26.12.11


Dimensión Mistagógica del "Libro de la Vida"
de Santa Teresa de Jesús
Una lectura posible
Autor: Aniano Álvarez Suárez, ocd.

Ficha Nº 13
Parte 01 de 04

 En las últimas líneas del “Libro de la Vida”, Santa Teresa personalmente nos descubre el carácter del mismo: comunicar “esta mi desbaratada vida” (V 40,24). Y hace referencia a las personas a las que se lo entrega porque desea compartirlo con ellas[1]. Para ellas, Teresa se ha atrevido a “concertar” la narración de su vida y está dispuesta a entregársela sin cortapisas. Con ello pretende “que por mí se alabase algo al Señor” (V 40,24), pues la ha escrito “con toda llaneza y verdad que yo he podido” (V 40,24). Y, también porque, como ya había indicado anteriormente, en lo más íntimo de sí misma, desea “engolosinar las almas de un bien tan alto” (V 18,8).   (Continúa donde dice: "Más información"...)

Podemos afirmar, pues, que, el “Libro de la Vida” de Santa Teresa de Jesús es el más personal, el más vivo, dinámico y comunicativo salido de la pluma de la Madre. Es el libro que mejor se identifica con Teresa y que mejor nos la presenta.  Es, sencillamente, el libro de la vida de Teresa. De hecho, en el trasfondo del mismo, se encuentran dos coordenadas fundamentales: en primer lugar,  “hacer luz en su vida”[2] , es decir en su alma, apremiada por el torrente de gracias místicas que recibe, especialmente, a partir de 1554-1555; y, en segundo lugar, “comunicarla”[3]: en el “Libro de la Vida” , Teresa se nos presenta buscando la verdad, la verdad de su vida, por una parte; pero, también, la verdad de Dios, por otra[4]. Y no quiere retenerla para sí solamente. Si es don de Dios para ella, lo es también para los demás. Por ello, somete su espíritu al juicio de los sabios: Salcedo y Daza[5], Diego de Cetina[6], Francisco Borja[7], Fray Pedro de Alcántara[8].  Y ahí entran también, especialmente, “los cinco que al momento nos amamos en Cristo” (V 16,7)[9]. Coordenadas que la misma Teresa manejará admirablemente a lo largo de la composición del libro[10]. En un primer momento hará luz en su vida y tratará de comunicarla con los capítulos 1-10 , en el periodo de su vida, que ella definirá como la del hombre viejo: “la de hasta aquí era mía” (V 23,1), es decir, la protagonista es Teresa; y, después, en los capítulos 23-31, es decir el periodo de su vida correspondiente a la vida del hombre nuevo: “vida nueva”, por eso, se trata también de “libro nuevo” (V 23,1), porque el protagonista será Dios mismo[11].

Más tarde entiende que esa tentativa era abiertamente insuficiente y añade los capítulos 11-22. Es decir, esa “vida nueva” de los capítulos 23-31, sería irreal sin la comunicación del camino recorrido, la experiencia vivida y las raíces de donde brota: la vida de oración y la experiencia de la misma. Quizás también como un resorte pedagógico frente a los destinatarios. “Pues hablando ahora de los que comienzan a ser siervos del amor (que no me parece otra cosa determinarnos a seguir por este camino de oración al que tanto nos amó), es una dignidad tan grande, que me regalo extrañamente en pensar en ella” (V 11,1). Y, finalmente, completando su intuición con los capítulos 32-40, que la abre a la confirmación del valor de la vida de oración en la Iglesia: sus obras (especialmente, la fundación de San José). La fundación del Monasterio de San José es, para Teresa, el fruto concreto, la obra explícita y tangible de su vida de intimidad con el Señor. “… que esto se pretendió al principio, que entrasen personas que con su ejemplo fuesen fundamento para en que se pudiese el intento que llevábamos, de mucha perfección y oración, efectuar, y hecho una obra que tenía entendido era para servicio del Señor y honra del hábito de su gloriosa Madre, que éstas eran mis ansias. Y también me dio gran consuelo de haber hecho lo que tanto el Señor me había mandado… No porque a mí me pareciese había hecho en ello nada, que nunca me lo parecía ni parece. Siempre entiendo lo hacía el Señor … Mas érame gran regalo ver que hubiese Su Majestad tomádome por instrumento,        -siendo tan ruin- para tan gran obra. Así que estuve con tan gran contento, que estaba como fuera de mí, con grande oración” (V 36,6).

