trabajo manual ordinario de las comunidades y en el extraordinario, como puede ser la acomodación de la morada conventual, como por ejemplo en Duruelo, donde trabajó de sol a sol; o en la edificación del nuevo convento de Segovia donde trabajó como peón de albañil. Uno de los religiosos que estaba entonces allí con él Pablo dice admirado de cómo se entregaba al trabajo:"... en lo más riguroso del invierno y con mucha nieve se iba sin reparo en los pies a la cantera donde se sacaba la piedra a ser sobrestante de los peones, y nevando y granizando su cabeza y calva descubierta, parece que pegaba fuego a todos. Y muchos días de éstos, con ser de edad, comía a la una del día sin haberse desayunado...; que parecía más de bronce que de carne" (Pablo de Santa María: declaración desde Villanueva de la Jara, 8 de noviembre de 1614:BMC 13, p.375).

3.- modelo de identificación en su amor a la naturaleza y en saber servirse de ella para subir a Dios, para alabarle y glorificarle con el mejor espíritu de oración. Juan de la Cruz certifica desde su experiencia múltiple: "hay almas que se mueven mucho en Dios (=hacia Dios, en su camino a Dios) por los objetos sensibles" (3S 24,4). Una de esas personas era el propio Juan de la Cruz, por artista y santo; y desde lo sensible subía a Dios, a ese Dios, de cuya trascendencia, inmanencia y condescendencia están llenos sus libros. Este camino ascensional era también el que enseñaba a sus religiosos y a otras personas.

4.- modelo en su entrega a la oración y contemplación. Estoy seguro de que él se entregó a esta tarea tan carmelitana más que todos los más celotes que comenzaban a alardear de retiro contemplativo, de amor a la soledad y al silencio. Para enjuiciar toda esta su entrega al diálogo con Dios nada mejor que recordar la estupenda noción de contemplación que daba Pablo VI en el Concilio cuando configura la imagen del Señor tal como la ha querido el Concilio : " que Dios sí existe, que es real, que es viviente, que es personal, que es providente, que es infinitamente bueno; más aún, no sólo bueno en sí, sino inmensamente bueno para nosotros, nuestro creador, nuestra verdad, nuestra felicidad", añade:"de tal modo que el esfuerzo de clavar en Él la mirada y el corazón, que llamamos contemplación, viene a ser el acto más alto y mas pleno del espíritu, el acto que aún hoy puede y debe jerarquizar la inmensa pirámide de la actividad humana"(Discurso pronunciado en la sesión de clausura del Concilio, el 7 de diciembre de 1965, [4]). De este esfuerzo contemplativo estuvo surcada la vida de Juan de la Cruz, y desde este afán vivía también e iluminaba su relación con los demás y con todas las criaturas del universo entero.

5.- modelo de identificación en el ejercicio del ministerio apostólico. Apostolado ante toda clase de personas: en la dirección espiritual de religiosos, religiosas, sacerdotes seculares o diocesanos, personas seglares en Alcalá, y mucho más en Baeza, Segovia, Granada; enseñanza del catecismo a los sencillos labriegos desde Duruelo, lo mismo que a los niños del barrio de Ajates junto al monasterio de La Encarnación de Avila . Apostolado amplísimo y especial entre los religiosos y religiosas de la Orden y hacia los miembros de otras familias religiosas. Su máxima orientadora en este campo del apostolado era: atender a las personas por ser almas redimidas por la sangre de Jesucristo nuestro Señor, y por ser almas criadas para el cielo. Los que convivieron con él y le veían actuar apostólicamente comentan que "era universal para todos y no particular para nadie".

6. modelo de identificación en su amor a los hermanos de comunidad, en su atención a los enfermos, ancianos, a los más necesitados. A lo dicho anteriormente sobre estos extremos quiero añadir el ejemplo de caridad fraterna dado poco antes de morir cuando, ayudado por otro religioso, fue quemando una por una todas las cartas recibidas con sus sobrescritos en las que le hablaban de la persecución del padre Diego Evangelista contra él. Cuando le pregunta el acompañante por qué hace eso, responde: "para que se conserve el buen nombre y honra de todos", y no padezca detrimento la caridad fraterna.

… Pero su verdadera misión en la Reforma - entre religiosos y religiosas - fue la de doctor y maestro y formador, como correspondía a su categoría de iniciador y padre de la nueva familia religiosa del Carmelo. Primero, pues, en la santidad de la vida y maestro indiscutible en las cosas espirituales y mistagogo.

Esta misión suya no se agotó, evidentemente, dentro del ámbito de la Orden, sino que se extendió asimismo a otras Ordenes religiosas, a buen número de sacerdotes seculares o diocesanos, a muchísimas personas seglares del mundo, de quienes fue maestro y guía en los caminos de la vida interior y del espíritu" (José Vicente Rodríguez, Magisterio oral de san Juan de la Cruz, Rev. De Espiritualidad 33 (1974), p.109 ).

Camino muy bueno y no demasiado difícil para ver
- quién fue,
- quién puede ser,
- quién ha de seguir siendo para nosotros Juan de la Cruz sería considerarlo como modelo de identificación carmelitana en la vida concreta, en la vida práctica (en lo cotidiano).

Textos Bíblicos: Gálatas 6,1-10; Efesios 3,16 al 4,6; Efesios 4,17-32

Pregunta para reflexionar: Desde lo que vivo cada día (adverso o natural) ¿Qué cosas me siguen esclavizando y qué hago con la ayuda de Dios para vivir con autenticidad?

Bibliografía de Consulta: Cf., El texto completo de José Vicente Rodríguez, “Las grandes líneas de la espiritualidad sanjuanista” puedes conseguirlo en:
http://www.carmelitasdescalzos.com/upload/ficheros/160820080213051033doc.pdf

Apéndice: El caso de San Juan de la Cruz.

Lo cotidianamente adverso o “natural” dependiendo del punto de vista, se transforma en vida, en fe, en humildad, y en otras tantas cosas positivas… Veamos a fray Juan en la Cárcel de Toledo: Diciembre de 1577. El crisol de Toledo parte la vida del santo en dos mitades... esta experiencia de muerte y resurrección tiene lugar exactamente en la mitad de su vida religiosa: 14 años antes entró en el Carmelo (1563) y 14 años más tarde morirá en Ubeda (14 diciembre1591).

La prisión toledana se ha convertido en un punto de referencia obligado para biógrafos e historiadores, místicos y literatos, comentadores de la Noche y del Cántico. Para desentrañar algo de su complejidad, necesitamos distinguir varios planos: histórico, jurídico, divino, personal.

1.- La historia empieza en Avila. Mejor diríamos que se origina en Roma, en Madrid, en toda España, con una conflictividad exacerbada entre los miembros del antiguo Carmelo y los de la nueva Reforma. Vamos al caso de Juan. Un grupo de religiosos de la antigua Orden irrumpe de noche en la casita de La Encarnación y le secuestran. Por caminos desconocidos y a trechos con los ojos vendados, le trasladan al convento de Toledo, para ser allí juzgado y castigado como rebelde.

2.- Jurídicamente, la legislación preveía ese género de castigo. Se daba el nombre de “cárcel conventual” a una habitación estrecha e incomunicada. Estaba nombrado un religioso carcelero, encargado de vigilar, traer la comida y acompañar al preso, cuando éste tenía que aparecer en público. Al castigo ya previsto por la ley, a veces, el superior o el carcelero añadían una dosis personal de pasión o crueldad. El conflicto entre calzados y descalzos se hizo enormemente complicado por el entrecruce de autoridad, de órdenes y contraórdenes.

3.- La mano de Dios. Dirá Juan de la Cruz años adelante “Estas cosas no las hacen los hombres, sino Dios, que sabe lo que nos conviene y las ordena para nuestro bien. No piense otra cosa, sino que todo lo ordena Dios; y adonde no hay amor, ponga amor y sacará amor” (Ep 26)

4.- El factor decisivo es la libre actitud personal. La cárcel de Toledo no es lo que dicen las Constituciones, ni lo que otras personas han podido verter en ella de celo o de aversión. Es en definitiva lo que el protagonista Juan ha hecho de ella y en ella con su fe, amor y esperanza. Podía haber significado su destrucción física, psíquica, moral. En cambio, la gracia ha caído en un hombre de temple, y estos nueve meses de infierno han sido la gestación dolorosa de una nueva criatura humana y espiritual. En tantas horas de soledad, de contemplación y angustia, sus conocimientos y experiencias se van organizando en torno a solo Dios, que así se convierte en el Todo de su existencia.

El enigma literario de la cárcel está por explicar. Allá por el mes de mayo o junio, le cambian el carcelero. Al nuevo, que se muestra más benigno, “un día le pidió el padre fray Juan que le hiciese la caridad de un poco de papel y tinta, porque quería hacer algunas cosas de devoción para entretenerse. Y se las trajo”. Así escribe el poema de Cántico Espiritual, la Fonte, los Romances. ¡Cosas de devoción y entretenimiento! Es nada menos que la cumbre de la lírica española, y además obra de un poeta primerizo que compone sus primeros versos en las peores condiciones físicas y psíquicas que se pueda imaginar. Privado de todo horizonte exterior, se le han abierto las profundas cavernas del sentido con imágenes de luz y espacios místicos…

Tan delicado y difícil de vivir como la experiencia misma de la cárcel es el período postcarcelario. Durante los 13 años que siguen, una y otra vez va a ser solicitado a relatar la experiencia y los horrores de la cárcel. Tentación peligrosa de convertirse en héroe o en víctima. Con gran madurez y bondad de corazón, Juan desvanece todo mito de crueldad o de heroísmo. Siente la experiencia de la cárcel como un don de Dios, inmenso e inmerecido. Las gracias recibidas compensan con creces los sufrimientos de la prisión. A la M. Ana de san Alberto, que años más tarde mostraba compasión por aquellos hechos penosos, comenta fray Juan: “Hija Ana, una sola merced de las que Dios allí me hizo no se puede pagar con muchos años de carcelilla” (Procesos 401).

En fin, en sus largas horas de soledad prepara la fuga. No puede pedir ayuda o consejo a nadie. Totalmente incomunicado, tiene que decidir y actuar por propia cuenta y riesgo. En una noche de agosto de 1578, arranca el cerrojo de la puerta, y con girones de su manta se descuelga por una ventana. Va a caer en la muralla sobre un precipicio que da al río Tajo. Huye a lo desconocido. Preguntando, llega al convento de las carmelitas descalzas, que le esconden durante unas horas, y le encomiendan luego a un bienhechor, para que se restablezca, antes de emprender viaje” (cf., Federico Ruiz, Místico y Maestro San Juan de la Cruz, EDE, Madrid 1986, págs 20-22)

Nos asomamos ahora a otro momento cercano a su muerte:
“El 28 de septiembre de 1591, el padre fray Juan de la Cruz, enfermo de calenturas con una pierna inflamada, sale de La Peñuela, camino de Ubeda. El enfermo está fatigado e inapetente. Ya hace tres o cuatro días que no puede comer cosa alguna de provecho. Cuando llegan a Ubeda, el padre fray Juan de la Cruz es recibido con alegría por los frailes. Hay aquí muchos que le quieren, antiguos súbditos suyos, conocedores de su virtud y de su paternal gobierno. En cambio, el prior, fray Francisco Crisóstomo, recibe con mala cara al enfermo… “Era rigidísimo y tenía particular oposición con los que tenían fama de santos”, dice su súbdito el padre Alonso de la Madre de Dios. Era hombre, en fin, que, falto de caridad para sus hermanos, quería, sin embargo, “llevar a los otros a palos a la perfección”.

Y es que, siendo fray Juan, vicario provincial de Andalucía le había llamado al orden alguna vez. Lo saben los religiosos. Y el padre Francisco Crisóstomo está resentido. Sin atender al lastimoso estado en que llega el enfermo, le señala “la más pobre y estrecha celda” (=habitación) que hay en el convento –no hay en ella más que una pobre cama y un Cristo- y le obliga a asistir a los actos de comunidad. Tiene una erisipela en el empeine del pie derecho, que comenzó con un pequeño grano, convertido ya en una inflamación virulenta, que revienta en cinco llagas en forma de cruz. Las curas son dolorosas. El cirujano, Ambrosio de Villarreal le abre el pie y la pierna –al vivo- “Si es menester cortar más, corte enhorabuena y hágase la voluntad de mi Señor Jesucristo”, dice Juan de la Cruz al cirujano. El P. prior –Crisóstomo, incluso prohíbe que le visiten los frailes sin expreso permiso suyo; cuando entra en su celda(=habitación) le dice palabras que le hagan sufrir. Prohíbe que lleven a lavar las vendas. Tampoco le da lo necesario en alimentos y medicinas… Es el P. Antonio de Jesús, provincial, el que reacomoda todo…

El día 13 fray Juan, pide perdón al prior por las molestias que ha ocasionado y le dice: “Padre nuestro, allí está el hábito de la Virgen que he traído a uso; yo soy pobre y no tengo con qué enterrarme. Por amor de Dios, suplico a vuestra reverencia que me le dé de limosna”, y le pide la bendición. El prior, compungido, le pide a su vez que le perdone, y sale de la habitación llorando (cf., Crisógono de Jesús, Vida de San Juan de la Cruz. BAC.1992, págs.385-406)