En la línea patrística más pura de la mistagogía[12], el catecúmeno (los destinatarios del libro, en el caso teresiano) es instruido por el catequista, que, en el “Libro de la Vida”, será Teresa personalmente. Y la catequesis versa directamente sobre la historia de la salvación, experimentada y vivida por Teresa en la vida de oración, y que, ahora, en el “Libro de la Vida”, tras el progresivo descubrimiento de su propia verdad, quiere comunicar y compartir con los demás[13]. El catecúmeno o discípulo (que será el lector), recibe, al mismo tiempo, una amplia preparación que le muestra la realidad del alma de Teresa con toda su consistencia e inconsistencia, coherencia e incoherencia y, también, complementariedad. Teresa se coloca dentro de la grande tradición de la Iglesia y, tras haber engendrado a sus propios hijos en la fe (1Cor 4,15) siente la necesidad de cuidar de su vida espiritual (1Tes 2,7-8), alimentándolos (1Cor 3,2), acogiéndolos (Rom 14,1), fortaleciendo a los frágiles en la fe (Rom 15,1), animando a los valientes, escuchando a los necesitados, exhortando, aconsejando siempre en el momento oportuno o menos oportuno (2Tm 4,2). Y, ahora, entregándoles el testimonio más auténtico de su propia vida: su “Libro de la Vida”.

Y Teresa no duda, en su libro, en concienciar al catecúmeno (que siguen siendo los lectores) en lo que implica creer en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en la Iglesia, en los Sacramentos, en la Biblia, en el Magisterio, en la Resurrección de entre los muertos, en la vocación personal. Aquello que, para la Iglesia, con el misterio de la Pascua, se presenta como la “macro historia salutis”, -con el “Exultet” pascual-, Teresa lo presenta a sus catecúmenos (los lectores) desde la visual de su personal “micro historia salutis”. Será, para Teresa su “Magnificat” personal. No en vano Teresa había pensado en su libro como “El libro de las misericordias de Dios”[14]. Y así, Teresa asume el rol de catequista y de mistagoga con el “Libro de su Vida”.

La semana o periodo prepascual, preparaba al catecúmeno para la iniciación en la vida cristiana: asistencia diaria a la Iglesia para participar en la oración, el ayuno, las enseñanzas. Para aprender. La conclusión de este periodo es la inserción, a través del bautismo, en el misterio de Cristo resucitado: hijo en el Hijo, hermano en el Hermano. Y, a partir de aquí, el ya cristiano por las aguas bautismales, recibe las catequesis mistagógicas de los distintos misterios. Es decir, el catecúmeno ya ha entrado, de lleno, en los Misterios o Sacramentos: lo aprendido es ahora celebrado en la vida de la vida de la Iglesia. Y aquí empieza, propiamente, el otro tiempo de la mistagogía: el crecimiento del cristiano en el Misterio de Dios. Todo un camino por delante que se irá verificando, etapa por etapa, hasta llegar a la cumbre del camino, en la experiencia máxima de la comunión, que se convierte en lección, intercomunión, testimonio y comunicación. Será el final del camino, iluminado ya por la luz clara y deslumbradora de la Resurrección de Cristo[15]. El catecúmeno, que inicialmente era un buscador de la luz de Cristo, se transforma ahora en “Cristóforo”, en “Luz de Cristo”[16]. Ya que, de ahora en adelante, si bien será Cristo la “luz de la vida”[17], la de Teresa será la verificación más plena de que “la luz de Cristo” está también presente en la vida de los humanos y estos son sus portadores[18].

El “Libro de la Vida” de Teresa es un fiel reflejo, dentro de su campo, de este camino mistagógico del cristiano en la Iglesia. Su “desbaratada vida” es el claro reflejo de esta dinámica eclesial:  1ª. la prepascual (preparación: la escucha. Anterior a la experiencia. Es decir: la comunicación de Dios ni es solamente ni esencialmente verbal sino más bien experiencial, progresiva para llegar a una cierta plenitud desde la cumbre de los misterios cristianos: Trinidad, Dios, Iglesia, antropología);  2ª. la pascual (sigue la intelección: un querer entender, y un recibir de Dios, la luz para entender en una correcta elaboración teológica en correlación con la Biblia, con los teólogos, con la fe de la Iglesia, ciertamente, pero también con su inteligencia y genio femenino. Teresa tiene un modo peculiar de decir las cosas de Dios, a veces fragmentario, pero los fragmentos se pueden unir en una cierta unidad coherente. 3ª. es la vivencia (que desemboca en la narración) y la pospascual (culmina con la mistagogía o transmisión de la experiencia). Es decir, abrir la experiencia a la comunicación para que los demás la puedan vivir también. Se trata del testimonio: la enseñanza sapiencial. Veamos:


I.                   La experiencia prepascual teresiana: empezando a caminar

La experiencia prepascual teresiana en el “Libro de la Vida”, la encontramos en ese camino inicial de los primeros 10 capítulos. El recuerdo y la memoria se convierten en la exigencia de profundizar y de entrar más adentro en la espesura del misterio. El recuerdo del hogar familiar (V 1-3), con las figuras poliédricas de los padres (V 1,1-2), el ambiente familiar entre hermanos (V 1,3) y parientes (V 2,2), las iniciativas siempre infantiles pero cargadas de trascendencia (V 1,4-5), quieren afirmar las constantes del corazón teresiano: abierta siempre a la búsqueda, a la relación, al afecto, a la comunión. Sobresale la infancia teresiana, con su dimensión trascendente y tendente a los valores eternos: la verdad de cuando niña (V 3,5) con su exigencia de testimoniar: ir a tierra de moros (V 1,5-6), con el descubrimiento del valor de la eternidad: “para siempre, siempre, siempre (V 1,5).  Pero también la adolescencia con la afirmación de los valores inmanentes (“las gracias de la naturaleza” ) y la afirmación, a su vez, de los valores terrenos. Cuando Teresa afirma que “por nada del mundo habría ofendido a Dios” (V 2,2 ), nos confirma en la actitud fundamental de su alma: venimos de Dios y vamos hacia Dios. El resto tenemos que saber utilizarlo pues nos puede facilitar el llegar a Dios o dificultar en la empresa y alejar de Dios.

Los posibles contrastes ante los valores inmanentes y trascendentes en la juventud teresiana son, a su vez, la confirmación del valor de la normalidad de la vida. Teresa descubre que nada es mejor o peor, porque todo depende  del modo de vivir ese presente de Dios en la vida de los hombres. Las cosas más bellas pueden convertirse en profundas heridas, causadas por punzantes y dolorosas espinas. Al igual que las cosas más purificadoras y, por ende, más transformadoras pueden ser la verdadera luz en el camino. Y lo importante, al final, será el camino de la luz. El que ella busca y pretende comunicar a los demás: “hacer luz en la propia vida” (V 7,6)[19].

Luz, que a Teresa le vendrá por la lectura de la sabiduría patrística (San Jerónimo , San Gregorio < V 5,8 >, San Agustín ), por el ejercicio de la interioridad (Francisco de Osuna, ),-en neto contraste con la extroversión-, por el ejercicio y la práctica de los Sacramentos (V 4,7; 5,9; 6,2.4), y por la devoción[20] y devociones reconocidas por la Iglesia (V 6,6): a la Virgen (V 1,1; 1,6;), a San José (V 7;7,8). Y todo ello, envuelto en el ejercicio del amor trascendente que para Teresa supone la vida de oración en la sincera búsqueda de la voluntad de Dios (V 8,5). Los acontecimientos humanos o sobrenaturales que sean, sólo tendrán valor en esa óptica. El resto será distraer, retrasar o tergiversar la verdad y la luz del ideal.