Preguntas para reflexionar: ¿Qué debe ser lo más natural que yo viva de cara a mi vida y a la de los demás? ¿Cuáles han sido aquellas “cárceles” reales o existenciales que he tenido en mi vida y en las que he salido herid@, lastimad@, perdid@, resentid@, y no reconciliad@? y cuáles en cambio, he vivido o vivo en fe, esperanza y amor, perdonando y reconciliando? Claro está, aquí NO estamos hablando de boberías, tonteras, infantilismos y masoquismos, falta de personalidad…
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Notas:
1.- Agregaremos nuestras palabras (entre paréntesis) y con otro tipo de letra.
2.- “Pues ya si en el ejido / de hoy más no fuere vista ni hallada / diréis que me he perdido; / que, andando enamorada, / me hice perdidiza y fui ganada”. CB 29.
3.- “De flores y esmeraldas / en las frescas mañanas escogidas / haremos las guirnaldas / en tu amor floridas / y en un cabello mío entretejidas”. CB 30.
4.- Ojalá, ojalá podamos también nosotros, comprender y vivir como certeza espiritual que todo se nos ha revelado en Cristo, y que no necesitamos acudir en medio de nuestras luchas, dificultades, decepciones afectivas, problemas, enfermedades, infortunios, traiciones, desilusiones y depresiones, ojalá digo, no necesitemos acudir a otros pseudos-testigos o aparentes “maestros”, “divinidades” –evidentemente que no los necesitaremos- y que no se nos ocurra jamás, fabricar otros “becerros” aunque nos los pinten de oro. Y que tampoco, en lo que encontremos cotidianamente adverso y que por moda del tiempo tenga apariencia de muy “natural” corramos desesperados a buscar hechiceros, brujos, ensalmeros, hierbateros, oscurantistas, espiritistas, curanderos, quirománticos, masones, sincretistas como los umbanda, el vudú, el culto a Maria Lionza, las tres potencias, la corte indígena, histórica o libertadora, la corte de los médicos, la corte vikinga, la santería con los santeros o babalaos (regla de ocha) con sus 7 potencias africanas (obatalá: asociada a la Virgen de las Mercedes y la Inmaculada Concepción; changó: asociada a Santa Bárbara; babaluayé: asociado a San Lázaro; ogún: a San Pedro, San Juan y San Miguel Arcángel; ochún: a San Juan Bautista; yemeyá: Se dice que de ella nacieron todos los demás “orichas” es decir las otras divinidades menores, dueña del agua salada, diosa de los matrimonios, asociada a la Virgen de la Regla; y orula o orunmila, que es el patrono de los babalaos –sacerdotes de la santería- y que se asocia a San Francisco de Asís). Nosotros, cristianos católicos sólo necesitamos y creemos en el poder absoluto y liberador de la Santísima Trinidad. No necesitamos de pseudos-dioses que son baratijas y porquerías de la confusión que desean instaurar las fuerzas del mal. Somos de Cristo y le pertenecemos sólo a él por su Sangre derramada en la Cruz y porque con su Resurrección nos liberó de la corrupción para la vida eterna. Si crees y vives esto siendo “testigo” te salvarás.
5.- Está claro que nosotros debemos recibir las mejores ayudas y orientaciones desde la lectura, el estudio y oración de la Sagrada Escritura. Muchas veces lo “cotidianamente adverso” se convierte en un desastre porque no buscamos la luz y la ayuda en la fuente que es la Palabra de Dios. O si la buscamos y no la entendemos es porque quizá no oramos para pedir la luz y el discernimiento y mucho menos dedicamos espacios durante el día o la noche para estudiarla y conocerla adecuada y personalmente. ES NECESARIO más que nunca QUE ESTUDIEMOS Y NOS FORMEMOS INTEGRALMENTE CON LA SAGRADA ESCRITURA. Quien no ora y contempla con y desde la Palabra de Dios no llegará jamás a ser una persona verdaderamente contemplativa y por ende, tampoco llegará a saborear las fuentes vivas de la mística. Todo es gracia y debemos pedirla incesantemente al Espíritu Santo para que sea él mismo quien nos mueva a conocerle.

El Espíritu Santo, Cumbre de la Mística
Ficha Nº 05
Ponente: Elena Briceño

¿Qué es la Mística Cristiana?
“ Es la motivación y referencia explicita a Jesús, a su Evangelio y a la justicia de su Reino. (Es una respuesta amorosa al llamado de Dios)

¿Por qué la Mística Cristiana tiene un sentido más hondo que cualquier otra mística? Porque transforma y mejora cualitativamente el ideal y el compromiso por un “amor mayor”. Y al venir de Dios y su Palabra, la calidad de la entrega tiene una calidad “religiosa” absolutamente especial y radical, que llamamos “espiritualidad”. Esto es lo que llamamos: Una vida conducida por el Espíritu Santo.” (Segundo Galilea)

Desde el Carmelo, salen a la palestra dos grandes personajes cristianos, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, que dejan huellas profundas en la espiritualidad por representar el A B C del misticismo. Sus voces no tienen limite, en nuestro aquí y ahora seguimos sus enseñanzas para llegar al culmen de la vida de oración.

La mística carmelitana con sus carismas nos enseña el fundamento de la espiritualidad del Carmelo: Oración contemplativa: Vida de oración, oración de vida. El fruto de la oración es “el servicio”; vivir en donación a Dios. “A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición” (D59, San Juan de la Cruz)

“Para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced.”(4M1,7 Santa Teresa de Jesús)

La acción del Espíritu Santo domina el mundo. La verdadera historia de la Iglesia es la de Pentecostés, continuada en las almas.

Día y noche por encima de nuestras agitaciones humanas, la indivisible Trinidad esta inclinada sobre nuestras almas para divinizarlas. Esta es una obra de sabiduría, de poder y de amor, cuyo Artífice principal sigue siendo el Espíritu Santo. La Iglesia de Cristo es la humilde servidora de la Divina Trinidad. Animada por el Espíritu mismo, trabaja con su Maestro para “reunir en la unidad a todos los hijos de Dios que están dispersos".

En nuestra propia existencia, es preciso verlo todo en dimensión de Iglesia. Estamos vinculados en Cristo a todos como miembros vivos de un mismo cuerpo místico, no formando más que uno con El y en El, llamados a construir un solo pueblo de Dios. Un mismo Espíritu anima a la Trinidad y a la Iglesia: une al Padre y al Hijo en la unidad de una misma beatitud divina.

El soplo multiforme del Espíritu se adapta a todos los tiempos y a todos los lugares, a todos los estados de vida, a todos los grados de cultura y civilización. La infinita variedad de las obras divinas brota de un mismo espíritu de amor. Unidad dentro de la diversidad. Buscar puntos de encuentro y no de desencuentros…

Mística Cristiana: Recorrer el camino de perfección cristiana = CONVERSIÒN = MADUREZ. Es ir creciendo en el conocimiento de Dios y, su santa voluntad en nuestra vida. ¿Cuál es el propósito en mi vida? El hombre es un ser que se interroga, es un misterio por descubrir; desde la antropología cristiana surgen interrogantes que sólo a través de la fe pueden ser satisfechos. Dios es Misterio…

El Espíritu Santo en la vida espiritual
Es el Espíritu Santo la realidad más misteriosa de la Iglesia. La revelación del Espíritu aparece como la obra maestra de la pedagogía divina, porque abarca toda la dimensión humana y sobrenatural del ser… Solamente al final de una lenta explicación, los datos bíblicos primitivos acerca del “ruah” de Yahvé, (aliento de Dios) nos darán, por la venida del Verbo mismo, el secreto de la Personalidad divina del Espíritu Santo. “Dios es una fuerza transformadora, metida en las entrañas del hombre” (Sto. Tomas de Aquino)

El cambio es procesual…Hay procesos humanos, religiosos, psicológicos, culturales etc. Somos un todo, somos perfectibles por gracia del Espíritu de Dios, que nos capacita para evolucionar y llegar a la cima del Monte Carmelo donde se honra a Dios…Estos procesos hacen referencia directa a la psicología mística.

La Mística como arte
Siguiendo a los maestros católicos, resaltare algunas cualidades de la mística, comparándola con las artes o ciencias humanas:
1-: Cualquier otra ciencia o arte primero se estudia y luego se ejerce. La mística, por el contrario, hay que vivirla y saborearla para luego entenderla. Nadie puede decir que conoce la vivencia mística, por mucho que haya leído si antes no la ha gustado.
2-: Las otras ciencias son explicadas por maestros y doctores. Pero la mística es enseñada por Dios.
3-: Las otras ciencias nos dejan vacíos y fríos. Sólo ésta sacia nuestra sed de amor y felicidad. Porque es el Espíritu Santo mismo quien establece su cátedra en nuestro corazón y nos revela tales maravillas que son mas para gustarlas que para decirlas.El paso decisivo a la contemplación consiste en acostumbrarnos a escuchar la voz de Dios. Esa voz no se escucha en la agitación del mundo, sino en el silencio y la paz de la oración prolongada.

Si estamos en “emergencias” siempre, no podemos ver lo esencial…
Martha y Maria.
Martha: En emergencia-dispersa. Maria: Sentada a los pies del Maestro-en lo esencial. Su casa “sosegada, “bodega interior”. Alcanzó la contemplación. Martha se afana por lo que necesita el cuerpo. Maria por lo que necesita el espíritu, ha elegido la mejor parte…Son hermanas y se complementan, debe existir un santo equilibrio. ¿Cuánto hay de Martha y de Maria dentro de mí?

Vocación a la Mística (Apertura al influjo y acción del Espíritu Santo)
Todo cristiano esta llamado a la mística. Esta es la gran enseñanza de San Juan de la Cruz y Santa Teresa y casi todos los grandes contemplativos. La vida mística debería ser como el culmen de la vida cristiana, la cumbre a la que todos deberíamos aspirar. Es el triunfo del amor de Dios. La vida cristiana, sin el influjo poderoso del Espíritu Santo, es lánguida y enfermiza. ¿Cuál es mi vocación y misión dentro de la Iglesia?

En una división logística y tradicional de la vida espiritual encontramos “tres vías.”
En la primera el alma sigue al Espíritu Santo. (Vía “purgativa” principiantes-meditación.
En la segunda el alma vive con el Espíritu Santo. (Vía “iluminativa” aprovechados-encuentro de amor)
En la tercera es ya el Espíritu Santo sólo quien vive como dueño del alma. (Vía “Unitiva”-unión plena, Matrimonio Espiritual, alta contemplación). Estado Beatífico-aspiración gloriosa.
La primera es propia del alma penitente.
La segunda, del alma devota.
La tercera, del alma enamorada de Dios.
Nadie esta excluido de este amor de Dios. A medida que vamos convirtiéndonos en orantes, y profundizando; avanzamos con la gracia de Dios hacia el conocimiento del Espíritu Santo elevándonos hasta el último grado de oración perfecta, propósito y fin de la espiritualidad y mística.

El Espíritu Santo es la fuente de la santidad. El Espíritu Santo al igual que el aire, sopla donde quiere y como quiere: “El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”. Juan 3, 8
“La oración es nuestro gran tesoro. Es el más grande de todos los bienes, el fin de todos los males y el fundamento y raíz de todas las virtudes.”.

Como dice Edith Stein: “Toda oración auténtica es oración de la Iglesia, y es la Iglesia misma la que ahí ora, porque es el Espíritu Santo el que vive en ella el que, en cada alma, “intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26) Precisamente esto es la oración “auténtica” pues “nadie puede decir Señor Jesús, sino en el Espíritu Santo” (1Cor 12,3).

¿Qué sería la oración de la Iglesia, si no fuera la entrega de los grandes amadores a Dios, que es el Amor? La ilimitada entrega de amor a Dios y la donación de Dios a nosotros, la unión completa y duradera, es la suprema elevación del corazón que nos es posible alcanzar, el supremo grado de oración”, con el auxilio del Espíritu Santo. “Sólo quien ha tocado los abismos más profundos, escala las alturas de la vida.”

Esta santa judía, convertida al catolicismo, fue la buscadora de la verdad a través de la oración, pasó de la filosofía a la fe de la mano del Espíritu Santo.

Comenzar el camino de oración es el “entrar” al castillo interior llevado de la mano del Rey de las Moradas (1M 1,4)

De la Oración a la acción, porque una fe sin obras es una fe muerta y, obras sin amor es vanidad de vanidades. El Señor quiere frutos y frutos en abundancia. “Obras, quiere el Señor”, decía Santa Teresa en 5 M 3,11.

La oración es lugar de encuentro con el Amado, no es hacer algo, es estar con Alguien, traerlo al corazón. “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama” (V 8,5 Santa Teresa)

Llegamos a la oración llenos de infidelidades, de miserias, de apatías, de presiones, deprimidos, agobiados, desesperanzados, y muchas cosas más que envuelven y tocan las realidades humanas desde la cotidianidad pero el amor del Espíritu Santo nos renueva, sana y libera en ese encuentro de la oración personal, del abandono en su influjo y acción. De acuerdo a nuestra apertura, El puede llegar hasta lo más profundo y secreto de nuestra alma, donde suceden las cosas más hermosas…e iluminar todo nuestro ser y actuar, conforme a su plan salvífico para nuestra existencia.

El alma es templo donde habita el Espíritu Santo: ¿busco a Dios y su voluntad dentro de mí? Orar es tratar de amistad con Dios, ¿Es Dios un amigo confidente que se hace presente mientras oro? ¿Quién habita mi castillo interior?

El día de la Ordenación de Juan Pablo II, él nos habló acerca de una idea que le infundía gran confianza: “El Espíritu Santo me iluminará, me fortalecerá, me consolará, me instruirá”. . . ¿Acaso no fue esta promesa de Cristo mismo a sus apóstoles?
La acción de la Trinidad es, sin duda indisociable: el Padre, el Verbo y el Espíritu obran en todo de una manera indivisible; pero puede atribuírsele más particularmente al Espíritu Santo, la acción de Dios en el universo, porque tal acción es obra de amor. De aquí las palabras del salmista atribuyendo el título de creador al Espíritu de Amor: “Envía tu Espíritu y será todo creado” (Salmo 103,30). “El Espíritu es el que da vida” (Jn 6,63) “Yo voy a hacer entrar en ustedes el Espíritu y vivirán” (Ezequiel 37,5).

La inhabitación de la Trinidad en el alma. Las tres Divinas personas son: indisociables, donde está el Padre y el Hijo está el Espíritu Santo. El amor atrae esa presencia. “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y, mi Padre le amará, y, vendremos a él y haremos morada.” (Juan 14,23) Es dejarse hacer por Dios, consustanciarse con Cristo enraizarse en el Espíritu Santo. Es decir, los tres tienen el mismo poder, los tres son eternos e inseparables como su misma esencia.
El anuncio del Espíritu

El “Espíritu de Yavé” debe “reposar” con absoluta plenitud sobre el Rey-Mesías. El le asistirá en el cumplimiento de su misión. He puesto mi Espíritu sobre él y él dará la Ley a las naciones” (Is 42, 1) Toda su obra mesiánica se desarrollará bajo el signo del Espíritu Santo. (Is 61, 1) Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el Espíritu del Señor…(Is. 11, 1-2)El “Espíritu de Dios” iluminará por sí mismo el interior de las almas (Jeremías 31,33) El Espíritu anunció a los patriarcas las divinas promesas; inspiró a los profetas; santificó a todos los justos del Antiguo Testamento. El animaba al Verbo encarnado, y a su Madre, la corredentora del mundo. El ayudó a los apóstoles de Jesús, como asiste a sus sucesores y a los fieles de todos los tiempos, para llevar a cabo, a través de los duros combates de la Iglesia militante, la obra salvadora de Cristo. La última de las profecías sobre el Espíritu es la de Joel 3,1-2 que proclama la universalidad del don del Espíritu, dejando entrever su catolicidad, cuyo cumplimiento reconocerá Pedro en el día de Pentecostés: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos y sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes verán visiones. Aun sobre sus siervos y siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.

Algunas de las últimas recomendaciones de Jesús
“Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes, en adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi nombre les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho”. (Jn 14, 25-26)

. . . “y hagan discípulos míos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).“Y yo rogaré al Padre y les dará otro Consolador, a saber: El Espíritu de Verdad” (Jn 14,16)

“Cuando venga el Espíritu de la Verdad que procede del Padre y que yo les enviaré, El dará testimonio de Mí” (Jn 15,26)

Jesús les dijo a sus discípulos que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido. “ya les hablé al respecto, les dijo: Juan bautizó con agua pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días”. (He 3,1-5). En estas últimas recomendaciones vemos como Jesús insiste en que les enviará el Espíritu Santo, el cual los llenará de fortaleza y les hará comprender muchas verdades y promesas enseñadas por El, que aún no comprendían porque no habían abierto su conciencia.