Uno de los valores recibidos y transmitidos por Teresa es el de la amistad. Amistad humana y amistad divina. Son muchas las referencias que encontramos al respecto de la experiencia humana en la amistad teresiana. En el hogar: Teresa comienza la narración del “Libro de la Vida” por el ambiente y los episodios hogareños. En la familia, ella es “la más querida” de su padre (V 1,3). Igualmente dirá referente a sus hermanos (V 1,4) . Teresa recuerda y subraya el amor con que su hermana María y su marido la acogen en Castellanos de la Cañada: “era extremo el amor que me tenía … y su marido también me amaba mucho” (V 3,3). Amor fraterno con predilecciones normales: primero para Rodrigo, que es el hermano que la precede en edad: “era el que yo más quería (V 1,4), y, luego, para Lorenzo, que es el que la sigue; entre sus primos, amigos, etc. (V 2,3-4); en Santa María de Gracia (V 2,8); en la Encarnación: Juana Juárez (V 4,1). La mistad humana con aquellos cinco (V 16,7), que al presente se aman en Cristo. Amistad que es sintonía, solidaridad, comprensión, cercanía, empatía …. Y no menos las encontramos en su experiencia orante, de gracia y contemplativa de la amistad divina: su idea de Dios es la de un Dios-amigo. Lo mismo que Jesucristo: “Qué buen amigo” (V 8,6), “es amigo verdadero” (V 22,6). Dios y Cristo adquieren para Teresa rostro amigo. Es amistad la acción salvífica en su alma. Aunque haya tenido que experimentar el contrapunto de la misma: “Ya yo tenía vergüenza de en tan particular amistad como es tratar de oración, tornarme a llegar a Dios” (V 7,1). Pero el resultado será contundente: Ya no quiero que tengas conversación con hombres sino con ángeles” (V 24,5), y para ello “Yo te daré libro vivo” (V 26,5).

Famosa es su definición de la oración como “amistad” (V 8,5)[21]. La oración misma es ya “trato de amistad” entre los dos. Amistad siempre iniciada por Él. Y desarrollada, misteriosa y progresivamente, en fuerza de la dinámica interna de la amistad misma hasta cimas inverosímiles. Teresa afirma claramente: “Mucho os (nos) va en tener su amistad” (V 8,5). “Dios trata con ella (alma) con tanta amistad y amor, que no se sufre escribir” (V 27,9). “Oh Señor mío, cómo sois Vos el amigo verdadero” (V 25,17); “puedo tratar (con Él) como con amigo, aunque es Señor” (V 37,5). Teresa vive esta amistad con sumo realismo no sólo porque la libera de amistades dispersivas, mediatizadas y alienantes sino porque, unificando y encauzando su afectividad, la capacita para abrirse a nuevas amistades humanas sumamente realistas y profundas[22].

NOTAS:

[1] Según el P. Tomás Álvarez, estas personas son el P. García de Toledo (cfr. V 40,23, nota 42), y ciertamente también el P. Báñez; las otras probablemente eran el P. Baltasar Álvarez, Gaspar de Salazar y Gaspar Daza (cfr. V 40, 24, nota 45). El P. Tomás añade: “el libro debería llegar también a manos de San Juan de Ávila, en Andalucía” (cfr. V 40,24, nota 45). Sin embargo, el mismo P. Tomás Álvarez, en la nota 2 de la introducción de Teresa al “Libro de la Vida”, observa: “ ‘Mandantes’ y destinatarios del libro son sus ‘confesores’ y consejeros espirituales. Los más identificados son: Gaspar Daza (sacerdote diocesano), Baltasar Álvarez (jesuita), Pedro Ibáñes (dominico) y Francisco de Salcedo (caballero de Ávila), para la primera redacción; y los dominicos García de Toledo y Domingo Báñez, para la redacción segunda, texto actual del libro. Cfr. TOMÁS ÁLVAREZ, Santa Teresa. Obras completas, ED. Monte Carmelo, Burgos 2006.
[2]  “Quiso el Señor … darme luz en tan gran ceguera” (V 7,6). “Siempre he procurado buscar quien me dé luz” (V 10,8).
[3]  “Si yo tuviese con quien tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer…” (V 7,20). “Si el Señor no me … diera medios para que yo muy ordinario tratara con personas que tienen oración…” (V 7,22). “Procuraba que las personas que trataban conmigo estuviesen bien con Dios” (V 8,3). “Para todo hay necesidad de maestro y trato con personas espirituales” (V 19,15). “Está todo el remedio de un alma en tratar con amigos de Dios” (V 23,4). “Holgábase Fray Pedro de Alcántara de tratar conmigo” (V 30,5). “Comunicaba con algunas personas lo que los que me trataban me enseñaban” (V 32,9)
[4] El P. Tomás Álvarez, en la nota 7 a la introducción de Teresa al “Libro de la Vida”, afirma: “Es patente la ‘intención’ de la escritora: escribe su autobiografía para hacerse conocer y ayudar. A lo largo del libro aparecerá un segundo objetivo: adoctrinar a los destinatarios del escrito, ‘engolosinarlos” (c. 18,8) y ayudarlos en su camino espiritual.
[5] “… con harta fatiga vino a mí y díjome que, a todo su parecer de entrambos, era demonio” (V 23,14).
[6] “Tratando con aquel siervo de Dios … toda mi alma, como quien bien sabía este lenguaje, me declaró lo que era y me animó mucho. Dijo ser espíritu de Dios muy conocidamente…” (V 23, 16).
[7] “Pues después que me hubo oído, díjome que era espíritu de Dios y que le parecía que no era bien ya resistirle más” (V 24,3).
[8] “Fue el Señor servido remediar gran parte de mi trabajo con traer a este lugar al bendito Fray Pedro de Alcántara … como le di cuenta en suma de mi vida y manera de proceder de oración, con la mayor claridad que yo supe … vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo había menester … Él me dio grandísima luz … este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo que no tuviese penqa, sino que alabase a Dios y estuviese tan cierta que era espíritu suyo, que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber ni que tanto pudiese creer” V 30,2-5)
[9] Probablemente eran más de cinco. Según el P. Tomás Álvarez, se trataría de García de Toledo, Francisco de Salcedo, Domingo Báñez (quizás también el P. Ibáñez), el maestro Daza y Dña Guiomar de Ulloa. Cfr. la nota 23 del capítulo 16 del Libro de la Vida, en Obras completas, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2006.
[10] El P. Tomás Álvarez, en la “Introducción” al “Libro de la Vida”, escribe: “La  Vida de Santa Teresa escrita de su misma mano es una autobiografía introspectiva … La necesidad de introspección y de contar por escrito la propia vida surgió en Teresa sobre el rescoldo de su experiencia religiosa profunda … cuando ella oscila entre los 40 y 45 de edad…. Lo insólito de esas experienciasd y la imparable crecida de las mismas puso a la carmelita en la precisión de examinarlas para entenderlas y discernirlas. La hizo rtecurrir a teólogos asesores que le ayudasen en la tarea discernidora. Y de estos recibió la oreden de ponerlas por escrito para dictaminar sobre su procedencia”, P. TOMÁS ÁLVAREZ, Santa Teresa. Obras completas, Ed. Monte Carmelo, Burgos  2006, p. 28.