Tener las lámparas encendidas, con el aceite de la oración, para saber reconocer los signos de los tiempos, para abrir la conciencia y dejar entrar las enseñanzas del Espíritu para alcanzar la conciencia moral entre el bien y el mal. El posee la Teología de la economía de la salvación. ¿Somos dóciles, a las recomendaciones de Jesús?

PENTECOSTÉS
Revelación del Espíritu Santo

¿Cómo comprender a plenitud este acontecimiento místico que da el nacimiento a la Iglesia y, que inaugura un período nuevo de la historia religiosa de la humanidad: la era del Espíritu?Pentecostés, la efusión universal del Espíritu de la redención cumplida regio regalo de Cristo a su esposa la Iglesia, signo deslumbrante de su resurrección y de su exaltación a la gloria del Padre.

Nada iguala la sencillez del relato de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles (2,1-13) para comprender qué significa Pentecostés. En la mañana de Pentecostés, mientras los Apóstoles y los discípulos se mantenían recogidos en oración en torno a la Madre de Jesús. . . Después de este derramamiento bautismal sobre aquellos tímidos pescadores, que por miedo a los judíos, habían permanecido escondidos después de la muerte de Jesús, (principalmente Pedro que había temblado de miedo frente a la acusación de una mujer) se transforman en valientes testigos de fe, fortaleza, sabiduría, etc. porque han recibido la unción del Espíritu Santo para llevar la buena nueva por todos los confines de la tierra. (He 1,8)
¿Estamos escondidos, o somos valientes testigos del Evangelio? ¿Vives tu espiritualidad desde un clima de avivamiento?Lucas nos narra en su evangelio la Anunciación: María dijo al ángel: “¿Cómo puede ser eso si yo soy virgen?”, contestó el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti” (Lc 1,26-38).

Dones del Espíritu Santo
La vida mística es producida en nosotros por los dones del Espíritu Santo. El tratado de los Dones del Espíritu Santo constituye la clave de la teología mística.El Espíritu Santo actúa en nosotros y nos guía. Y para poder corresponder con fidelidad a su dirección necesitamos los Dones del Espíritu Santo, los cuales, están comprendidos en el “místico septenario” de Isaías 11,2-3.

Los dones son herramientas espirituales que, nos convierten en canales del amor de Dios. Las virtudes son la barca y los dones las velas que juntos nos van llevando al puerto seguro de la santidad. Hay que meterse en el mundo de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Fomentar el dinamismo en la vida espiritual, abrir caminos de amor, paz, diálogo, perdón unión hasta convertirnos en verdaderos apóstoles para el Reino. Construir una sociedad feliz donde el Espíritu derrame su bálsamo sanador y liberador. Por los frutos nos reconocerán… Los Dones nos permiten sobrenaturalizar lo natural.

Don de Sabiduría: Comienza con el temor de Dios, se alimenta de la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos. Es por excelencia, el don de la experiencia mística.
Don de Inteligencia: Nos ilumina para penetrar los misterios de Dios y el hombre.
Don de Consejo: Nos capacita para orientar según la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza: Nos reviste de la fuerza de Dios y, capacita para actuar.
Don de Ciencia: Es cuando el E. S., nos ayuda a discernir entre el bien y el mal. (Salvación)
Don de Piedad: Nos da sentido filial y fraterno y, nos lleva a la virtud de la justicia.
Don de Temor de Dios: Nos mantiene conscientes de nuestra pequeñez ante Dios. (Moisés y los patriarcas A T. María N T.)

Estos Dones residen en Cristo como en su fuente, y al ser nosotros injertados en Cristo fluyen a nosotros, porque el espíritu es un manantial que no cesa, siempre corre y fluye.Los Dones cristalizan luego en los frutos del Espíritu Santo que son:

Caridad ---- Comprensión de los demás ---- Fidelidad ---- Alegría ---- Generosidad ---- Mansedumbre ---- Paz ---- Bondad ---- Dominio de sí mismo

Y los frutos culminan en las ocho Bienaventuranzas que constituyen la cumbre del Evangelio, y también de la vida mística. (Leer y meditar las Bienaventuranzas. ¿Desde dónde las vivo?)
¿Cómo ser luz y sal de la tierra, en un mundo secularizado que vive en conflicto, con miedo, desconfianza, pérdida de valores, con sed de justicia, con hambre de Dios, con crisis de fe, de amor, de esperanza de espiritualidad? Podemos reflexionar sobre los dones, carismas y talentos que, nos ha regalado el Espíritu Santo, para discernir cómo los usamos, para edificar la sociedad en la que estamos inmersos. Dios es gratuidad, ¿estamos respondiendo al llamamiento del amor, para ser sus instrumentos?

¿Cómo se nos dan los Dones?
Se nos dan como en germen juntamente con la gracia divina. Pero a nosotros nos toca cultivarlos y desarrollarlos para ponerlos a la altura del Espíritu. Para ser discípulos aventajados del Espíritu Santo necesitamos una esmerada preparación que nos capacite para comprender su misterioso lenguaje y sus enseñanzas divinas. (Jn 14, 26 y 16,13).

¿Cuál es la misión de los Dones?
Están destinados a asegurar la salvación de todos los cristianos, estos se les comunican a todos los hombres cuando estos son regenerados en Cristo por el bautismo. “Quien no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de los cielos”.

El Espíritu Santo actúa ininterrumpidamente en cada miembro del Cuerpo Místico con miras a la santificación individual y, a la edificación del Cristo total.San Pablo nos exhorta a pedir los dones, sobre todo los que edifiquen a la Iglesia. “Hay diferentes dones espirituales pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes obras pero es el mismo Dios quien obra en todo y en todos.

A uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabiduría; a otro palabra de conocimiento según el Espíritu; a otro, el don de la fe, por el Espíritu; a otro, el don de hacer curaciones, por el Espíritu; a otro, poder de hacer milagros, por el Espíritu; a otro profecía; a otro, reconocimiento de lo que viene del bueno o mal espíritu; a otro, hablar en lenguas; a otro, interpretar lo que se dice en lenguas”.( 1 Cor 12- 4,11) El amor: Antes que exigencia es don. “El mirar de Dios es amar y hacer mercedes” (C 19,6) Dios “imprime e infunde en ella su amor y gracia.” (C 32,4; 33,9) San Juan De la Cruz. Todo pasará menos el amor. (1Cor. 13)

“Dios es Suma verdad, y la humildad es andar en verdad” Decía Santa Teresa (6M 10,7). Hay que ser humilde de corazón y, no vanagloriarse por tener dones. No se trata de buscarse a si mismo, sino de morir al” yo” para que, la honra y gloria sean para el Espíritu Santo. Es buscar a través de nuestra frágil humanidad con la gracia divina, el rumbo hacia la cumbre de la mística. Lo nuclear de los dones es, suscitar en el ser una espiritualidad “misionera”. Que nos lance hacia el hermano necesitado. Inculturizarnos en su realidad y ser testigos del amor de Dios.

Los más grandes maestros espirituales, siempre han puesto de relieve el papel primordial del Espíritu de Dios en sus vidas, atestiguan que, le deben sus más altas luces e inspiraciones de amor. Ignorar la doctrina de los dones del Espíritu es, desconocer la acción más secreta de Dios en la Iglesia.

San Juan De la Cruz, gran maestro de la mística cristiana, compuso la obra: “Llama de Amor Viva” culmen de su repertorio literario. Llama es un poema, simboliza al Espíritu Santo. Además de poema es un himno religioso, y de contenido místico. Con la imagen del fuego, de la “Llama Viva,” evoca todo el itinerario espiritual: el camino y su término, la purificación del alma y su transformación en Dios. El Doctor místico no ve en las almas más que la acción inmediata, personal de Dios. Toda su ascesis, la práctica fiel de todas las virtudes, la orienta a disponer al alma para la acción purificadora y transformante del Espíritu de Dios. Presento la primera canción como ejemplo…

Canciones que hace el alma en la íntima unión con Dios.
( 1 ) ¡ Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

“Esta llama de amor viva es el Espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumida y transformada en suave amor, sino como fuego que, además de eso, arde en ella y echa llama, y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina. Y esta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que los actos que hace interiores es llamear, que son inflamaciones de amor en que unida la voluntad del alma, ama subidísimamente, hecha un amor con aquella llama. Y así, estos actos de amor del alma son preciosísimos; y merece más en uno y vale más que cuando había hecho en toda su vida sin esta transformación, por más que ello fuese. Y la diferencia que hay entre el hábito y el acto, hay entre la transformación en amor y la llama de amor, que es la que hay entre el madero inflamado y la llama de él: que la llama es efecto del fuego que allí está! "

Contemplación de Dios. Dios se deja contemplar.
“Mire que le mira”(V 13,22 Santa Teresa)

El seguimiento a Cristo exige radicalidad. “Dios no se da del todo hasta que no nos damos del todo.” Sta Teresa.

Elementos esenciales de la espiritualidad que trasciende:
* Seguimiento a Cristo-seguir su invitación desde el Evangelio.
* Vida en el Espíritu Santo.- Vivir según los criterios de Dios.
* Espiritualidad Eclesial.- Guía de la Iglesia y comunidad. (Revisión de vida comunitaria)
* Espiritualidad encarnada.-Buscar en la cotidianidad la gracia de Dios; en la sencillez aprender por donde pasa Dios y su propuesta=Reino.

El amor es ávido de presencia, busca la unión. Dos seres que se aman quisieran vivir juntos siempre. Vivir el uno cerca del otro: esta es la aspiración suprema del amor. Este “vivir juntos” entre el hombre y Dios se realiza por la contemplación. Dios “habita en una luz inaccesible” (1 Tim 6,16). Nosotros no podemos alcanzarle por medios corpóreos, sino avanzando a pasos espirituales, (“Dios camina al paso del hombre” San Juan de la Cruz) por actos de fe, de confianza y de amor. “Porque somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo”, nos dice San Pablo (Fil 3,20). Todo nos llama hacia esta ciudad de Dios en la que viviremos en sociedad con las Tres Personas divinas y en relación con los ángeles y los santos.

Nuestra vida teologal, desde aquí abajo nos hace entrar en comunión, por la fe y el amor, con toda esta Familia divina, en la esperanza de una felicidad perfecta. Es el Espíritu Santo quien nos hace amigos fuertes de Dios, nos convierte en contemplativos, en seres cuya mirada permanece inmutable fija en Dios por el amor. Siendo el Espíritu Santo el “don preciado” que habita como dulce huésped en nuestra alma, podríamos preguntarnos hoy: ¿Estoy dispuesto a seguir el ideal que El me ofrece invitándome a alcanzar la santidad? Pidamos en oración al Espíritu Santo para que todos los días podamos vivir bajo su acción y, ser iluminados con la Llama Viva que enciende nuestros corazones en el fuego de su amor hasta hacernos llamear.

Ponente: Elena Briceño
Bibliografía:
Biblia Latinoamericana
M. M. Philipon, Los Dones del Espíritu Santo.
Tomás Alvarez, Comentario de la Llama de Amor Viva
Francisco Javier Sancho. Las páginas más bellas de Edith Stein, Editorial Monte Carmelo, 1998.

27.6.08



Ficha Nº 04
El silencio contemplativo del Misterio
Ponente: Iván Mora Pernía, ocd.

“Jesucristo es la palabra de Dios salida del silencio” Ignacio de Antioquía
(Ad Magn. 8,2)