[11] Recordemos que la primera redacción del “Libro de la Vida”, la entregada al P. García de Toledo en la primavera de 1562, constaba solamente de los capítulos 1-10 y 23-31. Era una única unidad. Para la segunda y definitiva redacción,-la reelaborada ya en el Convento de San José de Ávila entre 1562-1565-, y que es esta que nosotros poseemos hoy, integrará los capítulos 11-22 y añadirá los capítulos 32-40.
[12] Cfr. ENRICO MAZZA, La mistagogia. Le catechesi liturgiche della fine del IV secolo e il loro metodo, CLV Edizioni Centro Liturgico Vincenziano, Vicenza 1996. ID., Mistagogia, in Dizionario di Omiletica, LDC, Torino-Leumann 1998, pp. 972-976.  ID., Les raisons et la méthode des catéchèses mystagogiques de la fin de IV ème siècle, in  AA.VV., La prédication liturgique et les commentaires de la liturgie, Paris 1991, pp. 153-176; D. SARTORE, Mistagogia, Dizionari San Paolo, Liturgia, Ed. San Paolo 2001, pp. 1208-1215; G. PESENTI, Mistagogia, in Dizionario della mistica, Librería Editrice Vaticana, Vaticano 1998, pp. 820-823. El P. TOMÁS ÁLVAREZ, Mistagogia Carmelitana, in Dizionario Carmelitano (a cura di E. BOAGA e L. BORRIELLO), Città Nuova Editrice, Roma 2007, p. 594, define así la mistagogía: “La mistagogia sarebbe la più alta forma di pedagogia soprannaturale e la più profonda empatia tra gli esseri umani”.
[13] El P. TOMÁS ALVAREZ, Mistagogia Carmelitana, in Dizionario Carmelitano (a cura di E. BOAGA e L. BORRIELLO, Città Nuova Editrice, Roma 2007, p. 595, afirma, refiriéndose al “Librto de la Vida”: “… la narrazione va passando a poco a poco attraverso lo stadio di testimone (solamente narrativo), a quello colloquiale (espressamente dialogico) e a quello empatizzante (ricerca di comunicare con il lettore). Teresa scrive per “attrarre”. Cfr. V. DE LA TORRE ANDUEZA, Cómo iniciar a la experiencia de Dios. Minstagogía del Castillo interior, Burgos 2004.
[14] El P. Tomás Álvarez, escribe: “Hacia el fin de su vida, la autora escribe: “intitulé este libro ‘de las misericordias de Dios’ “(cta  415,1 a D. Pedro Castro y Nero, 19 noviembre 1581), in Diccionario de Santa Teresa, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2006, p. 628.
[15] “… quiso el Señor comenzar a darme luz” (V 2,10); “Se hallaba muy mal mi alma apartándola de la Humanidad de Cristo hasta que el Señor la dio luz” (V 22,5); “Cuando habla el Señor es palabras y obras… y enternece y da luz” (V 25,3); “Heme aquí con solas estas palabras … con una quietud y luz, que en un punto vi mi alma hecha otra” (V 25,18).
[16] “La claridad que se ve … es una luz tan diferente de la de acá, que parece una cosa deslumbrada la claridad del sol … en comparación de aquella claridad y luz … ni la luz es como la del sol; porque, en fin, luz natural … es luz que no tiene noche, sino que siempre es luz” (V 28,5).
[17] “El mismo Sacramento le daba luz” (V 28,16). “También dice el Señor que es luz” (6M 7,6); “En lo interior se me representó una luz” (R 59,1).
[18] “Enviad, Señor mío, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a estas vuestras siervas” (5M 1,1).
[19] “Quiso el Señor … darme luz en tan gran ceguera” (V 7,6); “siempre he procurado buscar quien me dé luz” (V 10,8). “El Señor nos dé luz para acertar en todo” (C 10,8); “Plegue al Señor … nos dé luz” (F 6,23); “La oración es adonde el Señor da luz para entender las verdades” (F 10,13)
[20] “Era amiga … de tener oratorio, y procurar en él cosas que hiciesen devoción” (V 7,2); “Es verdadera devoción … no ofender a Dios, y estar dispuestos y determinados para todo bien” (V 9,9).
[21] “… no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8,5). El P. Tomás Álvarez, en la nota 12 al capítulo 8 del “Libro de la Vida”, afirma: “Tratar de amistad: tratarse en amistad o como amigos. Es la famosa definición teresiana de oración (cfr. 11,12) De ahí la espontánea exclamación del n. siguiente: “¡Qué buen amigo hacéis!” cfr. 22,17”, p. 88.
[22] Cfr. RAQUEL FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, Teresa de Jesús mujer de relaciones humanas y de amistades profundas, Pontificium Institutum ‘Regina Mundi’, Roma 1979.


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