El término “misterio” se utiliza tradicionalmente en el lenguaje cristiano-bíblico con múltiples acepciones. Dichos significados del término “misterio” (1) no pueden reducirse a un tema homogéneo y unitario. Pero, podemos decir, no obstante que, el reino de Dios es calificado como “misterio” por varios motivos: no sólo porque su naturaleza íntima escapa a una comprensión exhaustiva, sino también porque “los tiempos y las circunstancias” de su establecimiento (cf He 1,7) dependen del beneplácito incontrolable del mismo Dios. Pero el privilegio de los discípulos de Jesús es el de percibir precisamente que ese reino irrumpe ahora en la palabra y en la acción de su maestro.
Para nuestro estudio seguiremos, teológica y bíblicamente hablando, el denominador común directo o contextual que es el esquema de la revelación (2): escondido-manifiesto. En otras palabras, veremos en un primer momento (desde una explicación para el estado de “principiantes”), el “Misterio” como plan salvífico de Dios realizado en Cristo y en la Iglesia (3) y, estudiaremos en un segundo momento (como profundización en el estado de “aprovechados”), “el silencio contemplativo del Misterio” desde San Juan de la Cruz.
La trayectoria del misterio (4) :
a) Ante todo nos encontramos con la fase del ocultamiento (5) o del silencio (6). Caracteriza no solamente al origen divino y trascendente del misterio, sino a todo un larguísimo período histórico, de manera que estuvo “mantenido en secreto desde tiempo eterno” (Rom 16,25), escondido desde los siglos y desde las generaciones” (Col 1,26), es decir, durante mucho tiempo Dios guardó para sí un secreto, cuya revelación debería aparecer, por tanto, como algo extraordinario y decisivo (7) .
b) En segundo lugar viene la fase de la revelación. Los textos mencionados recurren aquí a tres verbos fundamentales: “desvelar”, “manifestar” y “dar a conocer” (8) . Y, los destinatarios de esta revelación somos “nosotros”, “a nosotros” (1Cor 2,10; Ef 1,9), “a los creyentes” (Col 1,26), “a sus santos apóstoles y profetas” (Ef 3,5), “a mí (Pablo)” (Ef 3,3); insistiendo en la mediación de los apóstoles (en sentido amplio) y de los profetas (como instructores de las comunidades), pero, y sobre todo, para comprometer a toda la humanidad cristiana como destinataria última.
c) En tercer lugar, la revelación se convierte en propagación misionera (cf. Ef 8,8-9). Abundan los verbos que describen esta tarea: notificar, manifestar, hablar, evangelizar, iluminar, enseñar; el mismo misterio es descrito como “palabra de Dios” (Col 1,25), como “evangelio” (Ef 6,19), y el compromiso por su expansión es una “intensa lucha” (Col 2,1), que hay que emprender “con valentía” (Ef 6,19). (9)
d) En cuarto lugar, advertimos que la trayectoria del misterio no va solamente de Dios al hombre. Hay también un camino que va del hombre hacia el misterio. Hay diversos verbos y sustantivos para expresar esta idea: conocer-conocimiento, comprender, saber, inteligencia, sabiduría (10) .
Los constitutivos del misterio: De los textos citados se deduce que el misterio no es unívoco, sino que lleva consigo toda una pluralidad de realidades significantes.
a) Hay en primer lugar, un componente teológico. El misterio, aunque revelado, es “de Dios” (cf 1Cor 2,1; Col 2,2). Se trata del “misterio de su voluntad” (Ef 1,9; cf Sal 33,11: “El plan de Dios subsiste eternamente, sus proyectos, por todas las edades”) Este misterio se refiere a su proyecto o a su propósito, a su sabiduría de decisión, a lo que él “destinó para nuestra gloria antes de crear el mundo” (1 Cor 2,7)
b) En segundo lugar, hay un componente cristológico. Ef 1,9-10 precisa que el misterio de la voluntad de Dios consiste en el propósito de “recapitular todas las cosas en Cristo”. Se describe al Resucitado ya que Dios “todo lo sometió bajo sus pies” (Ef 1,22)
c) En tercer lugar, hay un componente eclesiológico. El texto fundamental es Ef 2, 11 al 3,13. Aquí el misterio consiste en “que los paganos comparten la misma herencia con los judíos y, en virtud del evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo” (3,6) (cf. Ef 5,32)
Naturaleza excedente del Misterio: El plan salvífico de Dios se manifiesta precisamente como misterio, el misterio por excelencia. Los textos que hablan de él utilizan con frecuencia un vocabulario de sobreabundancia, bien sea con sustantivos como “riqueza” (Col 1,27; 2,2; Ef 1,7; 2,7; 3,8), “plenitud” (Col 2,2), “todos los tesoros” (Col 2,3), bien con adjetivos como supereminente” /Ef 1,19; 2,7; 3,19) o “incalculable” (Ef 3,8). Se trata e realidad de un espacio inmenso, en el cual llega a encontrarse sumergido el cristiano, llamado a escudriñar con todas sus posibilidades “cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad… que sobrepasa todo conocimiento, a fin de que sean llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef 3,18.19). El misterio es trascendente por su propia naturaleza y nunca es totalmente controlable por el hombre, de allí que la experiencia mística de comunión con Dios en fe, esperanza y amor, sea posiblemente la forma de conocimiento más cercana que nos muestre “lo oculto” de Dios reservado además para “cuando suene la trompeta del séptimo ángel, (en que) Dios cumplirá su misterio, anunciado a sus siervos los profetas” (cf., Apoc. 10,7) (11)
Acerquémonos ahora al gran teólogo de la mística San Juan de la Cruz con algunas de sus reflexiones escritas donde nos lleva a considerar el “Misterio de Dios” para que lo descubramos y encontremos de veras en la imitación y seguimiento de su Hijo. Dios es el gran misterio, origen de todos los demás y habla al corazón desde la soledad en el silencio amoroso de esa misma soledad amorosa de relación y comunión personal con Dios.
“…En este tiempo (después de los principios, en el que Dios en este estado es el agente y el alma es la paciente) totalmente se ha de llevar el alma por modo contrario del primero. Que si antes le daban materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite, porque, como digo, no podrá aunque quiera, y, en vez de recogerse, se distraerá. Y, si antes buscaba jugo y hervor y le hallaba, ya no le quiera ni le busque, porque no sólo no le hallará por su diligencia, mas antes sacará sequedad, porque se divierte del bien pacífico y quieto que secretamente le están dando en el espíritu, por la obra que él quiere hacer por el sentido, y así, perdiendo lo uno, no hace lo otro, pues ya los bienes no se los dan por el sentido como antes. Y por eso, en este estado, en ninguna manera le han de imponer en que medite ni se ejercite en actos, ni procure sabor ni hervor; porque sería poner obstáculo al principal agente que, como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente anda poniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa, sin especificación de actos, aunque algunas veces los hace especificar en el alma con alguna duración. Y así entonces el alma también se ha de andar sólo con advertencia amorosa a Dios, sin especificar actos, habiéndose, como habemos dicho, pasivamente, sin hacer de suyo diligencias, con la advertencia amorosa simple y sencilla, como quien abre los ojos con advertencia de amor.
Que, pues, Dios entonces, en modo de dar, trata con ella con noticia sencilla amorosa, también el alma trate con él en modo de recibir con noticia o advertencia sencilla y amorosa, para que así se junte noticia con noticia y amor con amor…
… La cual noticia amorosa, si como digo, y así es la verdad, se recibe pasivamente en el alma al modo de Dios sobrenatural, y no al modo del alma natural, síguese que para recibirla ha de estar esta alma muy aniquilada en sus operaciones naturales, desembarazada, ociosa, quieta, pacífica y serena al modo de Dios. Bien así como el aire, que cuanto más limpio está de vapores y cuanto más sencillo y quieto, más le clarifica y calienta el sol. De donde el alma no ha de estar asida a nada; no a ejercicio de meditación, no a sabor alguno, ahora sensitivo, ahora espiritual; no a otras cualesquier aprehensiones, porque se requiere el espíritu tan libre y aniquilado acerca de todo, que cualquiera cosa de pensamiento o discurso o gusto, a que entonces el alma se quiere arrimar, le impediría, desquietaría y haría ruido en el profundo silencio que conviene que haya en el alma según el sentido y el espíritu, para tan profunda y delicada audición, que habla Dios al corazón en esta soledad, que dijo por Oseas (2,14), en suma paz y tranquilidad, escuchando y oyendo el alma lo que habla el Señor Dios, como David (Sal 84,9), porque habla esta paz en esta soledad.Por tanto, cuando acaeciere que de esta manera se sienta el alma poner en silencio y escucha, aun el ejercicio de la advertencia amorosa, que dije, ha de olvidar, para que se quede libre para lo que entonces la quiere el Señor. Porque de aquella advertencia amorosa sólo ha de usar cuando no se siente poner en soledad, u ociosidad interior u olvido o escucha espiritual. Lo cual, para que lo entienda, siempre que acaece es con algún sosiego pacífico o absorbimiento interior.
Por tanto, en toda sazón y tiempo, ya que el alma ha comenzado a entrar en este sencillo y ocioso estado de contemplación, que acaece cuando ya no puede meditar ni acierta a hacerlo, no ha de querer traer delante de sí meditaciones ni arrimarse a jugos ni sabores espirituales, sino estar desarrimada en pie, el espíritu desasido (del todo) sobre todo eso…
No es posible que esta altísima sabiduría y lenguaje de Dios, cual es esta contemplación, se pueda recibir menos que en espíritu callado y desarrimado de sabores y noticias discursivas…
Quita, ¡oh alma espiritual!, las motas y pelos y niebla y limpia el ojo, y luciráte (te lucirá) el sol claro, y verás claro. Pon el alma en paz, sacándola y liberándola del yugo y servidumbre de la flaca operación de su capacidad, que es el cautiverio de Egipto, donde todo es poco más que juntar pajas para cocer tierra (Ex 1,14; 5,7-19), y guíala, ¡oh maestro espiritual!, a la tierra de promisión que mana leche y miel (Ex 3,8,17; 13,5; Lv 20,24; Dt 6,3)…”
San Juan de la Cruz. Cf., Llama 3,33-38
Y como le escribe desde Segovia, 8 julio 1589, a la Madre Leonor de San Gabriel, supriora, Carmelita Descalza en Córdoba, Carta Nº 15 EDE, a la que le había costado mucho salir o dejar la comunidad de Sevilla:
“… cuanto más quiere dar (Dios), tanto más hace desear”… “por cuanto los bienes inmensos de Dios no caben ni caen sino en corazón vacío y solitario, por eso la quiere el Señor, porque la quiere bien, bien sola, con gana de hacerle él toda compañía. Y será menester que Vuestra Reverencia advierta en poner ánimo en contentarse sólo con ella, para que en ella halle todo contento; porque, aunque el alma esté en el cielo, si no acomoda la voluntad a quererlo, no estará contenta; y así nos acaece con Dios, aunque siempre está Dios con nosotros, si no tenemos el corazón aficionado a otra cosa, y no solo” (a él).
2 Subida 22,5-7
5.Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: "Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿que te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en el, porque en el te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en el aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si pones en el los ojos, lo hallarás en todo; porque el es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación. Lo cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dándoosle por hermano, compañero y maestro, precio y premio. Porque desde aquel día que baje con mi Espíritu sobre el en el monte Tabor, diciendo (Mt. 17, 5): Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi bene complacui, ipsum audite, es a saber: Este es mi amado Hijo, en que me he complacido, a el oíd; ya alce yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a el. Oídle a el, porque yo no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar. Que, si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las (preguntas) encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles. Mas ahora, el que me preguntase de aquella manera y quisiese que yo le hablase o algo le revelase, era en alguna manera pedirme otra vez a Cristo, y pedirme más fe, y ser falto en ella, que ya está dada en Cristo. Y así, haría mucho agravio a mi amado Hijo, porque no sólo en aquello le faltaría en la fe, mas le obligaba otra vez a encarnar y pasar por la vida y muerte primera. No hallarás que pedirme ni que desear de revelaciones o visiones de mi parte. Míralo tú bien, que ahí lo hallarás ya hecho y dado todo eso, y mucho más, en el.
6. Si quisieres que te respondiese yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afligido, y verás cuántas te responde. Si quisieres que te declare yo algunas cosas ocultas o casos, pon solos los ojos en el, y hallarás ocultísimos misterios y sabiduría, y maravillas de Dios, que están encerradas en el, según mi Apóstol (Col. 2, 3) dice: In quo sunt omnes thesauri sapentiae et scientiae Dei absconditi, esto es: En el cual Hijo de Dios están escondidos todos los tesoros de sabiduría y ciencia de Dios (Col 2,3). Los cuales tesoros de sabiduría serán para ti muy más altos y sabrosos y provechosos que las cosas que tú querías saber. Que por eso se gloriaba el mismo Apóstol (1 Cor. 2, 2), diciendo: Que no había el dado a entender que sabía otra cosa, sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y si también quisieses otras visiones y revelaciones divinas o corporales, mírale a el también humanado, y hallarás en eso más que piensas; porque también dice el Apóstol (Col. 2, 9): In ipso habitat omnis plenitudo divinitatis corporaliter; que quiere decir: En Cristo mora corporalmente toda plenitud de divinidad".
7. No conviene, pues, ya preguntar a Dios de aquella manera, ni es necesario que ya hable, pues, acabando de hablar toda la fe en Cristo, no hay más fe que revelar ni la habrá jamás. Y quien quisiere ahora recibir cosas algunas por vía sobrenatural, como habemos dicho, era notar falta en Dios de que no había dado todo lo bastante en su Hijo. Porque, aunque lo haga suponiendo la fe y creyéndola, todavía es curiosidad de menos fe. De donde no hay que esperar doctrina ni otra cosa alguna por vía sobrenatural” (12) .
Textos Bíblicos para reflexionar y orar: Mateo 6, 1-34; Deuteronomio 29,28.
Me preguntaré ¿Busco o contemplo al Dios del silencio desde mi silencio amoroso y desde su silencio amoroso, o hago silencio desde mis realidades para enmudecer a Dios y su Misterio en mí?
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Notas:
[1] Veamos algunas variaciones bíblicas en el empleo del término: En tres casos san Pablo lo utiliza en plural, 1Cor 4,1 “Que la gente nos tenga como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”, donde se remite genéricamente a los múltiples aspectos de la misteriosa sabiduría divina que menciona en 1Cor 2,7ss; en 1Cor 13,2 “Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia…, si no tengo amor…” el vocablo tiene el significado profano de realidades escondidas entendidas en conjunto, o quizá también “todo inefable”; y en ese mismo sentido “mistérico”; en 1Cor 14,2 “El que habla en lenguas extrañas… dice cosas misteriosas”, se trata de algo incomprensible, que se opone en plan polémico a la claridad edificante del profeta.
En otras tres ocasiones tenemos expresiones abstractas de genitivo: “Realmente el misterio de la iniquidad está ya en acción” 2Tes 2,7; “(Los diáconos) guarden los misterios de la fe con una conciencia limpia” 1Tim 3,9; “Sin duda alguna es grande el misterio de nuestra religión” 1Tim 3,16. Por lo demás, la expresión “el misterio del reino de Dios” aparece una sola vez en los sinópticos: La redacción de Mc 4,11 suena así: A ustedes se les ha dado el misterio del reino de Dios”. En los paralelos de Mt 13,11 y Lc 8,10 encontramos dos retoques: el singular se convierte en plural: “los misterios”; y a los discípulos se les dice que se les ha dado “conocerlos”.
Esto recuerda el dicho de Jesús, común a la tradición de Mt 11,25-26 y de Lc 10,21-22: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos. Sí, Padre, porque así lo has querido”. Es evidente aquí el vocabulario apocalíptico del esconder-velar. Del contexto se deduce que “estas cosas” son el comportamiento y la predicación de Jesús, que sólo los pobres y los discípulos comprenden como epifanía del plan salvífico de Dios. Quiere decir, por consiguiente, que a quien dispone del fértil terreno de la fe Dios le concede comprender y vivir su señorío salvífico como misterio de esperanza revelado por Jesús (cf. PENNA, Romano, “Misterio”, en ROSSANO, RAVASI, GIRLANDA, (dir.) Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Madrid, Paulinas, 1990, p. 1224-1234).
[2] No olvidemos que una de las propiedades fundamentales del misterio es su paso de una situación a otra; y esto demuestra un dinamismo de fondo (místico) que luego lo caracteriza además en la fase de la revelación ya realizada (Y que por lo general se decanta en la “mística de ausencia”)
[3] El término “misterio” aparece como tema propio y verdadero en dos cartas deuteropaulinas: Colosenses y Efesios. Su estrecha afinidad literaria y teológica nos permite y hasta nos sugiere la conveniencia de considerarlas juntas. El vocablo llega a aparecer allí hasta 10 veces, y caracteriza inconfundiblemente su pensamiento: cf Col 1,26.27; 2,2; 4,3; Ef 1,9; 3,3.4.9; 5,32; 6,19. A éstos hay que añadir el texto de Rom 16,25 aunque sea un añadido posterior atribuido a un redactor postpaulino.
[4] Idem supra, cf. PENNA, Romano, “Misterio”.
[5] Cf. 1Cor 2,7 “…sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra…”; en Col 1,26-27 “… al Misterio escondido desde los siglos y generaciones, y manifestado ahora a los santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo entre ustedes”; en Ef 3,9 “… y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, creador de todas las cosas”.
[6] cf. Rom 16,25: “A Aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos”
[7] En efecto Dios lo “destinó para nuestra gloria antes de crear el mundo” (1Cor 2,7). Así pues, el misterio participa de la naturaleza misma de Dios, el cual habita en “la nube oscura” (1Re 8,12) o, lo que es lo mismo, “habita en una luz inaccesible”(1Tim 6,16). Pero no se identifica con ella. El misterio fue escondido, no para que siguiera siendo eternamente inalcanzable.
[8] Su uso es mucho más frecuente que el de los citados verbos de ocultamiento (cf. p.ej., 1Cor 2,10; Rom 16,25.26; Col 1,26.27; Ef 1,9; 3,3.5). Se trata de una contraposición histórico salvífica, que subraya mucho más el valor del presente que el del pasado; esto se confirma por la repetición del adverbio “ahora” (Rom 16,26ª; Col 1,26b; Ef 3,5.10; cf 2Tim 1,10). Este tiempo que es el nuestro es el tiempo del “acceso” global a Dios (véase este tema en Ef 2,18: 3,12; Rom 5,2; Heb 4,16)
[9] Así pues, el misterio no sólo estaba destinado a permanecer en el silencio de Dios, sino que tampoco puede caberle la suerte de permanecer limitado al ámbito de sus primeros destinatarios, ni siquiera entendiendo a estos últimos en sentido comunitario.
[10] Cf. Ef 1,7; “Él nos ha obtenido con su sangre la redención…, según la riqueza de su gracia, que ha derramado sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia”; 3,18; “para que puedan comprender con todos los creyentes…”; hasta llegar a la plena madures (cf. Ef 4,13).
[11] Idem supra, cf. PENNA, Romano, “Misterio”.
[12] Puedes ver esta parte del Libro de Subida de San Juan de la Cruz en:
http://probaditasdelibros.blogspot.com/2007/12/la-subida-al-monte-carmelo-san-juan-de.html
Ponente: Iván Mora Pernía, ocd

12.5.08

Te invitamos a participar activamente en el nuevo blog dedicado a la
Creatividad Mística

Contemplar a Dios desde la comunidad
Ponente: Hna. Ana de Jesús Ochoa, ocd
¿Qué es la Contemplación?
Contemplar significa mirar con un amor intenso, cordial, cercano, comprometido. Ciertamente, pueden contemplarse las cosas y bellezas de la tierra, lo mismo que las obras que los hombres han creado por el arte o por la ciencia. Aunque puede realizarse en el conocimiento sensitivo (visión), generalmente se reserva al orden espiritual (mente) y en forma estricta y fuerte solo pueden contemplarse verdaderamente las personas. La Contemplación tiene un sentido dialogal: es un cruce de miradas, un encuentro con los ojos que se dicen (se regalan) la vida al encontrarse en gesto de amor y de confianza.
¿Qué es la Contemplación Cristiana?
En el Cristianismo la Contemplación indica en general una forma superior de conocimiento por la Fe, bajo el influjo de la caridad. Es un acto simple en su emisión funcional, pero denso de contenido cuyo cauce y normal expresión es la Oración dirigida a la Persona Divina. El término Contemplación no es frecuente en las Sagradas Escrituras ni tiene el significado que se le ha dado hoy día, gracias a la Teología y a la tradición espiritual; la Contemplación es un elemento esencial para la Iglesia: atención penetrante y constante a la Palabra de Dios y al misterio de su presencia en el sagrario, en el templo, en el seno de la Iglesia o en la interioridad de cada miembro. Por lo tanto la Contemplación es una función constitutiva de la Iglesia, no en su estructura jerárquica y visible, sino en su vida interior.
Contenido Doctrinal Teresiano sobre la Contemplación Cristiana (visión de Dios)
• Base Cristológica: en la oración teresiana se destaca en primer lugar la función imprescindible de Jesucristo como ser humano, su importancia permanente como creatura, un hombre de la tierra, y al mismo tiempo Jesús no solo conduce al Padre, sino que es Dios mismo, el Dios a quien el alma encuentra en su camino de búsqueda interior, y como consecuencia esa búsqueda debe traducirse en el doble mandamiento de Mc 12, 28-34: para amar a Dios del todo hay que amar también al hombre. “De donde pues es verdad en lo que Cristo nos enseñó, y todo lo demás no es nada ni se ha de creer si no conforma con ello..”, Juan de la Cruz, (2S 22,8)
• Encuentro Interhumano: es la apertura hacia los otros. Esta exigencia de amor al prójimo (al hombre) deriva de la misma estructura cristológica de la contemplación cristiana El que ama a Cristo no se encuentra ya con Dios a secas: ama a Dios en la experiencia y en el rostro humano. Sabe contemplar quien sabe amar, viviendo sólo para el desarrollo y el despliegue del amor a Dios en (por medio del) amor a los hermanos. En el sentir teresiano quien diga que ha encontrado a Jesucristo y permanezca contemplando a bobas su figura mientras andan los hombres derrumbados, no ha entendido lo que es Cristo; la oración contemplativa teresiana se encuentra íntimamente ligada al compromiso de la acción abierta hacia los otros. (6 Moradas 7,4)
• Profundización Trinitaria: la Trinidad es un misterio de vida en la que las tres personas “se aman y se conocen”. Dios no es el vacío donde el alma acaba, sino la comunión original de personas. “Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en tí, inmóvil y tranquila…” Sor Isabel de la Trinidad, Elevación a la Santísima Trinidad.
COMUNIDAD: Etimológicamente “comunidad” significa calidad de común, compartido por dos o más. Desde el punto de vista antropológico Comunidad es un grupo social conformado por personas que tienen intereses comunes. Ejemplos de comunidades: comunidades religiosas, comunidades científicas, comunidades artísticas, laborales, etc. En su esencia el hombre es un ser sociable que lo impulsa a la necesidad de vivir y mantener contactos sociales, intercambios con otros, de esta forma crece y se desarrolla su personalidad como ser humano. Dentro de la diversidad de comunidades que puedan existir, específicamente en las de ambiente eclesial o religioso (vida consagrada, laicos, fieles parroquiales), el centro gira en función del acercamiento del hombre a Dios, de su constante búsqueda, de la Comunión con Dios y como consecuencia inmediata, con los hombres.

(VIDA-TESTIMONIO): FRAY LORENZO DE LA RESURRECCIÓN,
Carmelita Descalzo del siglo XVI.
Nicolás Herman (Fray Lorenzo de la Resurrección) nació en 1641 en Hériménil, un pueblito a cuatro kilómetros de Lunéville, en la Lorena, al este de Francia. Sus padres eran gente humilde de buenas costumbres humanas y religiosas, y aunque Nicolás estaba dotado de buena inteligencia, no parece haber tenido ocasión de estudiar.
Poco se sabe de su primera juventud, y según su primer biógrafo con quien mantuvo contacto, José de Beaufort, su vida comenzó a los dieciocho años, cuando ante un árbol reseco que florecía “recibió una elevada visión de la Providencia y del Poder de Dios, que jamás se le borró del alma”, dicho en una conversación retrospectiva que le hizo el propio Nicolás, siendo ya Fray Lorenzo.
En 1632 la Lorena es ocupada por Francia y Nicolás Herman decide unirse a la milicia para el combate. La vida militar es extremadamente dura, y en esta guerra conocida como Guerra de los Treinta Años tristemente célebre por las atrocidades y crueldades inhumanas, donde los soldados no se echaban para atrás, Nicolás lamentará después su pasado guerrero deplorando sus pecados ante Dios, de los cuales no se conoce ninguno. En 1635 una herida de guerra lo sacó del campo de batalla, dejó definitivamente el ejército y regresó a su casa.
Desempeñando varios trabajos, llegó a París donde frecuentaba la iglesia de Notre Dame donde le pedía mucha luz a la divina providencia. El tío Juan, hermano de su madre, es hermano lego de la comunidad de Carmelitas Descalzos en París, se convirtió en su director espiritual. En 1640 Nicolás decide entrar a los Carmelitas Descalzos de la calle Vauginard en París, y dos meses después tomó el hábito y la capa parda de los hermanos legos. Escoge entonces un nuevo nombre: Lorenzo, y no por casualidad, ya que este es el santo patrono de la iglesia de su pueblo.
Lorenzo que habrá de acostumbrarse a su nuevo nombre ha entrado como “hermano lego”, igual que su tío a la comunidad de Carmelitas, y mientras la mayor parte de los frailes en esta casa se consagran a la labor sacerdotal y los jóvenes en etapa de formación se preparan para ello, los hermanos legos toman sobre sí las tareas materiales más pesadas; es nombrado cocinero de la comunidad, servicio que prestará durante 15 años. Lorenzo, según expresión de la madre Teresa de Ávila, buscará a Dios “entre los pucheros”.
Luego de este tiempo el estado de salud del hermano Lorenzo se deterioró por lo cual le fue cambiado su oficio de cocinero a zapatero de la comunidad. Así estará en este oficio y mantendrá la lucidez hasta el último momento de su vida, en la mañana del 12 de febrero de 1691 cuando entregó su alma al Todopoderoso a los 77 años de edad y donde finalmente logró ser plenamente feliz.
¿Tendrá Lorenzo un mensaje hoy para nosotros? “Si se practica la Presencia de Dios como es debido, en poco tiempo se llega a ser espiritual”. Sus escritos y consejos están llenos de sugerencias pedagógicas para vivir la Presencia de Dios:
Comienza sincerándote contigo mismo, QUERER conocer la dicha de la Presencia de Dios y de una vez y para siempre, pues la vida se encargará de ahogar las buenas resoluciones si tú no las vuelves a poner una y otra vez en práctica. Por eso insiste en que nos dejemos de andar cocinando sin Dios nuestros asuntos.
Sigue con el PENSAMIENTO puesto en ÉL, con jaculatorias, oraciones donde lo hagas presente como el Padrenuestro, o tal vez orar junto con María. Dios está en todas las cosas, pero principalmente dentro de ti.
La idea es ir adquiriendo el hábito de vivir conscientemente al sol de la Presencia de Dios y la REPETICION de los actos de su presencia es determinante. Sólo a base de machacar se aprende el oficio .
Los momentos o TIEMPOS FIJOS para orar suelen ser muy difíciles hoy día (excepto para algunos la Eucaristía del domingo). Al prestar mayor atención a Dios en el curso de la jornada dará sus frutos en los tiempos más largos.
Sugerencias de Lorenzo en comunidad:
El prójimo es el portador de Cristo. Es tu hermano o tu hermana, con quien Cristo, por así decirlo se identifica. El cocinero Lorenzo en su servicio a los hermanos, pensaba con frecuencia, como lo atestigua su biógrafo, en las palabras de Jesús: “Cada vez que lo hicieres con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicieres” (Mt 25,40). El veía en el hombre algo más que un ser humano. Lorenzo cocinaba para sus hermanos “como si fueran ángeles”, afirma su biógrafo Beaufort, con una intuición del todo singular sobre el paladar y apetito angélico.
A propósito de su apostolado, entre los pobres, “Se hacía todo en todos para ganarlos a todos para Dios. Enterarse de una necesidad era para él el detonante de una oración, como lo atestiguan todas sus cartas. Durante esas horas se desvivía por los demás, la comunidad de los hermanos venía piadosamente a sentarse a la mesa, y luego vuelta a comenzar. A mediodía, a la noche, durante la semana, el domingo, quince años uno tras otro. “No debemos cansarnos de hacer pequeñas cosas por amor de Dios, que no mira la importancia de la obra, sino el amor”... “Trabajos ordinarios, si, pero hechos por puro amor de Dios”. Y lo que nunca les faltará ni a Dios ni a Lorenzo, será el sentido del humor. Después de cometer una falta le dice al Señor: “Esto es lo mío, lo único que yo sé hacer. A ti te toca no dejarme caer”.
En conclusión, Lorenzo alcanzó su liberación interior gracias a la oración, y supo que la oración no era algo reservado para tal o cual estado de vida, sino que es posible en ese lugar concreto donde nos movemos, en la comunidad a la cual pertenecemos: en tu casa, en la calle, en esa profesión y con esas responsabilidades que son tuyas.
Lorenzo es el hermano de todas las personas normales que viven en comunidad, es el auténtico hermano lego, pero como maestro experimentado nos señaló un camino que conduce a Dios y que de Dios conduce hacia los hombres: el camino de la Presencia de Dios. Decidirse a recorrerlo poco a poco irá creciendo en nosotros la sensación de poseer en nuestro interior un Manantial.
TEXTOS BÍBLICOS: Para contemplar orando: Mt 6,9-18; y amar: 1Jn 4,19 al 5,4; Jn 13,34; Mt 25,40
Bibliografía consultada:
1) “La Práctica de la Presencia de Dios” por ediciones DEDEBEC, edición 1942.
2) “Vida y Pensamientos de Fray Lorenzo de la Resurrección”, por Conrad de Meester, edición 1984.
3) Revista ORAR #177 “La Práctica de la Presencia de Dios”, Editorial Monte Carmelo, edición 2005.
4) "Actitudes Morales Fundamentales" por Dietrich y Alice von Hildebrand, edición 2003.

26.3.08



Ficha Nº 02
Convirtiéndonos al Misterio


Recordemos que “mística” no será tanto el camino principal de adelantamiento espiritual que cada quien haga o busque sino más bien, la inefable unión con Dios que cada uno(a) alcance. Y que será preciso que el “místico” cristiano deba ser un creyente cristiano comprometido al servicio de los demás y que su experiencia mística sea homogénea con los valores cristianos para que también esa experiencia mística comprometida pueda ser reconocida como cristiana.

Ahora bien, en este camino de la contemplación y de la mística, los hijos de Dios convertidos a Él, son aquellos transformados y unidos con Dios y movidos por su Espíritu Santo. Y la puerta para enriquecer esta transformación y unión con Dios es la oración, el ejercicio o trato de amistad “con Aquel que sabemos nos ama”.

San Juan de la Cruz, habla poco sobre el modo de oración de los “principiantes”, pero, tiene mucho que enseñar acerca de su condición espiritual, sus tentaciones y fallos, no menos que sus ventajas y logros.

Con su Cántico Espiritual nos regala un camino a descubrir y trabajar en orden al dinamismo de la vida espiritual por el que podría entrar aquel(lla) que desee transitar bajo la acción del Espíritu Santo de Dios y convertirse al misterio de Dios, recibiendo gracia tras gracia.

Dinamismo de la Vida Espiritual o estados o vías de ejercicio espiritual

Vía purgativa ----------- Principiantes --------------- Búsqueda ansiosa
----------------------------(meditación)

Vía iluminativa ----------Aprovechados------------- Encuentro de Amor
---------------------------(contemplación)

Vía unitiva -------------Perfectos Unión plena
(desposorio) -----------(alta contemplación)
(matrimonio)

Estado beatífico----------- Aspiración a gloria
a que aspira

La vía purgativa arranca del momento del bautismo. Juan de la Cruz inicia su tema en el punto en que un cristiano se vuelve seriamente a Dios y se decide a servirle fielmente en todo, cueste lo que costare. Es el estado o grado que se describe a menudo, como “conversión”, si bien el término se aplica comúnmente a alguna de las crisis que, de vez en cuando, surgen en algunas almas en el curso de su ulterior progreso. Lo único que tales crisis tienen en común es que dejan al alma con la conciencia de un nuevo propósito y de nueva fuerza en la determinación de entregarse a Dios.

Para Juan de la cruz, la primera conversión señala un estadio definitivo en el aprovechamiento del principiante, el estadio en que aparece el fervor de novicio. Este nuevo fervor por Dios es efectivamente la característica más saliente del principiante. La firme resolución que toma el alma de servir fielmente a Dios es normalmente recompensada por Él con abundancia de gracia enteramente nueva. Por este tiempo, las “ayudas visuales” fomentarán particularmente la devoción, pues el alma está aún fuertemente apegada a todo linaje de objetos materiales. Imágenes, estampas, crucifijos y toda la belleza exterior del culto de la Iglesia, tienen atractivo natural para tales personas y sirven para dirigir su atención a las realidades que representan.

Observa Juan de la Cruz, que no hay en ello peligro grave de idolatría, pues la razón de la devoción del alma está en lo representado, no en la imagen que lo representa
[1]. “Porque hay almas que se mueven mucho en Dios por los objetos sensibles” [2] nota el santo, y da la razón: “…que a los principiantes bien se les permite y aun les conviene tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles” [3] En ese camino de conversión, el error de estos principiantes consiste en que no se percatan de que toda su devoción no es en realidad más que una respuesta refleja a la satisfacción espiritual inmediata que tan abundantemente les concede Dios mismo por este tiempo. De ahí que, si es cierto que evitarían con horror toda ofensa deliberada contra Dios, son, por otra parte, muy vulnerables a lo que el santo clasifica como tentaciones de “vicios espirituales”. Uno de esos vicios es que no se cansan de admirar su propio fervor, y así pierden la humildad, única que puede corregir la falsa perspectiva de su relación con Dios [4].

Consecuencia de ello es que el principiante es fácilmente tentado de impaciencia contra sus acompañantes espirituales, cuya prudencia toma él falsamente por tibieza; parécele que tales confesores y acompañantes de espíritu carecen del empuje y entusiasmo de que se cree él mismo animado, y no es raro que empiece a buscar otros guías “más espirituales”. El neófito generalmente cae en sobreestimar sus en realidad limitadas fuerzas espirituales, puede fácilmente dejarse llevar a tomar resoluciones que luego es incapaz de realizar. “Presumiendo, suelen proponer mucho y hacen muy poco”
[5]. Y si no es sabiamente aconsejado y no se le refrena con amor, pero con firmeza, en su excesiva determinación, puede venir a desalentarse luego, indebidamente, a la vista de los subsiguientes fracasos. El resultado será entonces que la voluntad pierda aun lo poco que, con la gracia de Dios, podía haber logrado.

El infortunado que cae en este estado difícilmente evitará tornarse desabrido en su trato con Dios. ¡Ha dado, piensa, lo mejor que tenía y Dios no le ha correspondido! Su fervor no ha producido más que humo y ruido, cuando él pensaba que merecía de Dios un alto éxito. Desilusionado, no ve que todo el gusto que ha sentido en las cosas de Dios fue don libérrimo y gratuito suyo. Ahora no siente ya gusto en la oración, porque, sin darse cuenta de ello, el que antes sentía procedía de la satisfacción personal que hallaba en ella; y esta satisfacción no pueda ya hallarla precisamente por su propia actitud exasperada.

De la mano con este desabrimiento contra la sequedad va la tentación de envidia contra quienes prosperan espiritualmente y cuyo aprovechamiento parece asegurado. Oir alabar a tales personas es como sal en la herida, y, así provocada, el alma corre peligro de perder, a par de la humildad, la caridad. No es fácil amar a quienes envidiamos, sobre todo cuando parece haber en ello un reproche implícito de haber nosotros fracasado donde los que envidiamos han triunfado. El principiante rara vez es tan humilde que se alegre de que haya otros que glorifican a Dios más que él. Mucho menos puede agradecer que sus esfuerzos hayan pasado inadvertidos, con lo que se le ha ahorrado la tentación de sentir soberbia por sus méritos, por modestos que sean.

¿Dónde puede, pues, hallar el principiante alguna seguridad espiritual? Con todo su fervor de “novicio”, es mucho, mucho más débil de lo que se imagina, y está en mayor peligro de lo que puede percatarse. Su seguridad está en la habitual sumisión sana y equilibrada, al juicio de quienes tienen más conocimiento y experiencia que él, y cuya autoridad, secular o religiosa, les da derecho natural a su respeto y obediencia. El principiante debe cultivar con todas sus fuerzas la humildad y sumisión, manteniendo su integridad, personalidad, juicio y madurez que deben tener desde la libertad los(as) hijos(as) de Dios. Pero también como observa san Juan de la Cruz: “Algunos tienen tanta paciencia en esto del querer aprovechar, que no querría Dios ver en ellos tanta (paciencia)”
[6]

Texto Bíblico para reflexionar y orar: Por gracia han sido salvados (Conversión don de Dios) Efesios 2,1-10: v1 Ustedes estaban muertos a causa de sus faltas y sus pecados en que andaban. 2 Con ellos seguían la corriente de este mundo y al soberano que reina entre el cielo y la tierra, el espíritu que ahora está actuando en los corazones rebeldes. 3 De ellos éramos también nosotros, y nos dejamos llevar por las codicias humanas, obedeciendo a los deseos de nuestra naturaleza y consintiendo sus proyectos, e íbamos directamente al castigo, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios es rico en misericordia: ¡con qué amor tan inmenso nos amó! 5 Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia ustedes han sido salvados! 6 Nos resucitó en Cristo Jesús y con él, para sentarnos con él en el mundo de arriba. 7 En Cristo Jesús Dios es todo generosidad para con nosotros, por lo que quiere manifestar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia. 8 Ustedes han sido salvados por la fe, y lo han sido por gracia. Esto no vino de ustedes, sino que es un don de Dios; 9 tampoco lo merecieron por sus obras, de manera que nadie tiene por qué sentirse orgulloso. 10 Lo que somos es obra de Dios: hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas.
Otros textos posibles: 1 Cor 6, 19-20; 1 Cor 4,16-17; Fil 3,5-16 testimonio de Pablo.
----------------------------------------
[1] 3 Subida 15,2
[2] 3 Subida 24,4
[3] 3 Subida 34,1
[4] 1 Noche 2,1
[5] 1 Noche 2,3
[6] 1 Noche 5,3

24.2.08

Mística Cristiana – Mística Carmelitana
“No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced” 4M 1,7

"Mística: "La palabra "mística" (de "mystikón"), significa secreto. Los griegos la usaron en conexión con los misterios religiosos de Samotracia, Eleusis, etc., que imponían secretos a los iniciados. Pero "misterio" (de "mystériom) se empleaba también en sentido no religioso...
El término mística aparece entre los cristianos en el siglo III, referido al culto (sentido litúrgico), a la interpretación alegórica de la Escritura (sentido simbólico) y a un conocimiento de las verdades de fe más perfecto que el común de los fieles (sentido teológico). La palabra "gnosis" tenía una significación semejante. El término "Teología mística" ya se usa en el siglo IV, y el seudo-Dionisio (siglo V) contiene todos los elementos básicos de la mística cristiana posterior: conocimiento intuitivo, experimental e inefable de Dios, nacido de la unión...
Descripción de la experiencia mística:
Las fuentes para la descripción de la experiencia mística son las obras de los místicos. (Su semejanza entre ellos) se acentúa comparando entre sí a los místicos cristianos, musulmanes y judíos que, de forma más o menos explícita, introducen el elemento sobrenatural como factor decisivo en el desarrollo de la vida m´stica. Pero en la mística árabe y judía faltan la terminología y las experiencias relativas a la Encarnación, inseparables de la mística cristiana.
Por tanto, al presentar la descripción del fenómeno místico en general, tomada de autores con diversa ideología religiosa, hay que poner de relieve el denominador común a todos ellos y sus diferencias. El lenguaje de los místicos discta la distinción entre elemento común y particular en diferentes concepciones místicas.
Todo lenguaje místico expresa una relación especial entre el hombre y Dios. El concepto de Dios lo toma el místico de su credo religioso particular (o de la filosofía que profesa), en el que destaca la diversidad (tres personas) de la Trinidad cristiana, el Uno plotínico, etc. Pero la función del lenguaje no acaba con esta conceptualización heterogénea de la Divinidad, sino que además pretende expresar la "actitud" del místico con respecto a ella. Es en esta actitud donde descubrimos una estrecha analogía (elemento común) entre místicos de creencias religiosas divergentes. En todos los casos son unánimes las características siguientes, aparte de otras más secundarias:
1) sentimiento de objetividad (realidad) de lo divino (Dios, el Uno, Brahma, etc.);
2) pasividad;
3) inefabilidad de la experiencia de conocimiento y amor;
4) terminología paradójica para expresar lo inefable;
5) preparación ascética.
La mayoría de los místicos concuerdan en presentarnos sus vidas como un proceso de crecimiento espiritual a través de las etapas o períodos de la "Vía Mística": período purificativo de los principiantes, iluminativo de los aprovechados y unitivo de los perfectos. En este punto hay que advertir que los tratadistas modernos de mística católica prefieren el término "espiritualidad" para evitar el problema que les plantea la expresión "vía mística" empleada tradicionalmente por los místicos" (1)

¿Qué es la experiencia mística cristiana?
Es una "vivencia", una "experiencia", un “saber”(aunque “como no-sabiendo”), desde la fe.
Por así decirlo, “padeciendo” (en el sentido de experimentar y vivir) una iniciativa, una presencia, una acción, que viene de Dios y es "recibida", "padecida", "experimentada", "vivida" por la persona apostólicamente orante.

¿Dónde hay que buscar y reflexionar cuando se habla de “mística”?
Podríamos decir que este término intenta señalar ese momento o nivel, o expresión de la experiencia religiosa en la que se vive un determinado mundo espiritual-religioso como experiencia de interioridad y de inmediatez.

Nosotros, pretenderemos buscar y vivir una experiencia de amistad (experiencia religiosa particular) de unidad-comunión-presencia, en donde lo que se “sabe” o se “vive”, o se “experimenta”, es precisamente la realidad (soy amigo(a) del Amigo Cristo), el dato real presente (Cristo es mi Amigo) de esa unidad-comunión-presencia.

No queremos vivir aquí o allá, una reflexión, una conceptualización, una racionalización del dato religioso vivido. Todo esto muy conscientes del sentido de indeterminación y de inefabilidad de la experiencia “mística”

Tampoco concederemos mayor relieve a un complejo de fenómenos más o menos espectaculares, que a veces, en otras latitudes religiosas se designan como “paramísticos” (éxtasis, visiones, levitaciones, estigmas, etc), aunque se puedan relacionar de varias maneras con la experiencia mística auténtica y sean sustancial y verdaderamente exteriores a ella.

¿Qué es entonces, la mística carmelitana?
La mística carmelitana es la profundización de la mística cristiana. Es decir, experiencia de vida en y con la Trinidad. Es salida o pérdida de sí mismo(a), conocimiento de sí e irrupción de la experiencia de las gracias naturales y sobrenaturales de Dios, para amar mejor y servir mejor, desde la unión con Dios.

Es la fe, amistad, amor, relación y compromiso en movimiento. Es vida, es mirada amorosa o contemplativa, es un despertar para amar relacionándose con la Trinidad, la comunidad, el grupo y los(as) hermanos(as)

Es oración como “trato de amistad” para amar, servir y vivir en y desde la Trinidad. Es descubrir nuestra interior intimidad donde se hace presente la Palabra, el Verbo, para escucharle y que nos escuche, para mirarle y que nos mire, para contemplarle y que nos contemple, en “la música callada” de nuestros sentidos, pulsiones, apetitos y apegos, dentro de “la soledad sonora” de su silencio amoroso. Es “mirar con amor al Presente en mí” (Maximiliano Herráiz), y servirle con y por amor. Es revivir y recrear la experiencia con Dios. Personalizarla.

Características de la Mística Carmelitana:

La mística carmelitana posee unos rasgos peculiares:
a) Nace o surge (como la mística cristiana) de la amistad con cualquiera de las personas de la Santísima Trinidad: Es la profundización y crecimiento de Amistad de Personas: Mi persona que desea relacionarse, comunicarse, encontrarse y dialogar, con las tres Personas de la Santísima Trinidad: con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Amistad humanamente humana a lo divino. El Amigo (el Jesús de la Trinidad) que ama al amigo orante; y éste que quiere amar al Amigo (Trinidad) y a los “amigos del Amigo”, a los "amigos de la Trinidad".
b) Posee un origen eremítico y carácter contemplativo:
con las características de desprendimiento y contemplación como don gratuito de Dios (2)
c) Crece desde un carisma:
Del carisma teresiano-sanjuanista, de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz como los grandes exponentes de la inefabilidad de las gracias de Dios y como maestros de la oración en el Carmelo y en la Iglesia.

d) Es profundamente dinámica: Es búsqueda de Dios y entrega de éste (unión) hasta el encuentro supremo; es una invasión (presencia) progresiva de la gracia, de la misericordia, del perdón y del amor de un Amigo presente en la persona humana; es una interiorización-profundización paulatina de este amor en los misterios cristianos; nacimiento de deseos genuinos, progresivos, de entrega mutua; es un florecer de virtudes y actitudes sanas.

e) Se basa en la Palabra: Como la mística cristiana. Proclamación-lectura, escucha y degustación de los mejores textos bíblicos, preferentemente del Evangelio, profundizando el discipulado en la misma vida y oración de Jesús. Aprendiendo del Maestro, en la escuela del Maestro. Seguimiento de Jesús por la acción del Espíritu Santo.

f) Es también, cristocéntrica: Ante la Palabra surge un encuentro de amistad con Jesús Amigo, un diálogo con el Maestro, una relación con nuestro Amigo, una conversación nueva y diversa de amigos, una mirada activa, interna y contemplativa ante el Jesús del Evangelio, ante el Amigo que nunca falla (V 22, 6-7)

g) Es apostólica y eclesial: El ejercicio y la vida de amistad orante desembocan necesariamente en la preocupación por los intereses de los dos amigos: la Iglesia, el mundo, los otros orantes, los “amigos del Amigo”, el compromiso, el sufrimiento del hermano.

h) Apta para el grupo y la comunidad: Busca el compartir: en amistad humana y cristiana, en un clima de interrelación orante entre amigos, con actitudes evangélicas de sencillez, espontaneidad, receptividad, humildad, desasimiento de apegos y cosas materiales, alegría, apertura.

i) Tiende a la contemplación: Es decir, no tanto a la búsqueda de las manifestaciones y fenómenos místicos, sino que busca la normalidad de una oración de mirada amorosa de la Trinidad presente. Tiende a la interiorización y al silencio interior, a la adoración del misterio y a la experiencia de su encuentro.

j) Es un camino: Camino que se hace también al andar. Nace y crece dentro de un proyecto de vida cristiana en marcha, tanto para el orante como para el grupo y la comunidad. Es una marcha o una subida o un adentramiento en el propio castillo interior. Enraizados en una vivencia de fe, esperanza y amor para el servicio y para el compromiso, con momentos de alegres luces y también con momentos de verdaderas noches oscuras.
  • Texto de estudio vivencial y de oración: Camino 26, 1-3. Santa Teresa de Jesús

    1. Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal para que se rece de manera que, sin entendernos, nos lo dé Dios todo junto, y para -como he dicho- rezar como es razón.
    La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero.
    Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?

    2. ¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendimiento ni podéis tener el pensamiento sin divertiros!, ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo muy grande. Mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe. Y si en un año no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta. ¿Quién va tras nosotros? Digo que esto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro.

    3. No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras. Haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra El y no ha bastado para que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya".
  • Recordemos que esta E. M. C., va dirigida a quienes desean estar bajo las mociones del Espíritu Santo de Dios y aprender a orar más desde la meditación y la contemplación. Con y desde la espiritualidad y experiencia oracional de los santos del Carmelo que son maestros del encuentro con Dios.
  • La experiencia de la Mística Carmelitana es “abierta” a quienes busquen recrear desde Dios, su “yo consciente” para trascender los límites de la experiencia ordinaria y del conocimiento normal en “moradas” de oración que nos lleven a comprometernos más con nuestros prójimos, grupo, comunidad, familia e iglesia.
  • Descubriremos juntos (aunque la vivencia sea personal), los diversos “grados de aprovechamiento espiritual” y buscaremos acercarnos a los misterios de Dios por experiencias oracionales de “desenvolvimiento espiritual” que hagan más corto el camino y obtener la gracia de la contemplación.
  • Por eso es necesario tener en cuenta, como dice San Juan de la Cruz que, “Dios está como el sol sobre las almas para comunicarse a ellas” (3) y que los que tienen la responsabilidad de acompañar espiritualmente a otros(as), “adviertan estos tales que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Santo” (4)
Texto Bíblico para reflexionar y orar:
Jesús y Nicodemo: Juan 3, 1-22 1 Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: 2 "Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él." 3 Jesús le contestó: "En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba." 4 Nicodemo le dijo: "¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?" 5 Jesús le contestó: "En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: "Necesitan nacer de nuevo desde arriba". 8 El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu." 9 Nicodemo volvió a preguntarle: "¿Cómo puede ser eso?" 10 Respondió Jesús: "Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? 11 En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? 13 Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. 14 Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15 y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna. 16 ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.

Pregunta para ayudar en la reflexión:

Desde mi experiencia cotidiana de “encuentro” con Dios para “nacer de nuevo”, de qué otras formas me dejo “mirar por Dios” y en qué cosas o situaciones “le miro”, “yo” a Él, o cómo me está mirando Dios?


Hojas y pensamientos de Ruta:


Juan de la Cruz, tiene, su palabra autorizada en el tema de la Mística Carmelitana.

“Como dato de común evidencia se afirma que San Juan de la Cruz ha gozado de una experiencia mística personal abundante y calificada, y que ésta ha pasado en gran parte a sus escritos. Constituye el punto de partida para poder hablar del místico y del escritor místico.

Nos movemos en terreno delicado. Por un lado, está la evidencia de los hechos; por otro, el hermetismo del autor… Disponemos también de un cierto número de confesiones explícitas. Ya hizo notar santa Teresa que con el P. Juan no se podía hablar de cosas de Dios, porque se transfiguraba y se levantaba del suelo…

Si fue tan poco explícito en la conversación privada con sus íntimos, imaginamos lo que será en sus escritos, destinados a un público indiscriminado. No encontramos ni una sola confesión directa de tipo místico... Nada que tenga sabor o sonido de autobiografía.

Inútil cautela. No se confiesa, pero se delata. Ciertamente el alma-esposa de sus poemas no es un ente de razón. Esa figura lírica tiene todos los rasgos de una proyección autobiográfica. Al desplazar sobre ella el protagonismo, puede permitirse la libertad de cantar o narrar en primera persona las más altas gracias místicas. Es “el alma” o la esposa quien relata lo que Dios ha hecho con ella, o ella hace por Dios. Luego el comentarista prolonga el juego lírico: aquí el alma hace o dice, da o recibe, agradece o se queja. Desearíamos preguntarle al autor: ¿quién es esa alma?, ¿de quién es esa vida y esa historia? Probablemente hay en los poemas experiencias de muchos; pero sin duda está en primer lugar la experiencia del autor. Al describir las declaraciones en prosa, fray Juan se queja, no de ignorar lo que el alma quiso decir en el verso, sino de ser incapaz de explicar la misma experiencia mística que en la poesía de algún modo expresó. Experiencia, poesía, prosa, pertenecen al mismo autor…

Algunos lectores, poco familiarizados con la historia de la mística cristiana, confunden el lenguaje místico con el estilo autobiográfico. Piensan que los escritos sanjuanistas no son místicos, porque evitan la expresión autobiográfica. En el fondo, están juzgando por el modelo teresiano, como si fuera el único. La experiencia mística ha adoptado una gran variedad de formas expresivas: comentario bíblico, homilía, sermón, poema, hagiografía, exposición dogmática, exhortación, relación autobiográfica, etc. Entre místicos varones, es más bien raro el estilo autobiográfico.

La forma indirecta de expresión mística impone renuncias. Nunca sabremos cuál y cómo ha sido en sus etapas y dificultades el proceso interior; cuáles han sido las mediaciones y las circunstancias de la gracia. Tenemos que privarnos de todo punto de referencia cronológico…
… el doctor místico ha optado por un lenguaje muy peculiar: simbólico, lírico, teológico, espiritual.
Desindividualiza en parte la propia experiencia y la remodela en conjuntos más universales, que incorporan la experiencia ajena, el pensamiento teológico, sobre la base de una relectura bíblica. Somete la experiencia personal a un proceso de depuración y ensanche, de donde resulta una experiencia: autobiográfica, retrospectiva, enriquecida, generalizada.

Asume el estilo nuevo de la mística, más personal y psicológica. Pero no quiere renunciar a la objetividad bíblica y teológica de la mística anterior” (5)
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[1] Cf., CILVETI, Angel L., Introducción a la Mística Española, Ediciones Cátedra, Madrid, 1974, pp. 13-17.
[2] "del que es compendio el libro "De Institutione primorum monachorum" (De la Institución de los primeros monjes), escrito a mediados del siglo XII. En él se señalan como características de la orden el desprendimiento y "el gustar acá abajo la virtud de la divina presencia y la dulzura de la eterna gloria". La necesidad del desprendimiento se funda en que el afecto a las criaturas rebaja y envilece el alma, que es el argumento empleado por San Juan de la Cruz para su doctrina de las noches activas (del sentido y del espíritu). La purificación dispone a la contemplación, don gratuito de Dios, como repetirá Santa Teresa (Camino 17). Desprendimiento y contemplación, los dos pilares de la mística de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, se encuentran, pues, en la tradición de su orden" Cf., CILVETI, Angel L., Obra cit., pp. 201-202.
[3] Llama 3, 47.
[4] Llama 3, 46; Cfr., Llama 1,36 y 2, 34 desde donde habla del apetito natural.
[5] Cf., RUIZ SALVADOR, Federico, Místico y Maestro. San Juan de la Cruz, Editorial de Espiritualidad, Madrid 1986, pp. 49-51.


Mística de la Plenitud Humana
Los místicos: testigos del hombre nuevo
EDICIÓN CITeS

Fruto de la 4ª Semana Teresiano Sanjuanista celebrada en Ávila durante el pasado mes de Mayo del 2004.El libro en su conjunto nos hace descubrir como la auténtica experiencia de Dios es fundamental para que el hombre alcance su plenitud humana.Se ofrecen, además, muchas pistas y ayudas prácticas en este camino abierto a todos.Sus autores son: Fco. J. Sancho (director), Luis Jorge González, Juan A. Marcos, Rómulo Cuartas y Camilo Maccise.Ha patrocinado la edición la Fundación CITeS, y el libro se puede adquirir por un donativo de 9 €, dinero destinado a sufragar las actividades de la Fundación, especialmente el apoyo a la construcción de la Universidad de la Mística.Los pedidos pueden realizarse directamente al CITeS.




La Mística frente al sufrimiento


José Carlos Bermejo, Rómulo Cuartas, Marcelino Iragui, Javier Sancho
CITeS
Avila
2006



La mística frente al sufrimiento presenta claves para una vivencia cristiana del sufrimiento, es el resultado de la última semana de estudio sobre el problema del sufrimiento. A través de sus páginas los diferentes autores van desgranando y desbozando las claves que la vida de fe y la experiencia de los místicos nos ofrecen para afrontar el sufrimiento en nuestra vida.



El mirar de Dios es amar
José Vicente Rodríguez
Monte Carmelo
Burgos
2007


Claves sanjuanistas para la vivencia del amor.Sin duda estamos frente a un nuevo libro que nos acerca vivencialmente a la doctrina de JUan de la Cruz, y de un modo sencillo y práctico.Este título forma parte de la Colección Claves que dirige el CITeS (Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista de Ávila), y que pretende ofrecer estudios que ayuden a un acercamiento práctico a los místicos.

Según afirma el autor en la dedicatoria al lector: "Decantarme por este título me ha costado más que escribir el libro". Confiesa de esta manera el esfuerzo por sintetizar el contenido de su escrito en una experiencia del mismo santo. El objetivo de todo el libro es hacernos tomar conciencia, por diversos caminos y recursos, de esa mirada transformante que asume a quien es mirado y lo colma de mercedes. Se trata de una mirada que abarca a todo el ser humano en su identidad y en su actuar.

Fuente: http://www.mistica.es/


¿Quiénes participan?


Pueden participar Laicos comprometidos, Agentes de Pastoral, estudiantes, profesionales o no, amas de casa, matrimonios, novios, grupos eclesiales, catequistas, jóvenes mayores de 17 años, ministerios de música, grupos del Carmelo, grupos de oración, religiosas, religiosos, sacerdotes.


Modalidad On line de Participación:

Somos pioneros en presentar a través de Internet, mediante un Campus Virtual de diseño carmelitano el reflejo de un modelo de formación antropológicamente espiritual, claro, personalizado y flexible que cumple con los estándares pedagógicos aplicados hoy en día a la formación On line y que utiliza las nuevas tecnologías como herramientas de apoyo al aprendizaje.

Nuestro Curso es a distancia vía internet. Completamente GRATUITO. Y, para realizarlo, no necesitas conocimientos previos, ni acreditar ninguna titulación.

Objetivos:

Los objetivos de los programas On line de la Escuela de la Mística Carmelitana Cibernética se podrían resumir en los siguientes puntos:

* Desde este estudio, experimentar la presencia del Espíritu Santo en la propia vida y experiencia cotidiana.

* Aprender a orar y contemplar desde la vida. Fomentando y desarrollando las habilidades de pensamiento producidas desde la vida espiritual y capacitando desde el amor para ordenarlas en Dios. “No está la cosa en pensar mucho, sino en amar”(Teresa de Jesús)

* Orar y contemplar con y desde la Palabra de Dios.

* Sugerir a la persona participante que se relacione con Dios como con un amigo desde su experiencia personal o comunitaria de oración.

* Disponer de conocimientos básicos sobre la Espiritualidad de los Santos del Carmelo en relación con la Mística.

* Motivar a la persona para que diferencie los conceptos básicos de la Mística.

* Dar a conocer al participante contenidos doctrinales para el enriquecimiento de su espiritualidad desde la vida, experiencia y escritos de los Místicos del Carmelo.

* Motivar a que voluntariamente desde esta experiencia de vida oracional contemplativa la persona consiga comprometerse en el servicio y apostolado por amor.

* Que el intercambio de experiencias ayude a crecer desde la conversión a las personas de la Trinidad Santa.

* Compartir con otros la experiencia personal de estudio, oración, conversión y compromiso desde la Mística Carmelitana.

* Acercar la formación permanente de la Mística Carmelitana a todas las personas eliminando las barreras del espacio y del tiempo.

* Facilitar y fomentar el acceso a una formación carmelitana personalizada mediante el uso de las nuevas tecnologías y de herramientas multimedia.

* Proporcionar una prudente calidad de servicio espiritual posible a todos nuestros participantes.


Visión y Misión:




Nuestra Misión es la de capacitar a nuestros participantes para dotarlos de los conocimientos y las habilidades que les ayudarán a orar con mayor propiedad y servir “al prójimo” con mejor empeño y compromiso.

Para ello, contamos con:

Una visión global: Creemos que los emprendedores de mañana dentro de nuestra Iglesia Católica, deben tener una formación amplia acerca de la oración y la mística que abarque las diferentes exigencias humano-existenciales del mundo.

Una mirada local: Nuestra formación está enfocada para que nuestros participantes estudien con adecuada profundidad las tesis doctrinales de la Espiritualidad Carmelitana y la experiencia de los grandes místicos.

Liderazgo y Habilidades Catequéticas: Queremos formar “catequistas orantes en el apostolado” con dotes de liderazgo cristiano desde el Evangelio, que disfruten del trabajo comunitario de Iglesia en equipo, capaces de enfrentarse a situaciones complicadas y responder ante ellas con decisión y habilidad comunicativa.

Mejor Atención: Cada alumno recibe una atención personalizada porque nos gusta escuchar las necesidades particulares de cada persona. Sólo así recibe la mejor formación.

Acuerdos Estratégicos: Potenciaremos progresivamente la actualización de nuestros programas para establecer acuerdos de alianza y ayuda con Diócesis, Parroquias, Universidades, Asociaciones, Institutos y otras Entidades que busquen iniciativas similares.


Las ventajas



Las ventajas que conlleva la realización de un programa On line sobre Mística Carmelitana son:
  • • Acceso personalizado al Campus Virtual desde cualquier lugar del mundo, sin necesidad de desplazarse a nuestras casas, conventos y monasterios.
  • • Disponer de un horario flexible para que cada alumno organice su tiempo de estudio en función de su disponibilidad.
  • • Disponer de la atención y asesoramiento espiritual personalizado continuo por parte de los Tutores y Profesores de los programas o Fichas de Estudio.
  • • Disponer del material de estudio en soporte informático y en papel.
  • • Acompañamiento, Asesoramiento y seguimiento constante por parte del coordinador de este programas On line.
Participación Interactiva:
Cada participante cumplirá con las siguientes pautas a seguir:

1) Inscribirse y participar GRATUITAMENTE. El "curso" es totalmente gratuito. Recuerde que nadie podrá pedirle a usted ningún tipo de dinero, cuota o colaboración por el material, por participar en la pág., o por libros o folletos, o por otro motivo cualquiera que sea. Si recibe algo al respecto, nos lo hace saber de inmediato.

2) Leer y comprender toda la información adjunta que reciba como respuesta de confirmación de la inscripción. De igual modo hará cuando reciba cada Ficha de Estudio.

3) Leer, estudiar, compartir, vivenciar la Ficha respectiva de estudio (Que, si no la recibe estará completamente publicada en ésta pág: http://misticacarmelitana.blogspot.com y la podrá conseguir sin necesidad de pedirla a los Tutures o Profesores)

4) Otras Metodologías: Podrás utilizar las herramientas del sistema E-Learning (educación electrónica): foros, Chat, tareas y cuestionarios online (desde su correo personal dirigido al correo de la EMCC), servicio de mensajería entre los participantes, los tutores y los profesores (por medio de los "Comentarios" a pié de pág. de cada Ficha), consultas a través del correo electrónico del Profesorado Titular, etc. El material para el curso ha sido elaborado cuidadosamente y está orientado a ayudar al participante a asimilar los contenidos de manera clara, sistemática y vivencial.

5) Para aprobar el "Curso", necesariamente debe hacer, sus "Comentarios" al pié de pág. de cada Ficha en cuestión. Dichos "Comentarios" serán vivenciales, donde transmitirá sus impresiones, sus opiniones y las posibles vivencias personales o de Grupo que tenga como experiencia del estudio. Podrá interactuar con sus aportes y reflexiones escritas, haciendo el intercambio con otros participantes de la Escuela y con los mismos tutores y profesores.

6) También en los "Comentarios" podrá aclarar sus dudas y preguntas referentes al Tema de cada Ficha y su bibliografía consultada.

7) Cada participante (además de los "Comentarios" incluidos en el Blog), para aprobar el "Curso", elaborará y presentará "un trabajo por escrito vía online" (mínimo de dos págs. y máximo cuatro págs., a doble espacio, tipo "Arial", tamaño letra "12", escrito en "Word"). Donde explicitará su reflexión vivencial de lo estudiado y/o aprendido de la Ficha, experiencias, logros, contenidos doctrinales y aportes desde la espiritualidad de los Santos; incluso (si lo tiene), intercambios de experiencia de estudio a nivel del Grupo de Oración en el que participe. En página aparte, debe explicitar la Bibliografía consultada.

8) Si desea publicar alguna reflexión personal (fuera del "Trabajo escrito"), la envía primero (con Bibliografía incluida), por correo aparte a los Tutores y Profesores quienes después de examinar el contenido, podrán o no, publicar dicha reflexión. En caso de no poderse publicar, se responderá con las sugerencias respectivas.

9) Nos reservamos todos los Derechos de Admisión, Publicación y Participación.

10) No personalizaremos al "Tutor ni al Profesor" para las consultas o envíos de los trabajos, reflexiones u aportes escritos. Indistintamente recibirán respuestas de cualesquiera de los Tutores y Profesores.

11) No habrá fecha tope de entrega de los trabajos y/o reflexiones expresadas por escrito a los Tutores y Profesores. Usted por favor, estudie la Ficha que corresponda, haga oración personal y/o comunitaria para asimilarla, hágala vida en su vida y cuando crea conveniente, enviará su trabajo y comentarios vía Internet al correo de la Escuela: escuelamc@gmail.com (es decir, su trabajo escrito, sus vivencias, dudas o preguntas, aportes de reflexión y estudio, bibliografía consultada, etc), y así sucesivamente.

12) En tiempo oportuno, los participantes recibirán vía internet, sus respuestas de los Trabajos de cada Ficha con las sugerencias e indicaciones por parte de los Tutores y Profesores. Seguro aunque no necesariamente, recibirán sus evaluaciones corregidas. Esto es: sólo el hecho de ser publicadas en la página de la EMC quiere decir que su trabajo fue evaluado y aprobado por los profesores.

13) Retiro Espiritual Anual: Quien matricule en la EMCC buscará vivenciar mucho más su experiencia de oración y contemplación, participando en un Retiro Espiritual Anual, en el país o lugar donde se encuentre. Estos Ejercicios Espirituales deberá hacerlos al menos, una vez dentro del tiempo académico e informar adecuada y formalmente al Coordinador General acerca de esta experiencia. Incluirá la información del Título del Retiro, Facilitador o Predicador del mismo con la dirección de su correo electrónico, Nombre de la Casa de Retiros, Lugar y fecha, vivencias y experiencias.

14) No habrá Examen final. Recuerda que este curso es vivencial llevándolo a la vida. Es ayudarnos mutuamente a aprender a orar y a contemplar desde la experiencia de los Santos del Carmelo.

Metodología:

  • Utilizamos una metodología práctica y participativa que a través de los casos prácticos le va a capacitar para el análisis de las características, elementos y dinámica de la situación oracional contemplativa. Dicho análisis debe ser sistemático y ha de descomponer las situaciones más complejas. Para ello, el método utilizado en nuestra Escuela de la Mística se basa en el estudio y la descripción-reflexión-innovación.

  • Los aportes escritos del participante deben ser constructivos y exige aportar experiencia y vida comprometida en oración y servicio en un apostolado específico. Además, su resolución-vivencial-experiencial puede realizarse individualmente o en grupo.

  • Por tanto, el participante deberá leer, estudiar, compartir y vivenciar la Ficha respectiva de estudio, utilizará las herramientas del sistema E-Learning (educación electrónica): foros, Chat, tareas y cuestionarios online (desde su correo personal dirigido al correo de la EMCC), servicio de mensajería entre los participantes, los tutores y los profesores (por medio de los "Comentarios" a pié de pág. de cada Ficha), consultas a través del correo electrónico del Profesorado Titular, etc.



Material:










  • “Material didáctico On line o Fichas de Estudio actualizadas constantemente”
  • Todas las “Fichas de Estudio” con la documentación de consulta, textos bíblicos y pregunta de reflexión con la Bibliografía respectiva dependiendo el caso, son de exclusivo uso y propiedad de la “Escuela de la Mística Carmelitana”.
  • Contamos con un equipo interdisciplinario encargado de desarrollar los contenidos específicos de cada “Ficha de Estudio” garantizando la máxima claridad, calidad y exactitud para la mejor comprensión y asimilación por parte de los participantes.
  • Todas las Fichas, se actualizarán periódicamente para incorporar las últimas tendencias y aportes en cada área o tema de estudio y así ofrecer siempre una formación bíblica, catequética y de la experiencia de los Santos Carmelitas, que responda a la realidad-necesidad espiritual de la persona como tal.
  • El material para el curso ha sido elaborado cuidadosamente y está orientado a ayudar al participante a asimilar los contenidos de manera clara, sistemática y vivencial.











Área de formación:

  • Teórica – experiencial - online – a distancia - personal y/o comunitaria.
  • Esta Formación On Line, busca por los mejores medios satisfacer las necesidades del participante en cuanto a conocimientos, orientación, apoyo y aprendizaje durante su formación cristiano-carmelitana.

  • En la Escuela de la Mística Carmelitana nos esmeramos y avanzamos día a día, en el trato único y personalizado de nuestros participantes, queriendo formar orantes que aman y sirven al modo de Jesucristo, el Maestro por excelencia.

23.2.08






Tutorías y Apoyo On line


  • Formación personalizada y “Grupal-Comunitaria” para obtener mejores resultados.
  • Los Tutores realizan un continuo seguimiento y evaluación del aprendizaje de cada uno de los participantes o del Grupo-Comunidad participante en la Escuela de la Mística. Ellos, junto con el profesorado son los encargados de acompañar la consecución de los objetivos plateados.
  • Todos los participantes tienen libre acceso al “campo virtual”, espacio ideado para que los participantes contacten en tiempo real con otros compañeros de estudio y experiencia. Además, los participantes On line tienen acceso al “Blog Aula Virtual” donde podrán descargarse el material utilizado por los profesores en clase presencial y así completar todos los contenidos para una formación más amplia. La mejor herramienta para potenciar el trabajo en equipo y la interactividad entre los participantes de distintas modalidades y nacionalidades.
  • Cabe destacar que, las charlas presenciales con su tiempo real y vivencial de oración en contemplación, de los Encuentros de Espiritualidad de la Escuela de la Mística Carmelitana se llevan a cabo los 3eros sábados de cada mes en Horario de 8:30 am hasta las 12m en el Monasterio Carmelitas Descalzas. Av. Principal de Los Chorros Callejón Camurí, 19. Apdo. Los Ruices 70433 Caracas 1071. VENEZUELA. carmelodecaracas@yahoo.es La página Blog oficial es: http://misticacarmelitana.blogspot.com/ donde también podrá interactuar o participar.



Programa


Programa:


  • Mística Cristiana – Mística Carmelitana

  • Convirtiéndonos al Misterio.

  • Contemplar a Dios desde la comunidad.

  • El silencio contemplativo del Misterio.

  • Espíritu Santo, cumbre de la mística.

  • Ser contemplativos desde lo cotidianamente adverso o natural.

  • El misterio de la fenomenología mística.

  • El caminito para llegar al Dios contemplado.

  • La ciencia del Amor
Fechas:

No habrá fecha tope de entrega de los trabajos y/o reflexiones expresadas por escrito a los Tutores y Profesores. Usted estudie la Ficha que corresponda, haga oración personal y/o comunitaria para asimilarla, hágala vida en su vida y cuando crea conveniente, enviará su trabajo y comentarios vía Internet al correo de la Escuela: escuelamc@gmail.com (es decir, su trabajo escrito aparte para cada Ficha, además de sus vivencias, dudas o preguntas, aportes de reflexión y estudio, bibliografía consultada, etc que también enviará o consultará aparte para cada Ficha), y así sucesivamente.
En tiempo oportuno, los participantes recibirán vía internet, sus respuestas de los Trabajos de cada Ficha con las sugerencias e indicaciones por parte de los Tutores y Profesores. Seguro aunque no necesariamente, recibirán sus evaluaciones corregidas. Esto es: sólo el hecho de ser publicadas en la página de la EMCc quiere decir que su trabajo fue evaluado y aprobado por los profesores.

Inscríbirse con:
P. Iván Mora Pernía escuelamc@gmail.com



  • Distribución de material de Fichas con Temas de Estudio y Trabajo:

Ficha 01: Mística Cristiana – Mística Carmelitana


Ficha 02: Convirtiéndonos al Misterio.


Ficha 03: Contemplar a Dios desde la comunidad.


Ficha 04: El silencio contemplativo del Misterio.


Ficha 05: Espíritu Santo, cumbre de la mística.


Ficha 06: Ser contemplativos desde lo cotidianamente adverso o natural.


Ficha 07: El misterio de la fenomenología mística.


Ficha 08: El caminito para llegar al Dios contemplado.


Ficha 09: La ciencia del Amor
Profesorado:
  • Nuestros Profesores y Tutores compatibilizan su actividad y su experiencia de años en la Pastoral de la Espiritualidad, con sencillas formas pedagógicas y de comunicación.
  • Progresivamente iremos integrando más profesores, en la medida en que el aumento de la audiencia y participación lo exijan.
  • Su misión es transmitir conocimientos y experiencia de vida propia y por sobre todo, de los Santos del Carmelo, para conseguir que el participante se enamore más de la presencia de Dios y de la acción del Espíritu Santo en sus vidas, todo ello, a través de la práctica y el acercamiento a la oración de meditación y de contemplación.
  • El comportamiento de los Tutores a lo largo del Programa será motivador y de apoyo constante en el aprendizaje oracional, reforzando el acercamiento y la implicación de la Escuela con cada uno de los participantes.
El equipo de Formadores que está a tu servicio es:
  • Hna. Ana María de Jesús Ochoa, Priora anterior del Convento de Carmelitas Descalzas de Los Chorros, Caracas. Venezuela. carmelodecaracas@yahoo.es
  • Fray Iván Mora Pernía, Sacerdote Carmelita Descalzo de Catia. Caracas. Venezuela. ivanmorapernia@hotmail.com Licenciado en Teología Espiritual, por la Universidad de Comillas, Madrid. Dicta Retiros sobre Espiritualidad Carmelitana y sobre Terapéutica Existencial del Dolor.
  • Sra. Elena Briceño, Fundadora y directora del Grupo de Oración SICAR (Somos Iglesia Creciendo, Amando Renovando) Fundado en el año 1.990, en Barquisimeto. Venezuela. elenacasas53@hotmail.com Ministro de la Comunión; Cofundadora del Programa Radial Católico: "El Manantial", desde 1.996; Asistente actualmente de la programación especial y comunicadora de la Palabra de Dios, a través de este medio; Egresada de la Escuela de Espiritualidad Carmelitana en el año 2003 como agente pastoral; Coordinadora de Administración de la Escuela de Espiritualidad de Barquisimeto y miembro de la Junta Directiva de la misma; Tallerista y Facilitadora de retiros y conferencias.
  • Fray Esteban Salvatierra Román, ocd. Sacerdote Carmelita Descalzo del Vicariato Regional de Chile (Prov. de Navarra), estebanocd@yahoo.es Licenciado en Filosofia y en Teología Dogmática, Master en Desarrollo Personal y Psicología Clínica, Maestro de Postulantes durante el período 2004-2007, Master en Mística (Cites-Avila) 2007-2008, actualmente estudia en Roma la Especialización en Teología Espiritual.
  • Fray Ariadys José Pascual Díaz, ocd. Sacerdote Carmelita Descalzo del Vicariato San José del Caribe. ariadysct@hotmail.com Licenciado en Humanidades y Filosofía. Realizó estudios teológicos en el IFTIM de México. Diplomado en Acompañamiento Vocacional por el Itepal de Colombia, del CELAM. Actualmente realiza los estudios de Licenciatura en Teología Espiritual en el Teresianum de Roma.

  • Tutores: Hna. Ana de Jesús, Equipo de Formación de las Hnas. Carmelitas Descalzas, Sra. Elena Briceño, Consuelo de Castillo, Belkina Gamboa, Iván Mora Pernía, Ariadys José Pascual Díaz y Esteban Salvatierra Román.

Certificación y Titulaciones

Certificación y Titulaciones:

  • Desde la Espiritualidad Carmelitana la Directiva de la Escuela de la Mística - Ciberespacio- acreditará para mejor ejercicio y servicio en la Pastoral de la Espiritualidad, la realización satisfactoria de lo que asimiles integralmente con el curso.
  • La adquisición de nuevos conocimientos, habilidades y experiencia te permitirán mejorar en tu vida de compromiso cristiano y estar mejor formado para cuando la realidad socio-política y religiosa “pidan razón de tu fe”.
  • Y, recuerda que para realizar este curso, no necesitas conocimientos previos, ni acreditar ninguna titulación.



Breve Bibliografía de la Mística Carmelitana

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Vínculos y Alianzas

Vínculos

Blog de las clases presenciales de la Mística Carmelitana en Caracas: http://misticacarmelitana.blogspot.com/